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Primoz Roglic I CORDON PRESS

Tour de Francia

Landa buscó su historia de amor y Roglic la encontró

El español usó el Tourmalet como lanzadera, pero no tuvo una gloria que recayó en el bravo esloveno. Thomas tendrá su foto en París.

El Tour de Francia recuperó su esencia en el sprint final de la carrera. El Tourmalet pidió paso desde lejos y la valentía apareció de entre sus sombras. Landa buscó una hazaña propia de otro tiempo, pero le salieron enemigos de debajo de las piedras. Ante la escasa amenaza que representaba para Sky, Lotto Nl Jumbo pasó a defender el puesto de Kruijswijk y eso mató las opciones del vasco por la general y su ilusión por la victoria en la mejor etapa de la carrera. El ciclismo de antaño aterrizó en Pirineos y Roglic, el hombre más fuerte a día de hoy, aprovechó su portentosa capacidad subiendo y su inmensa habilidad bajando, donde cimentó su triunfo de etapa.

Antes del descenso hacia Laruns, pasaron un millón de cosas por el medio. Hubo una fuga de salida formada por un parón de Geraint Thomas que se interpretó como una orden más que como una necesidad. Esto enfadó a Katusha, que no llevaba a nadie, y todos en bloque se pusieron a tirar del pelotón. Así, entre los escapados y el pelotón apenas había tres minutos cuando amenazaron las primeras rampas del Tourmalet, el gran coloso del día. Y fue ahí donde Mikel Landa quiso pedir perdón por su irregular Tour. Sin mirar atrás y aprovechando que tenía por delante a Bennati y Andrey Amador, inmenso en su trabajo como gregario, se marchó para delante con la compañía de Romain Bardet y Rafal Majka.


A Landa le sobraron enemigos


Landa siempre quiso más y buscó redimirse con la carrera en su día grande. A falta de setenta kilómetros de la meta todos habíamos entendido que estábamos ante la gran etapa del Tour 2018. Y así fue hasta el final, porque por primera vez en mucho tiempo se probó de verdad al equipo Sky. Eso llegó de la mano de Primoz Roglic, que ya tiene dos etapas en la carrera, y de Tom Dumoulin, un corredor admirable, que ofrece siempre todo lo que tiene. En el tiempo del hater y el odiador en las redes sociales, no encontrarán una crítica sostenida sobre el holandés, nacido en una época complicada, sin contrarrelojes en las que podría destrozar estas carreras, como lo hacía Induráin en sus tiempos.

De Thomas no hubo noticias porque no las provocó. Con dos etapas en el bolsillo y liderando con dos minutos, se limitó a sostener la carrera con la entereza que lleva mostrando todo el Tour. Nunca se inmutó, nunca perdió la calma y no dejó un metro libre entre Dumoulin y él. Así como Froome tuvo que recurrir a Bernal para salvar el día entre los mejores, el galés se bastó por sí mismo. Su Tour 2018 es de matrícula de honor y salvo catástrofe histórica mañana solventará la carrera con autoridad, sin un día malo, sin una mala cara. Ha esquivado caídas, pinchazos y días malos. Su triunfo es inapelable.

En el otro lado de la balanza estuvo Nairo Quintana. Es imposible pensar en su mal rendimiento sin la caída de ayer. Vista su exhibición en el Portet, lo de este viernes ha sido inexplicable. Tuvo una crisis gigantesca, que le hizo perder más de siete minutos. Serán días complicados en Movistar, sus dos líderes han naufragado en la carrera, ambos se han caído y además se ha utilizado bastante mal la figura de Alejandro Valverde, que ha puesto intención y ganas por sus compañeros, pero ninguna estrategia ha funcionado. Se van con la controvertida clasificación por equipos y esa victoria de Quintana que sabe a muy poco. Ni siquiera han tenido opciones reales de pelear por el podio.


El Tourmalet dio vida al Tour


El Tourmalet y el Aubisque pusieron a cada uno en su sitio. Demostraron que Thomas era un líder tan sólido como sospechábamos, que Roglic y Dumoulin estaban para dar algo más que un susto a Sky, que Froome ha terminado pagando los sobreesfuerzos y que Movistar quería más que podía. Esto también sirvió para corroborar que hacen falta más kilómetros contra el reloj, que sobran finales en alto y que los grandes puertos se pueden poner lejos de meta. El Finèstre en el Giro y el Tourmalet en el Tour han regalado los dos mejores momentos de ambas carreras. Que reflexionen los que mandan.

Para mañana quedan 31 kilómetros contra el reloj que no deberían mover el podio. Dumoulin será el gran favorito, aunque cerca suyo está ya Roglic. A los Sky se les espera a continuación y a especialistas como Küng o Bodnar en la pelea. También habrá que ver a Sagan, que después de su caída está pasando los peores días profesionales de su vida. Entre Lourdes y Laruns pasó un día de perros, solventado por un fuera de control amplísimo debido a la longitud de la etapa.

El Tour agoniza y Thomas ansía ya su foto en París. Y la tendrá.

1 Comment

1 Comment

  1. Rafa

    28/07/2018 at 13:22

    Buena crónica,esa es la verdad. Aun así, le insisto en repasar la cuestión de los posesivos con los adverbios. «Cerca suyo» es expresión inaceptable, y me temo que no ha sido la primera en este tour.

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