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Fernando Llorente celebra un gol que vale un pase a semifinales. CORDON PRESS

Champions

El Tottenham reina en el mejor partido de la Champions

El City ganó 4-3, pero cayó eliminado por el valor de los goles en campo contrario. Fue una noche mágica de fútbol europeo.

La noche comenzó extraña en Manchester. Apenas unos segundos después de que el árbitro pitara el comienzo del partido, Mendy mandó la pelota fuera porque no se encontraba en buenas condiciones. El esférico, no él… cosa que tampoco hubiera sido de extrañar atendiendo a su innumerable historial de lesiones. Si hubiera que explicar la forma de entender el juego de Guardiola con una imagen, esa sería la de un balón de fútbol. Hoy ese mismo balón corrió sus primeros metros estropeado. No servía para el partido. Tal vez fuera un presagio de lo que se avecinaba en Manchester.

City y Tottenham nos regalaron la mejor primera mitad de esta Champions. No por los veinte últimos minutos, que respondieron a lo que más o menos cualquier aficionado esperaba: unos sky blues con el control de la pelota y unos spurs saliendo raudos a la contra. Los veinte minutos finales fueron aburridos porque los veinticinco iniciales fueron apoteósicos. La mejor prueba de por qué el fútbol es el deporte rey. Fue un carrusel de estímulos no apto para personas emocionalmente inestables. Dos equipos que parecían haber sustituido a los que una semana antes vimos en el Nuevo Hart Lane. La pelota era para reventar la red y no para sobarla. Los goles de la primera parte fueron, tomen aire, por este orden: Sterling, Son, Son, Bernardo y Sterling. Para describir los cinco tantos se necesitaría una crónica aparte… Por esa razón vamos a destacar el segundo del atacante surcoreano. Un disparo cruzado digno del que va camino de convertirse, sino lo es ya, en el mejor jugador asiático de la historia. El City llegó a necesitar tres goles para plantarse en las semifinales. Fue un nadar contra corriente constante.

La previa de la vuelta de cuartos entre City y Tottenham había estado marcada por las ruedas de prensa de Guardiola. Nada más perder por la mínima en Londres dijo que a veces era mejor perder por 0-1 que empatar 0-0. Viendo la primera mitad, queda claro que a veces da exactamente lo mismo ganar, empatar o perder. Aunque tampoco descubriremos la pólvora al decir que es muy preferible lo primero. A propósito de lo de ganar, unos días después de aquella controvertida declaración, Guardiola volvió a sorprender a los periodistas al asegurar que los sky blues le habían firmado para jugar como lo venían haciendo en la Premier y no para ganar la Champions. Una forma evidente de quitarse presión.

El técnico catalán se dejó de ver fuera de la Champions hasta que el Kun Agüero reventó las redes de Lloris a falta de media hora para el final. Un diez argentino volvía a salvar a Guardiola cuando más lo necesitaba. Una reminiscencia del pasado muy curiosa que hacía pensar que el partido podía discurrir por otros derroteros. El Tottenham necesitaba un gol y lo encontró gracias a la valentía de Pochettino. En la primera mitad, Moussa Sissoko cayó lesionado y el técnico spur, en lugar de dar entrada a un jugador de perfil defensivo para salvaguardarse de la que estaba cayendo, introdujo a Fernando Llorente. Al partido sólo le faltaba el VAR. El videoarbitraje concedió un penalti a favor del City en la ida. En la vuelta fue un gol del delantero riojano, que dio la sensación de rematar con la mano a la salida de un córner. Lo mejor, eso sí, estaba por llegar.

Sterling hizo estallar la locura en el Etihad con un gol en los últimos segundos del descuento. El hat-trick del extremo inglés provocó una celebración de Guardiola muy similar a la que en su momento realizó cuando Iniesta fusiló a Cech en Stamford Bridge. En el momento de mayor euforia para los sky blues, el VAR anuló la jugada por un fuera de juego previo. De hecho, el árbitro no tuvo ni que revisarlo. Fue una decisión rápida. La muerte de los citizens fue sin tensión. La noche se merecía un broche así, aunque este fuese extremadamente cruel para los locales. Las victorias de esta forma tienen un sabor mucho más dulce. Al final cayó eliminado el City, pero fue una derrota superficial en comparación con la que sufrieron los que no vieron el encuentro porque tenían cosas mejores que hacer. Ellos fueron los verdaderos perdedores.

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