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Alaphilippe, vencedor en el Grand Bornand, su primera victoria en el Tour. CORDON PRESS

Tour de Francia

Tostón alpino

Sky dominó el grupo y nadie quiso ni molestarles. El único interés estuvo en ver la exhibición de Alaphilippe, que ganó la etapa y es líder de la montaña.

Esta misma mañana salían unos datos terribles sobre las audiencias en el Tour de Francia. En un primer momento se ha achacado al Mundial y a Wimbledon, pero lo cierto es que no sorprenden con esto del ciclismo moderno. Y si encima alguien había pensado en reengancharse aprovechando la primera etapa de los Alpes, seguramente no vuelva a interesarse por la carrera. Nadie en su casa entendió que en un encadenado final durísimo camino de Le Grand Bornard no se intentara poner en aprietos al equipo Sky, que gobernó la etapa sin ningún tipo de inquietud. Menos mal que nos pudimos agarrar a Alaphilippe, que ofreció un recital de ciclismo impresionante, apuntándose la etapa y el reinado de la montaña.

Solo se observó un pequeño ataque de Daniel Martin, que sirvió para ver las carencias de Majka, de Zakarin, de Mollema, de Urán e incluso de Valverde, que se salvó porque el arreón llegó prácticamente en la cima de la Colombière. En una etapa ideal para buscar movimientos de equipo, todos se dedicaron a ir detrás de Sky, mostrando un respeto reverencial que no se entiende de ninguna forma. El guion del Tour se empieza a parecer al de cada año de reinado británico. Esperemos que solamente sea un espejismo.

 


Alaphilippe, el nombre del día


Por la etapa solamente hubo la pelea que quiso Alaphilippe. Cuando el francés vio que era el momento de ganarla, la ganó. Dejó que el resto especulara por delante, que se pegaran y que se dejaran ver, pero cuando vio que Taaramae amenazaba su gloria, se fue a por él y no hubo más que hablar. Lo cazó, lo dejó y se dejó la Colombière para su exhibición particular. No es un escalador nato, pero disimula sus pocas carencias con una clase y un talento de los que no existen. Ion Izagirre, último ganador español en el Tour en 2016, fue de menos a más y acabó en segunda posición.

Y el otro gran nombre propio del día fue el de Van Avermaet. Con el maillot amarillo en la espalda se metió en la numerosa fuga del día y no solo salvó el liderato, sino que aumentó la diferencia y soñará con llegar a Alpe D´huez como primer clasificado. Está demostrando un carácter que les falta a los aspirantes a ganar el Tour de Francia. Y todo eso después de saber que será el líder de la estructura que se ha hecho con el patrocinio de BMC, la marca polaca CCC. Estos ya estarán brindando con cava de verlo tan presente en la mejor carrera del mundo.

 


Glières, desaprovechado


Antes de todo esto, también se desaprovechó el impresionante paso por Glières, una subida durísima, la primera de categoría especial de la carrera, en la que no hubo nada más que el mencionado trote habitual de los Sky, como si fuese un ogro a quien no se puede molestar. Asomó Sunweb y Movistar, pero el blanco de los británicos los echó para atrás. Hay que entender que el ciclismo moderno va de esto, de molestar lo menos posible, de no hacer mucho ruido. Nadie se inmutó ni cuando pinchó Froome, a quien se esperó con rigurosidad, como esos fieles que en la Iglesia esperan la aparición del párroco.

En un escenario donde se dilucidó parte de la Segunda Guerra Mundial, lo mejor que se vio por sus rampas fue el espectáculo que montó la organización del Tour, que ofreció un simulacro de lo visto en su día. Como si ya se supiera que los grandes iban a pasar desapercibidos, la carrera nos mostró a los figurantes en la cuneta y todos pudimos echar un vistazo a la Wikipedia, tratando de entender qué sucedió allí aquel día de 1944 cuando se produjo un enfrentamiento entre los “maquis”, apoyados por el Reino Unido, y las fuerzas de Alemania y la Francia de Vichy. Aquello tomó un cariz de mini Guerra Civil Francesa.

Si son capaces de imaginar aquello, en el Tour sucedió lo contrario. Solamente el fugado Alaphilippe, como si de un presagio se tratase, se dejó ver ofreciendo un recital actoral que nos recordó a los tiempos de Richard Virenque o Thomas Voeckler. Y desde ahí hasta el encadenado final de Romme más Colombière se vio tanto ciclismo de primer nivel como en la carrera del pueblo de mi vecino.

 


Mañana, segundo día de Alpes


Para este miércoles la carrera se ha guardado su primer final en alto, en la Rousière, un puerto más tendido que duro. Sin embargo, hasta llegar ahí habrá que pasar el Montée de Bisanne y el Col du Pré, dos ascensos fuera de categoría y que son durísimos. Será un segundo test de máxima dificultad. Y será el día previo al gran coloso alpino, Alpe D’Huez.

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