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Copa América

Brasil-Argentina: El Superclásico de las urgencias

Brasil vuelve al lugar del Maracanazo 2.0 y Argentina busca la eterna redención a la espera de que Messi frote la lámpara

Cuando salten al terreno de juego los fantasmas revolotearán por el estadio. Para unos y para otros los recuerdos bailan entre el trauma y la decepción crónica. Brasil vuelve al lugar del Maracanazo 2.0 y Argentina busca la eterna redención a la espera de que Messi frote la lámpara. No gana la Albiceleste una Copa América desde 1993 y ni siquiera el Messias ha podido burlar al destino trágico. En Brasil comenzó la triada de finales perdidas. Han pasado cinco años desde entonces y las urgencias si cabe han aumentado para brasileños y argentinos. La verdeamarela ha perdido incluso a su faro, Neymar, entre lesiones y escándalos varios. No será, en cualquier caso, un SuperClásico descafeinado, aunque solo sea por el premio que aguarda al fondo: una final de Copa América y una herida, otra más, reabierta en el rival.

 


El origen de una rivalidad


Porque el duelo por excelencia del cono sur no se puede explicar solo a base de números. Por más que sea este el partido más repetido en la Copa América. 32 veces se han visto las caras y el saldo resulta favorable a los argentinos. 15 triunfos para ellos, nueve para la Canarinha y ocho empates. La rivalidad alcanzó otra dimensión a partir de 1978. Hasta entonces Brasil temía más a Uruguay que a la Albiceleste, no solo por el número de estrellas bordadas en su pecho, sino también por ser capaz de provocar la depresión de 54 millones de brasileños en 1950. Argentina, por su parte, bastante tenía con salir victorioso del duelo eterno por saber qué orilla del Río de la Plata jugaba mejor al fútbol. De nuevo los uruguayos presentes. Pero entonces llegó Videla y sobre todo Kempes para cambiar la mirada y ampliar los horizontes. La irrupción de Maradona hizo el resto. Por fin un argentino podía mirar a los ojos a O’Rei Pelé.

La rivalidad alcanzó su máximo en Sarriá en 1982, cuando Zico, Sócrates y compañía bailaron a  Argentina (1-3) ante el calentón de Diego que acabó en la ducha antes de tiempo, expulsado por agredir a Batista: “Me equivoqué… yo quería dar a Falcao”, reconoció El Pelusa tiempo después. La revancha llegó ocho años después, ya con Maradona entronizado y en un duelo bronco disputado en el Mundial de Italia’90. Su eslalon driblando entradas y agarrones de todo tipo culminó en un pase a Canniggia que lo dejó solo ante el portero. Aquel gol se convirtió en canción y todavía hoy cada vez que Brasil y Argentina cruzan sus caminos se canta con fuerza: “El Diego te gambeteó, el Cani te vacunó, estás llorando desde Italia hasta hoy”.

No ha vuelto a haber duelos como aquellos. Apenas un par de finales de Copa de América que llevarse a la boca. Ambas lejanas (2004 y 2007) que cayeron del lado brasileño. Messi ya andaba por allí en el último gran torneo dirimido entre ambos. Pero poco o nada pudo hacer aquel joven extremo en la contundente victoria de la Seleçao (3-0). Su relación con la Albiceleste nunca ha sido fácil por más que en 2005 se proclamara Campeón del Mundo Sub-20 y en 2008 se colgara la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín. Desde entonces las decepciones se repiten, las quejas se multiplican en Argentina y la presión crece a cada torneo que Messi no cumple con las expectativas. Las propias y las ajenas. No lo está haciendo tampoco en XLVI edición de la Copa América, donde Argentina ha sobrevivido sin la mejor versión de Messi (solo ha marcado un gol y de penalti). Más próximo al centro del campo y a la generación del juego que a la definición y las proximidades del área.

 


Los fantasmas de unos y otros


Pese a todo, Scaloni ya ha confirmado la presencia del Kun en el once: «Serán Agüero y diez más, ni Messi tiene el puesto asegurado» dijo entre risas en Seleccionador argentino, por más que el mejor complemento de Leo en esta Copa América haya sido otro delantero, Lautaro Martínez . El delantero del Inter de Milan está enrachado, autor de dos goles en este campeonato, ha caído de pie en la Albiceleste. No solo por su buena puntería sino también porque se ha entendido a las mil maravillas con Leo. El 10 agradece a estas alturas tener referencias ofensivas con las que asociarse y no tener que recorrer 40 metros para culminar la jugada. Con Lautaro y el Kun por delante y con Paredes y De Paul guardándole las espaldas, Argentina ha mejorado levemente, pero la apuesta suena muy ofensiva para enfrentar a Brasil, al menos para Scaloni que planea sacrificar un delantero para reforzar el centro del campo.

Argentina prefiere jugar con los nervios de la anfitriona y con la motivación propia de volver a ganar un gran torneo en casa del enemigo. Con penalizar el error antes que generarlo. La fórmula casi le dio resultado a Messi y compañía en 2014 aunque entonces el destino no les emparejó. Sería imposible hoy pesar la responsabilidad y la necesidad de ambos. ¿Quién necesita más esta victoria? Con ambas selecciones en una crisis de juego, identidad y referentes bastará un error, por mínimo que sea, para agitar los fantasmas.

Estos también juegan, al menos a priori, en contra de Brasil. Vuelve la Canarinha al Mineirao donde las nuevas generaciones de brasileños vivieron en carne propia aquello que sus abuelos les contaron del Maracanazo. El 1-7 de Alemania se produjo allí, en las semifinales de su Mundial, y los recuerdos que parecían enterrados con el buen rumbo del equipo de Tite, volvieron a florecer tras la dura derrota ante Bélgica en Rusia. Las dudas no han remitido en esta Copa América, donde Brasil llega nuevamente con la ausencia de Neymar, como en aquella trágica noche del 8 de julio de 2014 en Belo Horizonte. Hoy son otros los referentes, un descafeinado Coutinho que no termina de sonreír tampoco con la Canarinha y la irrupción sorprendente de Everton, el sustituto del sustituto. Después de que Neres no haya aprovechado la baja de Neymar, el extremo de Gremio ha sido el único de la Seleçao que se ha atrevido a encarar y superar rivales. Con el regate en peligro de extinción Everton es el último animal mitológico de Brasil.

A él y al empuje de una afición que llenará las gradas del Mineirao para trasladar los fantasmas al otro lado del Río de la Plata, se aferra Brasil camino de un título que vuelva a insuflar confianza y orgullo al país del Ordem e Progresso. Y es que lleva demasiado tiempo estancada la Canarinha en lo futbolístico, mientras su leyenda languidece entre dobles pivotes y sistemas de juego defensivo. No anda mucho mejor Argentina que ve como el mejor jugador de todos los tiempos se marchita sin que la Albiceleste vuelva a reinar. Ese debe puede empezar a paliarlo Messi esta noche, llevando a los suyos a una nueva final, con una asistencia o quién sabe si un gol que mañana se convierta en canción. Lo que es seguro es que unos y otros cantarán antes y durante para alentar a los suyos y de paso ahuyentar los fantasmas que sobrevuelan en este Superclásico de las urgencias.

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