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Totti, el ídolo absoluto de la Roma que dijo no al Madrid. / Foto: Insidefoto/Cordon Press

Fútbol

Totti, reencuentro con el pasado

Il Capitano volverá a pisar el césped del Olímpico para el enésimo homenaje, mientras el recuerdo de una vida en blanco sobrevuela su mente, con Florentino como espectador de excepción

El tiempo se detuvo en Roma hace varios siglos. Y así ha conseguido ser eterna por más que las manillas del reloj hayan seguido girando. Hubo un momento en que Francesco Totti fantaseó con imitar a la ciudad que tanto ama, congelar el tiempo y su clase, para seguir levantando al Olímpico a base de goles y pases imposibles, en un continuo día de la marmota que Il Capitano aderezaba con declaraciones de amor por otros medios, fuera del terreno de juego: “Roma para mí es el mundo, Este club, esta ciudad han sido mi vida. Siempre”, acertó a decir en su despedida cuando el coliseo romano contemporáneo se quedó pequeño en su adiós. Esa historia de amor eterno vivirá esta noche un nuevo capítulo cuando Totti salte al campo. Será un nuevo homenaje, con el morbo añadido de lo que pudo ser y no fue.

 

 

Totti ya no juega en la Roma, por más que su presencia en el estadio o en la ciudad que le vio crecer sea constante. Poco importa que la última vez que vistiera de corto fuera el 28 de mayo de 2017, día en que el futbolista traspasó la línea de la mitología. Si aquella tarde la camiseta del 10 poblaba la grada, hoy sigue siendo la más vendida en las tiendas mientras que su rostro o su figura puede verse al pasear por las calles de la Ciudad Eterna. Totti sigue celebrando los goles en un callejón de Via Della Madonna dei Monti, te observa desde ese mural inmenso situado en el barrio de San Giovanni, o defiende con su figura la historia de un grande amore, el suyo por unos colores, que unos y otros se han encargado de inmortalizar o de emborronar a base de pintura y graffitis. Cuestión de rivalidad capitalina.

Y es que nunca imaginó el hijo de Enzo y Fiorella, criado en Via Vetulonia, en el humilde barrio de San Giovanni, donde todo quedaba a mano, desde el colegio hasta la pista del Fortitudo en el que dio sus primeras patadas a un balón, que un día dominaría esta ciudad milenaria. Francé (como le llamaban todos en Vetulonia) lo haría, balón mediante, a partir de los 16 años cuando debutó con la Roma. Corría 1993 y aquel adolescente rubio, imberbe y endeble, empezaba a construir un reinado de 25 años. El trequartista por excelencia del siglo XXI había dado el salto soñado, ese que le llevó de la grada al centro del campo del Olímpico de Roma, pasando de tifosi a giocatori (de aficionado a jugador) para ascender todos los escalones del ilustre One Club Man.

Entre medias la figura de Francesco se agrandó a base de goles marca de la casa como sus cucchiaio y un carácter que representaba todo lo romano, al más puro estilo Alberto Sordi, con el que devolvió la grandeza a la entidad de la loba. Su palmarés nunca estuvo a la altura de su calidad por mucho que lograra ganar la Serie A con el club de sus amores, además de dos copas italianas y dos supercopas. Vestido de giallorossi fue también Capocannoniere del Calcio y Bota de oro europea (2007) y nadie ha vestido más veces el escudo de la loba capitalina sobre el pecho (787 ocasiones). Aquellos primeros años del 2000 conocieron el esplendor de su fútbol y su nombre merodeó la cima del balompié. “Ahora mismo, el mejor jugador de Europa es Totti”, dijo Pavel Nevded a finales de 2003, apenas unas semanas antes de que el checo fuera coronado con el Balón de Oro. Los premios individuales, lastrado por los puntuales éxitos colectivos, también le regatearon.

Con su sonrisa burlona y su romanesco (dialecto del italiano hablado en Roma) terminaría dando calabazas a sus muchas novias. El AC Milan de Berlusconi o el Real Madrid de Florentino fueron los equipos que más ramos de flores le enviaron. Un sueño imposible para los dos gerifaltes que por una vez vieron como su dinero no podía comprar un sentimiento: “Había una oferta muy importante del Madrid en 2004, pero decidí renunciar a los títulos para vestir siempre una única camiseta. Esto era lo que más me importaba. Al final, en cambio, recibí amor y pasión, que para mí fueron más importantes que ganar copas en otros sitios. Puse a la Roma por delante de todo”. Así rememoraba Francesco en una entrevista con Sky Italia una de las decisiones más comprometidas de su vida, sin duda la que terminó de convertirlo en emblema de una ciudad milenaria, en una figura poliédrica en la que cabe igualmente el perdedor simpático y el multimillonario solidario.

Tiempo después, en la segunda etapa de Florentino Pérez al frente del Real Madrid, presidente y jugador volverían a encontrarse. Fue en abril de 2016, en la que a la postre sería la última visita de Er Pupone (conocido así por su manera de celebrar los goles, chupándose el dedo, dedicándolo a sus hijos) al Santiago Bernabéu como jugador. Aquella noche la hinchada blanca le mostró su admiración con una sonora ovación al ser sustituido. Era también un flashback, de lo que pudo ser su vida y no fue. Pero no acabarían ahí las emociones. Después del partido Florentino Pérez le pediría una camiseta a Il Capitano y cuando este se disponía a estampar su dedicatoria sobre la zamarra, el presidente merengue añadió un matiz: “Me pidió que escribiera que soy ‘el único jugador que me ha dicho no a fichar por el Madrid”. Y eso hizo Totti, orgulloso y sin ningún atisbo de arrepentimiento.

Con más nostalgia y una camiseta distinta saltará esta noche al Olímpico. Una camiseta giallorossi especialmente confeccionada para la ocasión, en lo que será el enésimo homenaje a Francesco. Desde la Curva Sud volverán a emocionarse con su ídolo, a levantar la pancarta que resume su vida: “Se escribe Totti… se lee Roma”, con la que le darán la bienvenida en el salón de la fama del club. Il Capitano engrosará una lista que ya cuenta con 27 integrantes, mientras tanto Florentino aplaudirá en el palco a uno de sus pocos amores imposibles. Porque la fidelidad fue el gol más celebrado por Totti, el que posiblemente lo convirtió en leyenda y contradijo a su vez lo dicho en La Gran Belleza, la genial cinta de Paolo Sorrentino que tiene lugar en la Ciudad Eterna: “En Roma no puedes destacar sobre los demás más de una semana. Después te llevan de vuelta a la zona de los mediocres”. Ni siquiera retirado ha pisado Totti ese banquillo.

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