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RELATOS

Tánger IV: Pena

“Tus mujeres son una parcela. Ve a tu parcela cuándo y cómo quieras.”[ C 2-223]

Durante nuestra estancia en Tánger, por La Kasbah y La Medina, nos llamó la atención la cantidad de grupos de hombres que había. Estaban por todas partes, por las calles y en los salones de té, charlando animada o quedamente, mientras que las mujeres que veíamos, siempre estaban haciendo algo, o trabajando o yendo rápidamente a algún sitio y que nunca había grupos mixtos, a menos que fuesen familias que se saludaban rápidamente a la salida de la mezquita. Nunca había grupos de chicos y chicas como hay aquí hablando o riéndose porque solo había chicos. En los salones de te, los hombres se sientan de espaldas a la fachada y toman te, café o agua, y es realmente extraño ver alguna mujer, y por supuesto nunca una mesa compuesta solo por mujeres como se ve aquí, lo que tal vez tenga que ver con lo que el Corán dice acerca de dónde deben estar las mujeres, es decir “Y guardarse silenciosamente en sus casas” (C 33-33).

En el precioso pueblo de Asilah, a pocos kilómetros al sur de Tánger, fuimos a la playa, una playa preciosa en una pequeña cala a los pies de la fortaleza con una arena dorada y fina y donde las mujeres más mayores, con sus túnicas y velos, aguardaban bajo las sombrillas mientras sus maridos con ropas de baño normales, y algún que otro inapropiado, por edad y por el tamaño de la barriga cervecera, bañador de competición. Los niños y niñas más pequeños se bañaban jugando entre las olas, pero las adolescentes, en grupos enteramente femeninos, se bañaban con sus trajes de baño con mangas largas, o con las perneras hasta la rodilla e incluso algunas con un velos cubriéndoles la cabeza, sonriendo felices sabedoras de que ni a sus padres ni abuelos ni hermanos los van a criticar en la mezquita, ya que ellas cumplen escrupulosamente los preceptos de El Corán, que parece ser que únicamente hablaba de los peligros e indecencia de la desnudez femenina, pasando por alto la masculina porque la sura que trata el tema (C 33-59) solo dice que “Di a esposas e hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran por completo con sus capas”, es decir, que da permiso no solamente para inducir a cubrirse con velos y túnicas a las mujeres de tu familia sino que también a toda la que veas, la conozcas o no, otorgándole así al hombre un derecho sobre la mujer.

Y dentro de las ideas que expresa el Corán y entendiendo que un hombre pueda ser devoto y cumplidor de su religión, cuando veía a un padre con una niña pequeña en brazos o de la mano, me preguntaba cual era el grado de fe que habría de profesar ese hombre para considerar que cercenar la libertad de su hija cuando esta llegase a la adolescencia por el simple hecho de ser mujer merecía la pena con tal de seguir instaurado en la pureza de la fe y en el camino verdadero que marca su religión y cómo se puede sentir que hay algo superior al amor a una hija.

La grandeza de un pueblo, no de este sino de todos y cada uno, se mide en el respeto que le profesa a sus mujeres, el nivel de igualdad con respecto del hombre y la libertad de estas para actuar según su criterio, sea el que sea, bien con el tratamiento a su cuerpo, bien con la libertad para decidir con quién casarse, bien con la libertad de dejar el hogar paterno sola e iniciar una nueva vida lejos, porque ningún pueblo avanza si no permite que sus mujeres avancen, y nosotros hemos estado en Tánger, al norte, ciudad occidentalizada y abierta, así que me pregunto cómo vivirán el resto de las 900 millones de mujeres musulmanas que habitan en el mundo porque a pesar de que nos contaron que el Corán dice que hombres y mujeres son iguales, nos hemos venido con la impresión de que unos son más iguales que otros y que si bien una mujer puede decidir con quién casarse libremente tal y como dice su libro sagrado, este establece en principio que, “Tus mujeres son una parcela. Ve a tu parcela cuándo y cómo quieras.”[ C 2-223] y en segundo lugar que el Corán exige sobre todo obediencia a las mujeres, es decir, que si un padre o tutor le propone un novio como marido, aún teniendo libertad de elección, tiene que obedecer sin rechistar, para ser una buena creyente, por lo que no se entiende esta capacidad de libre elección, así que desde aquí nuestro profundo reconocimiento a Mimunt Hamido, mujer valiente, musulmana y melillense y a su blog “No nos taparán” (nonostaparan.org) y a todas esas otras mujeres que pensando igual que ella, no pueden decirlo.

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