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Tour de Francia

El Tour también se echa la siesta

Gaviria firma su doblete ante Sagan en una jornada tranquila donde no hubo más noticia que esa. Van Avermaet sigue de amarillo en la Bretaña francesa

Esta vez ni las caídas ni los nervios finales nos evitaron dar una pequeña cabezadita viendo la etapa. Fue complicado resistir con los ojos abiertos las tres horas de retransmisión, con un guion más claro que el de las comedias estadounidenses. Aquí no había enamorados, ni peleas a mitad de metraje, ni el final feliz en la iglesia. Aquí había cuatro soñadores escapados que rezaron y pedalearon al límite para ser cazados a un suspiro de la meta, cuando el pelotón ordenó que era momento de empezar a jugarse el sprint. Los velocistas tomaron el control y Gaviria repitió triunfo ante Sagan y Greipel en Sarzeau.

Con las piernas todavía temblorosas por la exigencia llevada a cabo en la contrarreloj por equipos de este lunes, los corredores aceptaron de buena gana el primer intento de fuga en el banderazo de salida. Nadie puso un reparo a su marcha y todos empezaron a hacer sus primeras necesidades sin rubor alguno. Desde ese momento y hasta el final el Tour nos regaló majestuosos castillos, preciosas instantáneas de la incomparable Bretaña francesa y un desenlace que por esperado no dejó de resultar interesante cuando los sprinters se cogieron rueda unos a otros para decidir el ganador de esta cuarta etapa de la carrera.

Zakarin, único damnificado del día

En el grupo principal estaban todos los importantes, o casi todos según cada cual considere a Ilnur Zakarin, que se dejó un minuto en meta debido a una caída que se produjo a cinco kilómetros de la misma. En ella se enredaron también Rigoberto Urán y Mikel Landa, pero salvaron el contratiempo sin mayor susto que el de un buen calentón a las piernas. El ruso no lo pudo solucionar, con un equipo más pendiente de llevar a Kittel delante que de perseguir con él por detrás. Al final, Zakarin perdió tiempo y el velocista alemán solo pudo mirar como Gaviria se imponía a Sagan y Greipel. No habrá demasiadas risas en la cena de esta noche.

No hubo más noticia que esa este martes. Van Avermaet aguantó sin apuros el amarillo y los líderes dejaron pasar el día ahorrando fuerzas. Ahora vienen dos jornadas que se intuyen importantes, no por la dureza, pero sí por esa guerra de nervios que siempre producen las etapas estilo clásica, con cotas duras y explosivas y descensos rápidos y peligrosos. Son dos días en plena Bretaña, mañana camino de Quimper con cinco puertos, de tercera y cuarta categoría, en los kilómetros finales. No quiero ilusionar a nadie, pero no pierdan de vista el maillot de Movistar, que un murciano de conocido nombre puede haber puesto una cruz en una de estas dos etapas. Y el que avisa no es traidor.

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