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RELATOS

Tánger III: Risas

Es verdad que en Tánger se cogen los taxis compartidos para ahorrar, pero para que ahorre el taxista, quiero decir, que hace dos viajes por uno

Por la mañana, decidimos entrar a desayunar en el Café Colón, a pesar de que cuando pasamos solo vemos hombres hablando entre ellos, siempre de espaldas a la fachada y mirando hacia la calle y a los transeúntes, tomando solo te, café y agua, sin comer nada y nunca o raramente hemos visto a ninguna mujer, pero el amable chico, al preguntarle si tenían también de comer mediante señas, él en un muy macarrónico inglés, me dijo que nos traería un desayuno marroquí, explicándonos que consistía en zumo de naranja, huevos fritos, aceitunas, pan y te con hierbabuena, así que aceptamos e igualmente aceptamos comérnoslo con las manos ante la falta de cubiertos, como seguro hacían los lugareños, mojando el pan en el aceite y luego en la yema y poniendo un trozo de huevo encima…hasta que cuando casi me lo había acabado llegó el camarero disculpándose por no habernos traído antes los cubiertos, y todo eso, mientras veíamos, para abrir el apetito, más degollamientos en directo por la televisión de plasma de 50 pulgadas y escuchábamos la repetición de la oración, al-lahu-akbar. Al irnos y al pedir la cuenta, el chico amable y con una enorme sonrisa me dijo que eran 150 dirhams. Ciento cincuenta Dirhams, el equivalente a 15 €, es decir, que calculo que invitamos a todos y cada uno de los que había en ese momento en el Café, así que a partir de ese momento, me juré reconducir mi vida para siempre y pedir el precio por adelantado. De todas maneras, hubiese sido estupendo por parte de los parroquianos (¿O se dirá mezquitanos?) una despedida en plan “Bienvenido, Mr. Marshall”. Me la merecía.

Tras el degollamiento del Café Colón, el mío quiero decir, nos fuimos a la Estación de Tren a comprar dos billetes para mañana para Asilah, una población costera al sur de Tánger y mientras caminábamos, recibimos una invitación por parte de unas mujeres y sus hijas a subir a una azotea a comer cordero, invitación que declinamos amablemente y de ahí cogimos un Petit Taxi, de los que solo hacen ciclos urbanos y que son de color turquesa y nos fuimos a la parte baja de La Medina, y que nos costó 8 Dirhams, es decir, ochenta céntimos (no todo el mundo era como el joven simpático pero infame del Café Colón) e intentamos comer por la parte de abajo del Hotel Continental buscando el Restaurante Al Maimouni pero todo estaba cerrado por ser día festivo y además el ambiente tampoco acompañaba por los restos de corderos por todas partes que no ayudaban a abrir el apetito en absoluto y por otra parte, y sé que está muy mal lo que voy a decir, pero ver a un moro con las ropas ensangrentadas y un par de enormes cuchillos en la mano gritando Al-lahu-akbar no inducía ni a la paz ni al sosiego espiritual, así que paramos otro taxi y por un euro, nos dirigimos a la parte nueva de la ciudad, donde se encuentra la estación y el Hilton y los edificios de apartamentos modernos y el boulevard que da al mar y al Club de Yates y nos metimos a comer en un sitio muy moderno de comida internacional una pizza con cuatro quesos y un delicioso taco mejicano, con Coca Cola. Ah, y de postre un muy internacional Banana Split.

Tras volver de Asilah, en la Estación de Tren, cogimos un Petit Taxi compartido con otro chico, para que nos saliese más barato, porque ya habíamos aprendido, y los tres nos subimos en el mismo sitio y, casualidad, los tres nos bajamos en la Plaza 9 de Abril, y como ví que el taxímetro marcaba 10,8 Dirham, le dí 5 al taxista, que se enfadó y empezó a indicarme el taxímetro. Al otro chico, joven, le aceptó 5 y a mi me sopló 10 entre exabruptos, haciéndome quedar como un idiota ante mi mujer, ustedes ya me entienden, y yo intentaba decirle a ella que eso en Málaga, en vez de 1 Euro nos hubiese costado 12 o más, pero no hubo manera, así que sí, que es verdad que en Tánger se cogen los taxis compartidos para ahorrar, pero para que ahorre el taxista, quiero decir, que hace dos viajes por uno.

Si usted pasea por La Kasbah o La Medina y un hombre, joven o mayor lo saluda amablemente entablando conversación, huya precipitadamente y no pare hasta llegar a Cuenca, porque tras esa sonrisa, van a intentar sangrarlo vivo. Yo, por supuesto, piqué y seguí a aquel amable joven al célebre Café Baba buscando donde desayunar, establecimiento que tiene el dudoso honor de que en él, fumaron Hashish los Rolling Stones en el 65 y estando dentro te das cuenta de que le han respetado la estética y todo se ha conservado igual, es decir, que está hecho un asco, empezando por el olor o sea, que los destrozos son evidentes. En sus sillas de respaldo de madera, la mugre de la parte alta de los reposabrazos podría ser usada sin ningún género de dudas por algún avezado artista para realizar un bajorelieve, tal es el tamaño de la costra y para colmo, el amable encargado, entendemos que por agradarnos, quitó la música psicodélica de los 60’ y nos puso “Grandes Éxitos” de los Gipsy Kings, «volare, oh, oh, cantare, oh, oh, oh, oh…» mientras se fumaba un porro del tamaño del trombón de la Banda Municipal de Música de Villaconejos. El camarero nos trajo dos cafés largos en vaso que parecía de loza con arabescos, aunque era de cristal, tal era la opacidad del vidrio y las manchas dejadas por anteriores comensales y un sándwich en papel de estraza que incorporaba todo lo que yo había pedido pero omitiendo la conjunción disyuntiva “0”, es decir que era de mantequilla, tomate, miel y fiambre, todo mezclado, cosas de las lenguas aglutinantes. Y por si lo dudaban, sí, me soplaron 120 Dirhams del ala, por Alá. Al chico, lo despedí con mirada asesina.

Por vivir intensamente nuestra estancia, paseábamos por la noche por La Medina y sus callejuelas infinitas, cosa que no me terminaba de hacer gracia, sobre todo pensando en un posible altercado de, digamos siete contra uno, aunque mi mujer iba muy animosa, y cuando le comenté mi inquietud, ella me confesó que también había pensado en el tema porque se había dado cuenta que, en un posible altercado, yo seguro que le pediría a ella que corriese mientras yo luchaba denodadamente y ella, al llegar a casa…no iba a tener las llaves para entrar porque siempre las llevaba yo, inquietud que me dejó un tanto perplejo, pero por no desperdiciar el tiempo e integrarme socialmente tal y como me gusta hacer, no dejamos de hacerlo y una noche por La Medina nos cruzamos con un grupo de jóvenes de aspecto inquietante apoyados en las paredes en una calle de poco más de un metro de ancho y mientras uno me ofrecía droga, al que me dejó pasar, ceremonioso e inclinando la cabeza, lo miré y le dije chukraam, que no significa “Gracias” como yo pensaba, sino que significa ni más ni menos que borracho porque “Gracias” se dice shukram, con “s”, mientras el grupo se mataba de la risa a costa del agraciado, como amablemente me comentó otro miembro del grupo haciendo ligeros aspavientos con las manos.

En fin, que el día que nos veníamos, tomamos un Petit Taxi en la Rue de la Kasbah, y allí mismo se montó una señora que llevamos al barrio español que se llama Pinto, y más tarde, a una chica joven al Mall, un enorme centro comercial en la zona nueva, y en un trayecto donde habíamos pagado 8 y 10 Dirhams, el taxímetro al llegar a la estación marcaba 21, y el joven y amable taxista me volvió a pedir el total, después de haberme paseado por todo Tánger a lo que me negué en redondo pero, mirándome quedamente y con su acento marroquí me dijo: «Pero “Siñor”, si hemos “vinido” hablando animadamente y “li hi insiñado” todos los barrios “di” Tánger por sus nombres, “himos” hablado “di” política y “di” la vida y “adimas”…¿”Qui” son para usted dos euros?» Poniendo la misma cara de los corderos de la fiesta, así que sí, que me volvieron a soplar otros 20 Dirhams, no sin antes recordarme encarecidamente que el precio del bus a Tanger Med era de solo 7 Dirhams, que no escuchara a nadie y que no pagara de más, así que me puse en la cola y cuando llegó nuestro turno en la aglomeración le dije al conductor con los dedos que dos pasajes, y al ayudante, que se colocó entre el conductor y nosotros, le di dos monedas de a 10 Dirhams, esperando el cambio, pero mirándome la mano, con muchas más monedas de 1 y 2 Dirhams, ya que en total llevaba unos 36 Dirhams, lo cogió todo, lo puso en el mostradorcito del conductor, y me devolvió 8 Dirhams, diciéndome que bajara y entrara por la puerta trasera porque llevábamos equipaje, cosa que hicimos, y mientras pensaba que tal vez fuese un suplemento por llevar bultos, y con el autobús ya en marcha, vi como se despedía de su mujer y de su hijo con una gran sonrisa. Sí, yo había pagado los 28 Dirhams de los 4 billetes.

Y bueno, que no me importa, porque han sido unos días estupendos y la ciudad es preciosa, pero que el próximo año por lo menos, que le cambien el nombre a la fiesta y que se llame la “Fiesta “dil” Roberto”.

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