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Hazard
Eden Hazard I CORDON PRESS

Café Society

Siempre Hazard

El belga ha pasado de ser la estrella de un festival independiente a una promesa sobre la alfombra roja de los Oscar.

Con los albores de agosto a la vuelta de la esquina, el Real Madrid sigue diciendo que hace demasiado calor para hincar las rodillas en el barro. No hay ninguna señal de que este moribundo que ha arrastrado los pies en julio vaya a salir a la superficie a coger aire. El electroencefalograma del equipo muestra algo parecido a la línea recta del horizonte que tantos estamos fotografiando para probar ante el jurado popular que disfrutamos o hemos disfrutado de unas vacaciones en el mar. No hay curvas de la felicidad, no hay rastro de reacción ante ningún tipo de estímulo, llámese Atlético de Madrid, Tottenham o evitar otro ridículo.

En la película Siempre Eva de Tay Garnett, Leslie Howard interpreta a Atterbury Dodd, un banquero con perfil de erudito matemático procedente de Nueva York, que recibe la orden de viajar a Hollywood con el encargo por parte de sus jefes de salvar de la ruina a unos famosos estudios cinematográficos. ¿El único problema que se interpone en el camino de Dodd? Que no conoce en absoluto el negocio del cine. Algo parecido a lo que le ocurre a Hazard con el Real Madrid. El belga ha pasado de ser la estrella de un festival independiente a una promesa sobre la alfombra roja de los Oscar. Y para aterrizar de pie después de semejante salto, hay que tener paciencia y mucha capacidad de adaptación, algo que tiene que ver más con querer que incluso con poder.

Para empaparse de los entresijos de la industria, el bueno de Atterbury recibe la «ayuda» de una estrella acabada (Marla Shelton), de un director más preocupado por sí mismo que por su obra (Alan Moubray), de un productor aficionado a la bebida (Humphrey Bogart) y de una doble con tendencia a pasar desapercibida en las grandes citas aún cuando es la única mano amiga que puede salvarle de la quema (Joan Blondell). Si extrapolamos esta hilarante situación a la actualidad del conjunto blanco, a Hazard se le está quedando cara de no entender muy bien a qué ha venido o cuál es su función en este Hollywood plagado de estrellas en decadencia que necesita una buena inyección de capital humano. Kroos, Modric, Sergio Ramos, Marcelo, o Carvajal no son ni la sombra de lo que algún día fueron, y hay que asumir tarde o temprano, que la eterna juventud es un cuento chino. El tiempo pasa para todos y la actitud ante ello se tiene o no se tiene, no se aprende ni se compra.

Rodrygo es un secundario que tampoco sabe lo que se le viene encima y hace lo que puede para no salir muy damnificado ante las cámaras. Zidane se queda mudo ante su propia comedia, Marcelo sigue en la misma parranda que inició hace un año con un pase que regaló una Supercopa porque otra cosa no, pero copas nos sobran, y Benzema, el elegido para el ser el mejor socio de Hazard, decidirá empezar a trabajar cuando él quiera, no cuando se lo manden.

Ya que no veremos demasiado a Hazard hasta que la fuerza y el equipo le acompañen, les recomiendo ver la película y disfrutar de un Bogart, que bajo cualquier circunstancia, siempre será Bogart.

Periodista. Intento de guionista, así que escribo mucho, aunque no siempre bien. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. Deporte. Cultura. Viajes. Me bato en duelo con cualquiera por defender a Batman y 'La La Land'. Viví dos años en Buenos Aires y por eso tengo mucha paciencia. Subdirectora de A La Contra. Emperatriz de la batcueva.

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