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Vichai Srivaddhanaprabha, en el autobús de campeones del Leicester. imago/Xinhua / Cordon Press

Fútbol

El tailandés que cambió la historia del Leicester

La historia reciente del Leicester es un gran sueño que se hizo realidad gracias a la confianza del empresario tailandés.

El Leicester es un club que en los últimos ocho años vivió más cosas que en sus otros 130 años de historia. Y el gran responsable de eso fue Vichai Srivaddhanaprabha. Era tradición que los días de partido en el King Power Stadium, el propietario de los foxes accediera al campo en su helicóptero privado, después de que monjes budistas bendijeran el césped. Este sábado, después del partido, el aparato se estrelló contra el parking del estadio y el hombre que puso la primera piedra de un camino increíble falleció junto a cuatro personas más.

En agosto de 2010, el dirigente tailandés se apellidaba Raksriaksorn  no Srivaddhanaprabha. Fundador y CEO de la empresa King Power, que gestiona los duty free de nueve aeropuertos, Vichai, como era conocido en Leicester, compró el equipo inglés por 40 millones de euros, una cifra razonable para el que ostentaba una de las fortunas más grandes de Tailandia. Cuando la nueva propiedad llegó, el Leicester deambulaba por la segunda división inglesa. El cambio en el organigrama no afectó, de primeras, a la presidencia, en la que se mantuvo el empresario serbio Milan Mandaric, que había comprado el club tres años antes. En febrero de 2011, se oficializó la salida de Mandaric, que fichaba por el Sheffield Wednesday, y el nombramiento de Vichai como nuevo presidente de los foxes, además del de su joven hijo Aiyawatt, que se convirtió en vicepresidente. En 2012, con el Leicester peleando por entrar en la promoción de ascenso a la Premier, el rey tailandés otorgó el apellido Srivaddhanaprabha (“luz de la gloria progresiva”) al propietario del equipo inglés por su contribución al orgullo del país.

En 2013, el Leicester logró entrar en los playoffs al clasificarse como sextos en la Championship con Nigel Pearson, que había sucedido a Sven Goran Erikson, en el banquillo del King Power Stadium. Sin embargo, los foxes fueron eliminados en el partido de vuelta de las semifinales ante el Watford después de unos últimos minutos de locura que se hicieron virales. En el minuto 96, el árbitro había añadido cuatro, la eliminatoria estaba empatada a dos y Anthony Knockaert, jugador del Leicester, disponía de un penalti para decantar la balanza. En frente estaba el portero español Manu Almunia, que detuvo el primer lanzamiento y el posterior rechazo de Knockaert. La pelota ascendió a los cielos de Vicarage Road mientras los aficionados del Watford gritaban de alegría. Lo mejor, para ellos, estaba por llegar. Una jugada vertiginosa por la banda derecha y una asistencia de cabeza en el interior del área permitió que Troy Deeney, que todavía continua en la plantilla del Watford, reventará a placer la portería de Smeichel, que ya llevaba dos años en el club, y los sueños de ascenso del Leicester. El hecho de que el portero danés sufriera en sus carnes la crueldad de esa eliminación y, después, saboreara unos éxitos que ningún aficionado del Leicester esperaba, queda reflejado en la emocionante carta que le dedicó a Vichai después de su fallecimiento.

 

 

Un año después del drama de Vicarage Road, los foxes se repusieron, con Pearson dirigiendo la nave de nuevo, y lograron el ansiado ascenso a la máxima categoría del fútbol inglés. No lo hicieron de forma casual, sino que subieron a la Premier League a lo grande: con una cifra espectacular de 102 puntos y una autoridad pasmosa ante todos los equipos que se le cruzaron en la Championship. En aquella plantilla ya convivían nombres como Jamie Vardy o Riyad Mahrez. Los comienzos, y el camino a la salvación, en la Premier no fueron tan plácidos como la experiencia en segunda. El Leicester, que se había reforzado con fichajes como Ulloa o Cambiasso, se pasó gran parte de la temporada ocupando el farolillo rojo de la tabla y acumulando rachas de hasta once y ocho partidos sin conocer la victoria. La primera gesta de los foxes no es la que todo el mundo tiene en mente. Al término de ese curso en la Premier, la prensa británica apodó la salvación in extremis del Leicester como “The Great Escape”, después de seis victorias en los últimos siete partidos. Estaba claro que en el King Power Stadium estaban sucediendo cosas extraordinarias… aunque muchos todavía no se habían dado cuenta.

¿A cuánto se pagaba que el Leicester ganará la Premier? 5.000 euros contra 1. Algún valiente hizo el negocio de su vida gracias a la heroicidad que protagonizaron los muchachos de Claudio Ranieri, que sustituyó a Pearson cuando nadie esperaba su destitución. Dicen que la del Leicester campeón de Inglaterra es una de las mayores proezas en la historia del fútbol. No en vano, a principios de temporada, eran los favoritos número uno al descenso en todas las casas de apuestas. Aquel año, inolvidable para todos los amantes del fútbol, supuso la transformación en estrellas de una serie de jugadores que apenas habían llamado la atención en las categorías más modestas. Véase Vardy, Mahrez o Kanté, que fichó por los de Ranieri proveniente del Caen. El Leicester se hizo el más regular en la competición donde más difícil es ser regular y, tras un empate entre Chelsea y Tottenham, se proclamó campeón para gozo de una ciudad históricamente perdedora, como tantas otras de Inglaterra, pero con una gran pasión por su equipo local. La temporada siguiente, volvieron a la realidad en la Premier y disfrutaron de una dignísima presencia en la Champions League, alcanzando los cuartos de final tras eliminar al Sevilla en una de las últimas noches de gloria que vivieron los aficionados del equipo que provocó que personas de medio mundo gritaran como hinchas de toda la vida goles de un club cuyo nombre no sabían pronunciar.

En ese partido de vuelta ante los hispalenses, en el banquillo del King Power Stadium no se sentó Claudio Ranieri. El veterano entrenador italiano fue destituido de su cargo por la mala racha que atravesaba el equipo en la competición doméstica. Su despido fue una de las decisiones más controvertidas que tomó Vichai, que ya cesó a Pearson un año antes después de salvar al club milagrosamente. La polémica medida desató una ola de solidaridad del gremio del fútbol a favor de Ranieri y en contra del dirigente tailandés, al que acusaron de no tener memoria. A pesar de la destitución del hombre que les hizo tocar el cielo, sobre los vecinos de la ciudad siempre sobresalió un sentimiento de agradecimiento por todo lo que el multimillonario empresario les había hecho vivir. Cuentan que Vichai no hablaba mucho inglés, pero siempre se paraba a charlar con quien le pedía una foto o un autógrafo. Además, realizó varias donaciones sustanciales a hospitales de la zona. Lo cierto es que, desde la marcha del técnico italiano del King Power Stadium, el Leicester se ha mantenido con más pena que gloria en la Premier… lo que hace unos años hubiera sido considerado un éxito grandioso. Y es ahí donde reside la hazaña de Vichai Srivaddhanaprabha: convertir lo extraordinario en ordinario.

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