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The Oscars goes to… el marketing

Los Oscars son marketing, pero del bueno. El que hace un mejor producto y conquista y fideliza a su consumidor. Larga vida a los Oscars. Larga vida al cine.

Ya se han entregado los Oscars. Green Book (como gran triunfadora), Roma, Bohemian Rhapsody, Black Panther celebran su triunfo con entusiasmo. No es para menos, llegar a levantar una de estas estatuillas es el sueño de todo profesional que se dedique al cine. Un sueño muy rentable, ya que un Oscar puede aumentar entre un 10% y un 50% a los ingresos en taquilla ya alcanzados.

Los Oscars son una gran acción de marketing, de las más brillantes, rentables y bien ejecutadas que existen. El cine ha sido desde sus orígenes una expresión artística y un conductor de emociones. Cumple con las condiciones básicas para ser un foco de relevancia, valores y por supuesto, de buen marketing.

Desde su creación en 1929, los premios Oscars se han convertido en el elemento clave de la industria del cine convirtiéndose en un reclamo insustituible para cinéfilos, fanáticos de la moda y el glamour o sencillos aficionados al cine.  Nacieron como una gran campaña de publicidad creada por Louis B. Mayer, director de Louis B. Mayer Pictures Corporation (que más tarde se fusionaría con Metro-Goldwyn-Mayer). Éste, con gran visión de futuro, organizó la primera gala para atraer a los mejores artistas a su productora buscando hacerles sentirse valorados y queridos. El ego es una gran herramienta de captación.

En teoría, son el premio a la mejor película del año de la industria estadounidense, pero con el paso del tiempo, el impacto es global, convirtiéndose en el evento no deportivo más esperado del año y, en consecuencia, el más visto y comentado en redes sociales, pero también, aunque parezca mentira, en el tema de conversación más recurrente de los bares de cualquier país al día siguiente. Todos tienen sus favoritas y como en el deporte, no siempre gana el mejor.

Pero esto no es casual y, por supuesto, tampoco es gratis. Los estudios y distribuidoras invierten unas auténticas millonadas en promocionar sus películas para alcanzar una nominación (se habla que Netflix ha invertido en Roma más de 20 millones de dólares en publicidad). Ganar uno de los premios puede impulsar carreras. Es el gran dorado del cine. Lo buscan muchos, lo consiguen muy pocos.

Pero los Oscars no son solo premios del cine, sino una plataforma brutal y el objeto de deseo que persiguen campañas de comunicación, marketing o de imagen personal de muchas industrias, además de la del cine. Y es aquí, donde entra la ansiada alfombra roja, una de las estrellas de la noche.

Artistas, pseudoartistas, espabilados, pasean por ella dejándose fotografiar vestidos con sus mejores galas. Momento perfecto para que las marcas de moda y complementos se peleen para que luzcan sus creaciones. Muchas de ellas que se convertirán en tendencia a partir de ese momento. Los Oscars son probablemente una de las pasarelas más importantes del mundo. Es un momento televisivo de máxima audiencia y, sobre todo, serán las imágenes más comentadas en los periódicos y revistas las próximas semanas.

Obviamente, todo esto no es gratis. Se dice que los artistas más reconocidos cobran una media 200.000 dólares solo por llevar una prenda en particular ese día. Por ejemplo, Jennifer Lawrence tiene un contrato de 15 millones de dólares por llevar los vestidos de la firma Dior. Por algo será, las tendencias impulsan las ventas.

Los Oscars son un gran espectáculo. La industria del cine americana sabe lo que se juega. Es la gran oportunidad de vender su cine y, últimamente, de vender el cine en general como un gran producto cultural y de ocio. Lo saben hacer bien, muy bien. La organización invierte alrededor de 40 millones de dólares para la celebración y, sin embargo, recuperan con creces la inversión. Las audiencias son millonarias. Contratar un espacio publicitario de 30 segundos cuesta alrededor de 2 millones de dólares.

No podemos olvidarnos del impacto que tiene la gala en las Redes Sociales. Millones de personas compartiendo y comentando la ceremonia. Un impacto incalculable. Prueba de ello es el famoso selfie en el 2014 propuesto por Ellen DeGeneres donde Bradley Cooper captura una imagen con un móvil Samsung donde posaron ambos, junto a Meryl Streep, Brad Pitt, Kevin Spacey, Julia Roberts, Jennifer Lawrence, entre otros alcanzando 2 millones de RT, convirtiéndose en la foto más retwitteada de la historia.  

A los Oscars lo único que le faltaría es un premio para las marcas. Premio a las que hacen mejor product placement, es decir, publicidad insertadas en las películas. Piensen un Oscar para el Rolex de Steve McQueen en La gran evasión, o para las Nike Classic de Forrest Gump, o las Ray-Ban que lucía Tom Cruise en Top Gun.

Los Oscars son marketing, pero del bueno. El que hace un mejor producto y conquista y fideliza a su consumidor. Larga vida a los Oscars. Larga vida al cine.

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