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El partido fue un juego de niños, no un partido de hombres. Por cierto, solo Dios sabe qué será eso…

Quiero homenajear a Pedro Almodóvar en la semana en la que nuestro más ilustre creador cinematográfico ha cumplido 69 años. Voy a confesar que he usado muchas veces un pequeño diálogo de su película La mala educación para explicar por qué el Real Madrid ha llegado a ser el enemigo de los pueblos libres:

― No tenemos testigos.
― Dios.
― Sí, pero él está de nuestra parte.

Esta temporada tendremos que asumir que la religión no es infalible. El Madrid se ha vuelto más reservado, más tímido, menos desbocado. Siempre he sido una persona aferrada al control como norma para que las cosas funcionen, pero empiezo a notar con los años, que hay que dejar lugar para la improvisación. Me dirán ahora que para eso tenemos a Marcelo y tienen razón. El equipo blanco no planificó tener velocidad en verano y ahora nos encontramos con que un guerrero herido de apellido Giménez nos tapa los tiros por no armar la pierna un segundo antes. De las paredes ni hablemos. Ni de las diagonales. Ni de los desmarques. Para colmo, el Madrid se enfrenta ahora mismo a una realidad sin Bale, algo que por supuesto, nadie podría haberse imaginado. Kroos, Modric o Asensio siempre van a saber cómo tocar el balón, lo llevan en la sangre, pero el Madrid ya no amenaza con castigar a sus rivales, les pide permiso.

Simeone se equivocó al describir el derbi horas antes, porque tampoco vi demasiada vehemencia en el Atleti. Me convencieron sus argumentos en la primera parte, pero me sentí estafada en la segunda. El partido fue un juego de niños, no un partido de hombres. Por cierto, solo Dios sabe qué será eso… Ambos equipos firmaron un pacto de no agresión mientras el Barcelona se desangra y quizá se den cuenta tarde, de que en la Liga no existen períodos de entreguerras. Me preocupa mucho Kroos. Sin la precisión del alemán, el Madrid pierde horas de vida.

Modric no puede echarse a la espalda toda la labor creativa del equipo porque para todos pasa el tiempo y si con Casemiro no contamos para que tenga imaginación, la solución es un Ceballos que ayer se ganó un puesto con mucha sabiduría y un poco de descaro. El andaluz fue lo mejor que vieron mis ojos anoche sobre el césped del Bernabéu, una brisa fresca, un torrente de amagues y regates con sentido para demostrarle a su equipo que a veces es importante declararse en rebeldía. El Madrid necesita más momentos de furia y menos pases en horizontal.

Y ahora que tengo su atención, ¿se acuerdan de la velocidad que no tenemos y que nos hace falta? Pues bien, Vinicius jugó cinco minutos y Mariano ninguno. Y yo mientras tanto, miraba al banquillo, veía a Julen Lopetegui junto a un ayudante y se me venía a la mente otra conservación que aparece en La mala educación:

― ¿En qué piensas?
― En los cocodrilos hambrientos.

 

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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