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The Politician

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‘The Politician’, oda a los delirios de grandeza

Lejos de la frivolidad, ‘The Politician’, la nueva serie de Ryan Murphy, es una pequeña enciclopedia que podría llevar por título «Política norteamericana para dummies».

Ryan Murphy ha entrado en Netflix como si fuese su propia Casa Blanca, con honores, como una verdadera estrella llamada a encabezar la creación original en la pequeña pantalla los próximos años. Tendrá tiempo para seguir alimentando la parrilla televisiva anual gracias al contrato multimillonario (valorado en unos 300 millones de dólares) que el creador de Glee, Pose, American Crime Story, Feud o American Horror Story ha firmado con la plataforma. El pack más lucrativo en la historia de la televisión. El hype por sus nuevas producciones está por las nubes, y con razón. En The Politician, vuelve a estar en su salsa, en la sátira que le gusta usar para reírse de la realidad, de los tópicos y de los sistemas establecidos.

Ryan se ha unido en matrimonio con Netflix hasta que otro contrato les separe o hasta que su creatividad diga basta, algo que, hasta ahora, parece complicado que ocurra (15 proyectos ocupan su vida en este momento). La última galleta salida del horno es The Politician, una comedia que gira en torno a la vida y carrera política de Payton Hobart (Ben Platt), un joven adinerado adolescente que lleva toda la vida preparándose para ingresar en Harvard y ser el presidente de EEUU desde que una noche de pequeño soñase con ello. Payton piensa que fue una premonición, y que está destinado a manejar la nación mas poderosa del planeta en unos años. «Se enfada y es muy egoísta, pero también es un personaje patético y dulce», dijo Platt sobre el personaje de Payton Hobart en una entrevista con The Hollywood Reporter. La madre de Payton es, nada más y nada menos, que Gwyneth Paltrow, a la que creo que después de perder a Tony Stark por el camino ya le da lo mismo ocho que ochenta. Y está fabulosa, como nunca antes la habíamos visto, otro superpoder de Ryan Murphy.

Pero antes de hacer su aparición estelar en Pennsylvania Avenue, Payton tiene muchas otras pequeñas batallas que ganar. Durante esta primera temporada (ya adelantamos que habrá segunda) el objetivo del Payton será ser el presidente del consejo estudiantil del Saint Sebastian, un colegio muy elitista en Santa Barbara. Ryan se suelta desde el principio con la crítica voraz a la política más básica, que ya a estos niveles es casi igual de despiadada que toda una campaña por la presidencia de Estados Unidos.

En ese juego de espejos es donde Ryan se recrea. Lejos de la frivolidad, la serie es una pequeña enciclopedia que podría llevar por título «Política norteamericana para dummies». La serie se ríe de la obsesión yankee por creerse superiores, del sueño americano, de la distancia que hay entre su propia realidad y la del mundo de ahí fuera, algo que ven desde el otro lado del muro de una dudosa moralidad. ¿Y a dónde se traslada el bueno de Ryan para escenificar todo este sinsentido? Al típico instituto pijo norteamericano, donde despliega su estética para dejar su huella no solo en la mente de los espectadores, sino también en sus ojos. Además, la serie afronta de una manera muy clara el tema de la búsqueda de la identidad (a cualquier nivel), un punto en común en casi todas las producciones de Murphy.

El clímax en The Politician se produce en el fabuloso episodio 5, titulado El votante, donde Ryan mueve la cámara y se dirige hacia los receptores del mensaje. Ahí es donde se representa al votante medio norteamericano, incapaz siquiera a veces de entender el lenguaje político, no digamos ya de construir un discurso crítico hacia las opciones que se le presentan ante sí en unas elecciones. La serie flojea un poco cuando se termina la trama de las elecciones estudiantiles, y es ahí es donde la excentricidad de Ryan se hace visible, pero The Politician resurge en el último capítulo donde Nueva York se convertirá en el escenario de la próxima batalla que tendrá que librar Payton Hobart antes de ganar la guerra. God bless America.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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