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Fútbol

Sólo son números de teléfono

Lippi decía: “El mejor jugador es el que pone su talento al servicio de los demás”. Para eso debe saber cómo hacerlo y la llave de ese cómo son los sistemas.

El fútbol es un juego, pero no hay más que ver un partido de críos en un parque para darte cuenta de que necesita de un orden. Es evidente que para obtener un buen rendimiento de un grupo de jugadores hay que posicionarlos de alguna manera.

Decía Basile, tras unas críticas por la desorganización de su equipo en un partido, que él colocaba muy bien a los jugadores «pero que luego estos se movían» y esa es la clave de los sistemas de juego. El devenir de éste lleva a la desorganización.

El fútbol es un juego que posee tantos momentos imprevisibles, caóticos y tendentes al desorden que el entrenador está obligado a intentar ordenar ese desorden. Cuando Menotti dijo aquello de los números de teléfono lo dijo en un momento donde se quería explicar lo que ocurría en los partidos simplemente desde el análisis táctico. El sistema parecía la clave, las victorias y las derrotas nacían simplemente de la utilización o no de determinados sistemas. A esa corriente de análisis fue a la que respondió Menotti. Parece imposible que un deporte/juego lleno de acciones imprevistas se pueda analizar desde un concepto tan básico como una línea numérica.

Los sistemas, es decir, las disposiciones tácticas por números en los que cada número es una línea del campo (frontal del área propia, centro del campo y frontal del área rival) para mí y más en el fútbol actual son muy cambiantes, por eso hay que tener bastante cuidado con las máximas, más que nada porque el movimiento de un jugador en un momento dado cambia la numeración. De hecho lo más normal es ver a equipos que atacan con un dibujo y defienden con otro.

Cuando estamos construyendo un equipo buscamos las fórmulas para que pasemos el mayor tiempo posible en el ‘Momento de Juego’ en el que somos más fuertes (presión alta + contra Corta; repliegue + transiciones con espacio; salida combinativa para atacar espacios; salida directa + segunda jugada) e intentar ser lo más solvente posible en el resto de momentos.

Al final el sistema no es más que la disposición con la que un equipo va a racionalizar la ocupación de los espacios, cómo intentará potenciar la relación de ciertos jugadores en ciertas zonas y a la vez frenar, atacar o disminuir estratégicamente las características del contrario, o sea la búsqueda del control de lo incontrolable.

Creo que hablar del juego solo desde el análisis del 4-4-2, el 4-3-3, o el 4-2-3-1 es un error. Es hacerlo desde un punto que niega a los verdaderos protagonistas: los jugadores. Pero obviar el contexto, banalizar el decorado táctico en el que estos se mueven para mí también es un error y creo que hasta mayor, pues el fútbol es un deporte de conjunto, de asociación, en el que un solo miembro difícilmente puede ser analizado sin asumir el peso del contexto creado por sus 10 compañeros.

El fútbol es de los futbolistas y olvidamos de ello, como desgraciadamente a veces suele suceder en boca de algunos analistas, es un tremendo error. De ellos, de sus aciertos, sus decisiones, su habilidad o su torpeza en el juego es de quien depende lo que ocurre en un campo, los jugadores no solo son a los que les pasan cosas, también son los que hacen que pasen cosas. Como decía Lippi: “El mejor jugador es el que pone su talento al servicio de los demás”. Para eso debe saber cómo hacerlo y la llave de ese cómo son los sistemas.

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