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Ilustración de Melvira para A La Contra

Feminismo

Todas las mujeres de mi vida

De mi abuela aprendí que no importa cuánto se alargue la lucha, una tiene que pelear hasta que se le nublen los ojos. De mi madre que ser valiente y fiel a una misma es el mayor legado que le podemos dejar a nuestras hijas.

En 1919, la revolucionaria Rosa Luxemburgo fue asesinada en Berlín. Los asesinos le rompieron a golpes de fusil y la arrojaron a las aguas de un canal. En el camino, ella perdió un zapato. Alguna mano recogió ese zapato, tirado en el barro. Rosa quería un mundo donde la justicia no fuera sacrificada en nombre de la libertad, ni la libertad fuera sacrificada en nombre de la justicia.

Cada día, alguna mano recoge esa bandera.

Tirada en el barro, como el zapato”.  El zapato. Eduardo Galeano.

Voy a caer en la evidencia de decir que todos los días del año nos pertenecen. Sigue siendo algo preocupante, sin embargo, que en un día marcado en el calendario, tengamos que movilizarnos. Eso significa, por ende, que hay otras tantas cosas que aún no tenemos y que se nos escapan como humo entre los dedos. Me cuesta creer que hoy alguien dude de la necesidad de la movilización, de las gargantas rasgadas por las consignas, de las pancartas, de las lágrimas, de la hermandad…Y, sin embargo, soy consciente y defiendo también la obligación de luchar por lo nuestro en un escenario acorde a las demandas y a las ambiciones. Os pido, si me permitís el descaro, que no convirtáis cualquier espacio en una arena romana donde tirar al primero de turno a los leones.

Quiero recordaros lo que sois, si es que no lo veis cada mañana al miraros al espejo. Sois necesarias. Qué digo, sois imprescindibles. Sois eso que llamamos “nosotras”. Lo sois todo. Todas y cada una. Con tu moño, con tu cardado, con tu melena, con tu rapado… Somos esa fuerza imparable, que muchas veces tropieza con una roca inamovible. Y aún así, seguimos adelante.

Fue una mujer la que me enseñó a lidiar con la discriminación que sufría por ser la única niña en el patio que se divertía con un balón en los pies. Fue una mujer la que me curó las heridas del subconsciente, cuando no encontraba las palabras suficientes. Fue una mujer la que confió siempre en mis ambiciones y me empujó a diferenciar los monstruos de los molinos de viento. De mi abuela aprendí que no importa cuánto se alargue la lucha, una tiene que pelear hasta que se le nublen los ojos. De mi madre, que ser valiente y fiel a una misma es el mayor legado que le podemos dejar a nuestras hijas.

Queda tanto por hacer que, quizá, no sepamos ni por dónde empezar. Pero al menos sabemos que queremos. Sabemos que podemos y que, si nos dejan y nos ayudan, lo conseguiremos.

No importa que vayamos descalzas si el viento nos ayuda a ondear nuestras banderas.

A todas las mujeres de mi vida. Gracias.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

1 Comment

1 Comment

  1. Carlos Ruf

    08/03/2018 at 02:56

    Bravo Irene ❤️❤️❤️ Me ha encantado! Gracias!

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