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Tenis

Tomeu Salvá: un puente entre Nadal y Munar

Hoy el mejor amigo de Rafa es uno de los entrenadores más destacados de su Academia, donde guía a uno de los pupilos más aventajados, Jaume Munar.

Hay amistades tejidas con el cordaje de la raqueta. Capaces de sobrevivir al éxito y a las decepciones, al paso del tiempo y a los cambios de rumbo. Son amistades forjadas en los reveses de la vida y también en los golpes ganadores. Son ese tipo de relaciones como la trenzada por Rafa Nadal y Tomeu Salvá alrededor de una pista de tenis, en un intercambio de bolas que aún perdura. Poco importó que en su momento a Tomeu se le rompiera una cuerda. Aquello no le iba a hacer abandonar su raqueta, ni su pasión, pero sí encontrar nuevas formas de disfrutar del tenis. Hoy el mejor amigo de Rafa es uno de los entrenadores más destacados de su Academia, donde guía a uno de los pupilos más aventajados, Jaume Munar. Tomeu también nos guía a nosotros, a A LA CONTRA, en un viaje que arranca en Nadal y culmina en Munar con él como puente entre ambas orillas.

Tomeu Salvá (Cala Millor, 1986) empezó a jugar al tenis a los cinco años. Una raqueta fue el regalo estrella de aquel cumpleaños y si a ello añadimos que la familia vivía al lado del Club de Tenis de Can Simó en Mallorca, el destino parece marcado. Creció pegando raquetazos en las Islas Baleares hasta que a los 15 años se marchó a Barcelona para entrenar en las instalaciones de la Federación Española. Para entonces ya era amigo de un tal Rafa Nadal, zurdo como él, con el que solía formar pareja de dobles y compartir viajes en el coche familiar. Unas veces conducían los Nadal, otra los Munar camino de la Escuela Superior del Gobierno Balear, donde se pulían ambas promesas. “Gran parte de lo que sé como tenista lo aprendí en ese tiempo, me sirvió para mucho compartir todos esos años junto a Rafa, viajar con él, competir con él, jugar los mismos torneos…, fue una gran experiencia”, reconoce hoy Tomeu.

Mientras aquellos niños se convertían en adolescentes y la madurez les alcanzaba en una pista de tenis, la sala de trofeos crecía. Las expectativas, también. Tomeu se proclamó Campeón de Europa en categoría cadete y de España en junior. Junto a Nadal fue campeón de Europa y del Mundo en casi todas las categorías en dobles. En individuales sus caminos solían cruzarse en la final y allí la privilegiada cabeza de Rafa empezaba a inclinar la partida. Su explosión fulgurante y el prematuro salto a la élite de Nadal terminaría separando sus caminos. Aquello iba a minar el desarrollo de Tomeu aunque los efectos todavía tardarían unos años en hacerse visibles.“Fue un problema de motivación, de presión. No aguanté mucho en esos momentos la presión. En aquel momento yo también tenía el espejo de Rafa. Tenía claro que quería llegar al Top-100 siendo joven, no quería estar muchos años arrastrándome para conseguirlo, quería hacer otras cosas en la vida. Creo que esa envidia muy positiva con respecto a Rafa, porque al final estamos hablando de mi mejor amigo, es lo que hizo que yo me presionara mucho más. Así lo veo ahora”, confiesa Tomeu.

Ese punto y aparte en su vida llegó a los 21 años, aunque para él fueran unos puntos suspensivos. “No fue una retirada definitiva. Antes del verano me di cuenta de que tenía que parar y volví a Mallorca porque yo entonces entrenaba en Barcelona. Recuerdo que Rafa me consiguió ser el sparring de Ana Ivanovic, que en aquel momento era la número 1 o 2 del mundo y que tiene una casa aquí, en Mallorca. Empecé entrenando con ella y aquella experiencia me gustó bastante”, rememora Salvá, antes de dar el paso definitivo en su cambio de rumbo: “Al final de ese verano, en septiembre la federación balear de tenis me propuso entrar en el proyecto, trabajar con ellos formando a chicos y chicas y ver que tal”. Esa decisión le aclaró las ideas y despejó la bruma que se había instalado en su camino. La enseñanza se convirtió en la autopista hacia el futuro.

Ahora Tomeu ya sabe lo que se siente dentro y fuera de la pista, consciente de que en ambos lados se disfruta y se sufre por igual: “No soy yo el que juega pero tengo la misma ilusión por que los chicos consigan sus objetivos. Siento que estoy dentro de la pista cuando los veo competir, cuando los veo entrenar, cuando el trabajo es positivo, o cuando sienten lo mismo que sentía yo cuando jugaba, tanto las alegrías como las decepciones cuando no salen las cosas”. Tras más de una década formando a jóvenes tenistas asegura que no daría marcha atrás, que no se arrepiente de ver la red desde un costado. Mucho menos de haber aceptado la invitación de Nadal cuando lo reclamó para su Academia. “Poder tener una Academia como esta en casa, en Manacor, no hay nada más bonito. La ilusión es máxima de formar parte de este proyecto. De hecho hay muchos entrenadores que nos preguntan por el trabajo que hacemos aquí”.

La pelota no deja de volar por encima de la red en la Academia, ni en esa isla, tierra de campeones desde que Moyá mostrara el camino y Nadal, reencarnado en Sísifo subiera la montaña del triunfo una y otra vez. La saga continúa hoy con Jaume Munar, también mallorquín, pero al que nadie quiere llenar la mochila de piedras. “Jaume ha conseguido un objetivo importante, que es estar dentro de los 100 mejores del mundo. Pero hay que saber que queda mucho trabajo por delante, mucho que mejorar y no tenemos que etiquetarle como el próximo Nadal”. A los 21 años, los mismos que tenía su entrenador cuando saltó de las pistas al banquillo, Munar ha alcanzado el mejor ranking de su trayectoria profesional. Tras año y medio entrenando en la Academia de Rafa Nadal donde llegó siendo el 300 del mundo, esta temporada subió hasta el puesto 75. Hoy es el 81. Aunque más allá de números el premio a la temporada fue su presencia en las Next Gen. “Fue una experiencia muy positiva en la que aprendimos más allá de los resultados -alcanzó las semifinales- y sobre todo una motivación para superarse”, revela Tomeu.

El entrenador nos descubre a su pupilo, al que define como “extremadamente competitivo, diestro con un buen servicio y que se desenvuelve bien en la red”. Munar tiene las ideas muy claras y sus rivales ya saben que “no afloja en función del resultado, esa es principal fortaleza”. Tomeu nos remite al carácter y al aspecto mental de Munar como uno de las bazas más entrenadas: “Trabajamos tanto para cuando las cosas vayan bien como mal, para que siga con las mismas ganas, con el mismo respeto a los entrenadores, con más ilusión por seguir evolucionando. Este trabajo es muy importante, porque cuando un jugador empieza a ganar se empieza a priorizar otras cosas, la calidad del día a día baja porque los objetivos ya se han cumplido, porque la gente me dice que soy superman. Es lo de siempre, cuando a un jugador tan joven le empieza a ir bien y te ganas la vida con el tenis hay que saber gestionar todo eso”. Tomeu no solo es su entrenador, también es un cable a tierra para Munar.

Para este próximo año Salvá solo pide a Jaume que siga evolucionando, después de hacer dos segundas rondas en Grand Slam en 2018 (Roland Garros y US Open), para mantenerse en el Top-100 y con buenos resultados ascender en el ranking. “Tenemos muy claro que si Munar no evoluciona en cosas que son muy básicas para estar arriba va a costar mantenerse ahí, somos muy consciente de eso, pero bienvenido Jaume al club de los Top-100, y a seguir con la misma exigencia y con la misma ilusión para estar en lo más alto”. En esa escalada a la cima del tenis mundial toda ayuda es poca y Munar cuenta ahí con otra baza impagable: “Lo que es muy positivo es que Jaume pueda convivir aquí con Rafa, pueda compartir tiempo con él, aprender, crecer, entrenar y escuchar consejos de Nadal es algo muy positivo”. El ejemplo y los valores de Nadal son una master class diaria para Munar, un lujo en ese tiempo en el que uno debe ser una esponja, más aún si el que está al otro lado de la red es tu ídolo. “Nadal está muy interesado en él no solo porque sea mallorquín sino también porque está cerca de ingresar en el mismo circuito que Rafa”, concluye Tomeu.

Aunque con Rafa aprenden todos. También Tomeu, que esta temporada ha sido incluido en el staff técnico del manacorí, acompañándole incluso a algunos torneos junto a Carlos Moyá y Francis Roig. “Esa experiencia sirve de mucho. Siempre digo que se aprende más de Rafa que lo que los entrenadores pueden enseñarle a él. Todo lo que vives con él lo aplicas con los chicos de la Academia y con Jaume en particular”. Poco le importa al entrenador tener que desdoblarse para seguir las andanzas de su mejor amigo por un lado y su pupilo por otro, siempre con una raqueta de por medio.

Lo que no ve tan claro es que su amigo Rafa siga sus pasos y una vez retirado se convierta en entrenador. “A día de hoy no se lo plantea porque tiene otros objetivos. Está centrado en su carrera pero no lo descartaría en el futuro, por su pasión hacia el tenis. A veces salen oportunidades, mira Carlos (Moyá), mira que relación tan bonita con Rafa y qué manera de cerrar el círculo de sus carreras”. En esos círculos también empieza a colarse Jaume Munar, el alumno más aventajado de su Academia, que escribe los primeros renglones de su historia. El inicio de un camino confluye con el final de otro con Tomeu como testigo de excepción. Aprendiendo con Rafa, enseñando a Munar y proyectando el futuro en la Academia. Solo así el espíritu de Nadal pervivirá en una pista de tenis. No hay mejor legado.

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