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Silencio a las 15:04: 60 años de la tragedia del United

Hoy es el aniversario del accidente aéreo que destruyó a un equipo formidable y lo convirtió en leyenda. Un brindis por los Busby Babes.

Plantilla del Manchester United en 1958./ Manchester United FC

Silencio a las 15:04: 60 años de la tragedia del United

A las tres y cuatro minutos de la tarde se cumplen 60 años de la tragedia aérea de Múnich, en la que murieron 23 personas, entre ellas ocho jugadores del Manchester United que regresaban a casa después de jugar una eliminatoria en Belgrado contra el Partizán. El Manchester United, entrenado por Matt Busby era el equipo dominante en Inglaterra y el principal candidato para discutir al Real Madrid el trono europeo. Los Busby Babes, con una media de 22 años, habían ganado la liga en 1956 con once puntos de ventaja sobre el Blackpool. Y volverían a hacerlo la temporada siguiente, esta vez con ocho puntos de diferencia sobre el Tottenham.

Aunque los hechos transcurren en los cuartos de final de la Copa de Europa, es en la ronda interior cuando comienza a intervenir el destino, fatalmente. El United, que se había enfrentado al Dukla de Praga en octavos, había sufrido un retraso en el vuelo a Manchester que casi le impide jugar contra el Everton en el partido programado para el sábado siguiente. De tal manera que se decidió contratar un vuelo chárter para la próxima eliminatoria.

Superado el Dukla, llegó el turno del Partizán. En Old Trafford, los Diablos Rojos se impusieron por 2-1. En la vuelta, el Manchester empató a tres goles y certificó su clasificación para semifinales; por segundo año consecutivo lucharía por un puesto en la final (el año anterior había sido eliminado por el Real Madrid). Después del partido, la embajada británica ofreció un cóctel a los miembros del equipo.

El jueves 6 de febrero, la expedición del United embarcó rumbo a Manchester con escala en Múnich para repostar. La misma parada se había hecho en el viaje a Belgrado. A partir de aquí, los acontecimientos están catalogados como si fueran las pruebas de un crimen o, más bien, las anotaciones de una autopsia que la BBC ha recopilado cuidadosamente. El despegue se retrasó una hora porque Johnny Berry, uno de los futbolistas, perdió su pasaporte. El avión, un Airspeed Ambassador, aterrizó sin novedad en Múnich, aunque hacía un día de perros: lluvia, nieve y nubes bajas. El pasaje se bajó del aparato para estirar las piernas y tomar un refresco en la terminal. Los jugadores estaban ansiosos por volver a casa porque esa misma noche se celebraba un baile en el Plaza Dance Hall de Manchester animado por Jimmy Savile; allí podrían brindar por su éxito. Algunos futbolistas tiraron bolas de nieve a los operarios encargados del repostaje.

A las 14:20, la torre dio pista libre al Ambassador para despegar. Pero por dos veces se abortó el despegue. La razón es que tanto el capitán James Thain como el copiloto Ken Rayment detectaron una diferencia en el tono de los motores. El avión regresó para ser revisado y los jugadores desembarcaron de nuevo, con pocas esperanzas de regresar al avión. Duncan Edwards, de 22 años, el futbolista más prometedor del United, mandó un telegrama a su casera para avisar de que llegará un día más tarde. Inesperadamente, se volvió a llamar para el embarque.

A las 15:04 se volvió a intentar el despegue. El avión fracasó en su intento de tomar altura y se estrelló contra una valla que delimitaba aeropuerto, y luego contra una casa. La cola del aparato se desprendió y se incendió, y otra parte del fuselaje chocó contra una nave de madera, lo que provocó la explosión de un camión que estaba allí aparcado, con el combustible lleno y cargado con neumáticos.

El granjero Johann Wieser fue el primero en llegar hasta el avión accidentado. «El tiempo era muy malo. Había treinta centímetros de nieve. Enseguida vi a los pasajeros. Algunos estaban muy cerca de la muerte y caminaban hasta desplomarse. El avión ardía y el piloto seguía sentado en la cabina. Se veían supervivientes, pero eran más los muertos».

Cuando llegaron los servicios de emergencia del aeropuerto, ya habían muerto 21 personas, incluidos siete futbolistas, ocho periodistas, el agente de viajes y un aficionado, Willie Satinoff, un acaudalado empresario que solía viajar con el equipo. La búsqueda de supervivientes se dio por finalizada dos horas después, pero cinco horas más tarde dos periodistas alemanes descubrieron a Kenny Morgans entre los restos del avión. El chico tenía 18 años y había cambiado de asiento para acomodarse en la parte trasera del aparato. Volvió a jugar al fútbol, pero nunca se recuperó del trauma.

Estado del avión accidentado.

Los supervivientes fueron llevados al Recht der Isar Hospital en Múnich. Entre ellos, Albert Scanlon, que permaneció inconsciente durante tres semanas; Bobby Charlton sufrió contusiones de menor consideración en la cabeza, y tanto Johnny Berry como Jackie Blanchfower se vieron afectados por heridas que no les permitieron volver a jugar al fútbol. Matt Busby tenía varias costillas rotas, un pulmón perforado y diversas fracturas en las piernas. Se le dio dos veces la extremaunción y se comunicó que no había muchas esperanzas de que se salvara. Los cuerpos de los fallecidos fueron repatriados y velados en el gimnasio de Old Trafford.

El 19 de febrero empeoró el estado de Duncan Edwards: las múltiples fracturas en las piernas comprometían su carrera como futbolista, pero el daño en sus riñones ponía en serio riesgo su vida. Ese mismo día, trece después del accidente, el United volvió a disputar un partido oficial. Fue en la quinta ronda de la FA Cup contra el Sheffield Wednesday. En el once inicial había dos supervivientes del accidente, el portero Harry Gregg y el defensa Bill Foulkes; el resto del equipo estaba formado por fichajes de emergencia y jóvenes en proceso de maduración. En la portada del programa que se repartió a los espectadores se podía leer: “El United continuará”. Se dice que Busby llamó desde el hospital a su asistente para darle una sola instrucción: “Mantén la bandera ondeando”. Jimmy Murphy, el segundo entrenador, no había viajado a Belgrado porque también era técnico de la selección galesa y tenía partido contra Israel.

El Manchester ganó por 3-0 en el partido más triste que se recuerda. Dos días después murió Duncan Edwards y una semana más tarde lo hizo el copiloto Ken Rayment, lo que dejó la cifra de fallecidos en 23. Busby se recuperó y fue enviado a la localidad suiza de Interlaken para completar su rehabilitación. Volvió a casa 71 días después del accidente.

El sábado 3 de mayo, el United jugó la final de la FA Cup contra el Bolton. Los jugadores llevaron escudos con un ave fénix resurgiendo entre las llamas. El joven Kenny Morgans esperaba ese partido para ahuyentar a todos sus demonios, pero Murphy lo dejó en el banquillo. Hay quien asegura que ese día se convirtió en el noveno jugador que murió en el desastre. El United perdió 2-0.

El destino volvió a ser inclemente en la Copa de Europa. El 8 de mayo, el United se impuso 2-1 al Milán en la ida de las semifinales. Sin embargo, en la vuelta, el Manchester fue vapuleado por los italianos (4-0), con un doblete de Schiaffino. La UEFA ofreció a la Federación Inglesa que el United volviera a jugar la Copa de Europa al año siguiente, pero la FA decidió que lo hiciera el campeón, el Wolverhampton Wanderers. En la liga, el Manchester terminó en 11ª posición.

El Manchester United no volvió a ser el mismo. Hubo aficionados que se hicieron fans del equipo a raíz del accidente y otros que no volvieron a pisar jamás a Old Trafford porque no querían ver los fantasmas de Múnich. Cuando el United ganó la Copa de Europa diez años después, con Bobby Charlton en el once, se cerró una herida, aunque otras siguen abiertas. ¿Hasta dónde hubiera llegado ese equipo, hasta dónde Duncan Edwards…? El recuerdo de los caídos sigue presente en Old Trafford, donde un reloj parado a las 15:04 atrapa el tiempo en el preciso momento en que la muerte cambió la vida.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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