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Arte

El sucesor de Maradona, el arte de Monet y un nuevo Pelé blanco

Queda hasta mal no sentir un profundo amor a esa corriente pictórica, con esos contrastes cromáticos, esas siluetas difusas y a esos rostros sin detallar.

Contaba hace tiempo en una entrevista el Director de una importante pinacoteca que si querías asegurarte el éxito de asistencia de público a una muestra, el mejor camino era incluir el término “impresionismo” en el título de la exposición. Al margen de la realidad o no de la aseveración (parece ser que totalmente acertada), lo que sí está claro es que el Impresionismo es una corriente pictórica que goza de una gran popularidad, y es que es difícil encontrar a un aficionado a la pintura que no se sienta atraído por los Manet, Degas, Renoir y resto del equipo médico habitual. Vamos, viene a ser como el gótico de los lienzos… (¿conocéis a alguien que no sienta una terrible admiración por las construcciones góticas?). Queda hasta mal no sentir un profundo amor a esa corriente pictórica, con esos contrastes cromáticos, esas siluetas difusas y a esos rostros sin detallar. Si incluso en un momento dado una importante exposición celebrada hace unos años en la Fundación Mapfre lo llegó a denominar como «un nuevo Renacimiento» (si hay que comparar se compara, y sin remilgos).

Bueno, al margen de quisicosas, la verdad es que el Impresionismo gusta (y mola) e indudablemente supuso un gran cambio en la concepción del arte, llegándose a poder calificar en alguna manera como una relativa ruptura que será el inicio y germen del Arte Moderno (así, con mayúsculas). Y dentro de la alineación del equipo impresionista, junto a Manet (un centrocampista creativo capaz de crear diferentes atmósferas sobre el mismo motivo), el talento de un fino extremo como fue Renoir con sus quiebros en el movimiento y la rotundidad de mediocentro de Cezanne y sus figuras volumétricas, sin duda destaca la personalidad del 10, del creador, del alma del equipo… de Claude Monet. Porque la definición el término “impresionista” la origino él, con su cuadro “Impresión; sol naciente” (1872). Y a partir de ahí todos conocemos la historia… el equipo encadenó ligas, champions, botas de oro. Un festival de victorias, vamos.

Y así hace pocas fechas se ha inaugurado una exposición en el Museo Thyssen de Madrid realmente interesante, denominada Monet/Boudin. ¿Que qué nos cuentan? Pues la fascinante relación entre el maestro (Eugene Boudin) y el alumno (Claude Monet), el cual acabaría canibalizando el arte y las creencias de su mentor. Porque hay que partir de la base de que Boudin, al margen de un excelente profesor, fue un magnífico pintor (pese a que en España es muy poco conocido) al que se llegó a denominar “el Rey de los Cielos” por (obviamente) su dominio en la plasmación en los lienzos de cielos tormentosos, y habitualmente marítimos. Cuentan que Boudin conoció a un joven caricaturista de 15 años en la localidad costera de El Havre y que impresionado por la calidad y personalidad de sus trazos, le invitó a trabajar con él. Ese joven era Claude Monet. Uno de los aciertos de la Exposición es mostrar conjuntamente la obra del maestro y la del discípulo, lo que permite observar como se van retroalimentándose en una más que curiosa simbiosis. Porque ni Boudin es solo el maestro, ni Monet es únicamente el estudiante. Hay que recalcar que Monet se negó durante mucho tiempo a admitir que su modo de entender la pintura hubiera sufrido alguna influencia por parte de Eugene Boudin, ninguneándole, y solo al final de su vida reconoció la influencia de su primer maestro.

La exposición se divide en ocho secciones organizadas cronológicamente, y el centenar de obras que reúne han sido cedidas por museos e instituciones de todo el mundo como el Musée d’Orsay de París, la National Gallery de Londres, el Metropolitan de Nueva York o el Marunuma Art Park de Japón; y hay que resaltar que la mayoría de los cuadros no han sido nunca expuestos en España. Es una exposición realmente interesante, con un montaje que hace que el visitante enseguida encuentre el hilo conductor de la muestra. Porque si siempre se habla del nuevo Pelé blanco, del sucesor de Maradona o de un pintor que cambiaría el rumbo de la pintura, en este caso podría considerarse que Claude Monet lo consiguió, marcando un antes y un después con su “Impresión; sol naciente”. Y junto a él, como siempre en la vida, su maestro.

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