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Trashorras: “No debería de haber fichado por el Madrid”

Tras casi ocho años y 219 partidos, el excapitán del Rayo lamenta el abrupto punto y final que tuvo su carrera. Algo que no le impidió animar “como uno más” el día del ascenso cuando ya estaba fuera del equipo. Ahora el gallego encara el fútbol desde otras perspectivas.

Con ese espíritu aventurero tan propio de los gallegos, Roberto Trashorras (Rábade, Lugo, 1981) zarpó muy joven de casa. Su timón sería siempre la pelota y pocos sitios como La Masía para arribar a buen puerto. Atrás dejó las meigas y nada más llegar a la Ciudad Condal le bautizaron como La Brujita. Su fútbol, sin embargo, siempre tuvo poco de misterio: cabeza alta, toque exquisito y visión de juego en modo gran angular para descifrar los espacios. El suyo, su lugar en este mundo, lo encontró en Vallecas, donde descubrió que la vida pirata es la vida mejor: “Todas mis virtudes salieron a la luz”. Con la franja cruzando el pecho vivió los mejores momentos de su vida futbolística, también los más amargos. Ahora se empeña en pasar página, con las botas recién colgadas, y en explorar el universo que gira alrededor del balón. En A LA CONTRA nos citamos con él en el barrio, en Vallecas, para desde la atalaya de la retirada descifrar su trayectoria a base de paredes.

—En Barcelona, al poco de llegar, le empiezan a llamar La Brujita por su parecido a Juan Sebastián Verón. ¿El listón estaba alto, no cree?
—Al principio era gracioso, sobre todo por la época en la que fue. Me lo puso Edu Polo en Barcelona. Sí que tenía similitudes, me rapaba mucho el pelo. Lo llevaba muy cortito, me bajaba las medias como él y era un poco el jugador del momento. Me sacó esa comparación y me parecía sobre todo gracioso.

—¿Qué se aprende en La Masía?
—Yo lo aprendí todo. Los valores personales y humanos que te inculcan allí, y los deportivos. La Masía tiene una forma de trabajar muy específica, muy especial. Se nota quién ha salido de allí, por cómo juegas y cómo te relacionas con el balón, por lo que te inculcan y por la forma que tienen de ver el fútbol allí.

—Quizá muchos no lo recuerden pero usted llegó a debutar con el Barça. ¿En quién se fijaba entonces, quiénes eran sus referentes?
—Más que Rivaldo o Riquelme, que podía jugar en una posición más parecida a la mía y que eran los grandes jugadores del momento, la gente de la cantera nos fijábamos en otros jugadores. Mirábamos a gente como Guardiola o Xavi, que empezaba a jugar con el primer equipo. Sobre todo Guardiola, por lo que representaba, un chico joven que había pasado por todas las categorías inferiores del Barça, que era importante en el primer equipo, a nivel de jugador y a nivel de persona era un referente para nosotros.

—Aquellos eran tiempos convulsos en Can Barça, ¿cree que eso le perjudicó?
—Sí, está claro. Me perjudicó a mí y perjudicó a muchos otros jugadores que soñábamos con tener más continuidad en el primer equipo. Yo sí pude debutar y cumplir un sueño jugando en el Barça, pero no tuve la continuidad que esperaba. Quizá no era el momento adecuado, había mucho cambio de entrenador, también de presidente. El Barça no era el equipo que conocemos ahora, el estilo de ahora no estaba tan marcado porque bailaban mucho los entrenadores y se fichaba mucho jugador de fuera. Creo que todo eso nos perjudicó, a mi y a otros como yo.

—De ahí pasó al Real Madrid, pero nunca debutó con el primer equipo. Le ficha Valdano, pero no terminan de apostar por usted.
—Sí, fue un poco decepcionante. Mirándolo ahora con el paso del tiempo, después de jugar y haberlo dejado, pienso que esa decisión no fue la más acertada. Venía de jugar ya con el primer equipo del Barça y tendría que haber buscado otro equipo para seguir jugando en Primera división, más importante. No debería haberme metido en otro filial. Pero las circunstancias, el convencimiento de que iba a tener oportunidades en el primer equipo, me empujó a tomar esa decisión. Al final viví también situaciones bonitas, conseguimos un ascenso con el Castilla, pero no fue lo que esperaba, no fue la decisión más acertada.

—Hay que ser mentalmente muy fuerte para superar esos escollos y debe ser un varapalo pasar por las dos principales canteras de este país y ver que no tiene hueco, que no surge esa oportunidad.
—Aparte de la presión, lo más difícil es tener la cabeza en tu sitio. Es difícil para un chaval de 16, 17, 18 o 19 años jugar en un filial, eso conlleva tener más fama de lo normal, son chicos con dinero. Hay que tener la cabeza amueblada y el entorno es fundamental, para que te ayuden y estar tranquilo. Tu obligación tiene que ser centrarte exclusivamente en el fútbol, estudiar en lo que puedas, centrarte, en definitiva. Es muy fácil poder desviarte.

—Cuando sale del Madrid, ¿tiene la sensación de que su carrera va dando tumbos? Pasa de Soria a Las Palmas, tan diferentes para aclimatarse en lo futbolístico y en lo personal.
—Fue todo muy cambiante. Salí del Castilla y escogí el Numancia, fue un año bastante difícil. Luego aparece la opción de Las Palmas y desde el principio siento que es una gran oportunidad, una de las últimas para reengancharme al fútbol de élite. Había tenido un impás difícil en mi carrera y Las Palmas fue el empujón definitivo. Allí hago dos campañas muy buenas y me sirve para que me firme el Celta con un contrato de cinco años. Ese fue un momento importante en mi carrera.

—¿Tiene la sensación de que cuando vuelve a casa, a Vigo, llega más hecho, con total confianza en su juego y en sus posibilidades?
—Vuelvo a casa con la sensación de haber cogido el tren, de aprovechar esa gran oportunidad. Volvía a sonar mi nombre, estaba en boca de la gente. Es cierto que era una época complicada en el Celta, no era un equipo asentado como el de ahora, hubo también mucho cambio de entrenador, estábamos en Segunda y luchamos hasta por no bajar a Segunda B. No había esa tranquilidad necesaria para que todo salga bien. Fueron años difíciles.

—El proyecto, encima, estaba construido para subir a Primera cuanto antes.
—Sí, es verdad. Peleamos por el ascenso, jugamos contra el Granada y perdimos allí en los penaltis. Quizá si hubiéramos subido mi etapa en el Celta se hubiera prolongado. Influyó sobre todo esa falta de estabilidad. Sabíamos que ese equipo tenía que estar en Primera por historia y por potencial, era una presión añadida. Aunque también por eso fiche por el Celta, para crecer como jugador y ayudar al crecimiento del club.

—A Vallecas llega con 30 años. ¿Esperaba tener un rendimiento tan bueno y dejar prácticamente sus mejores años como futbolista en el Rayo?
—No me esperaba tener un rendimiento como el que he tenido en el Rayo. Firmo con la ilusión de volver a jugar en Primera y de tener una cierta estabilidad que me ha ayudado para demostrar todo lo que tenía por demostrar. Nunca esperaba estar tanto tiempo, han sido siete años en los que cinco y medio han sido espectaculares. En ese tiempo mi rendimiento y el del equipo ha sido muy bueno. Y eso a pesar del hándicap del descenso que provocó que el último año y medio lo jugara en Segunda. Para mí esta ha sido la etapa más importante de mi carrera.

—Encontró su lugar en el mundo, de eso se trata.
—En Vallecas es donde más he disfrutado del fútbol. Estos últimos años en Vallecas he podido desarrollar mi fútbol y todas mis virtudes han salido a la luz. El reconocimiento ha sido mayor y la forma de entender el fútbol que hemos demostrado en Vallecas me ha ayudado a todo eso, me venía mejor jugar como lo hacía el Rayo a como lo hacían en otros sitios. Ahí están los números y las estadísticas para respaldarlo.

—¿Cuando uno defiende la franja se siente más identificado con el club por la dimensión social que tiene y por ser el único equipo de barrio asentado en la élite? ¿Es eso un plus para el jugador?
—Es especial jugar en el Rayo, no digo ni mejor ni peor que en otros equipos. Pero sí es especial, por lo que conlleva jugar en este equipo, es un club familiar, muy arraigado al barrio, que tiene unos valores muy marcados y que son muy respetados por todos. Lo que se vive cuando eres jugador del Rayo, cuando vistes esa camiseta y sales a jugar al campo, es muy especial, es diferente a los demás. Eso provoca que lo que vivas aquí lo hagas de manera mucho más intensa a otros sitios y por eso marca tanto al jugador que pasa por aquí.

—Vamos, que en Vallecas uno vive pegado a la realidad, con los pies en el suelo.
—Sí, yo muchas veces cuando escucho a otros futbolistas que viven en una burbuja, que no están al corriente de lo que pasa en el día a día, que parece que viven en un mundo paralelo, no me siento identificado. Siempre he intentado tener los pies en el suelo, vivir muy cerca de la gente. A todo esto ayuda el haber jugado aquí, siempre hemos intentado estar cerca de nuestra gente, de la afición, ayudar cuando ha tenido problemas. Hablo por mí y puedo decir que nunca he vivido en un mundo paralelo, es cierto que tenemos más facilidades o más beneficios que otra gente pero también vivimos los problemas del día a día.

—¿Con qué futbolista se ha entendido mejor en el terreno de juego?
—En el Rayo, el primero que me viene a la cabeza es Piti. Y con gente con talento como Iago Falqué, Rochina, con Saúl o con Javi Fuego. Te podría sacar muchos jugadores, es difícil quedarse con uno. En realidad, he tenido la suerte de jugar con gente muy importante. Recuerdo que en Barcelona me sentía muy a gusto jugando con Iniesta, Xavi o Guardiola. Te hacían las cosas mucho más fáciles y sencillas. Era fácil jugar con ellos.

—Coincidió también con Aspas en el Celta, ¿ya se le veían cosas diferentes entonces?
—Sí sí. Iago fue uno de los que nos salvó, bueno, todo el equipo, pero en ese año que casi nos vamos a Segunda B él salió y marcó dos goles (2-1 frente al Alavés, temporada 2008/09). Sé que puede resultar oportunista decirlo ahora, pero entonces ya se le veía algo especial, pero es que es la realidad. Iago tiene una cosa que le hace diferente, que le hace destacar ante los demás. Es un jugador que tiene esencia antigua, de los que se crían en la calle, que son pillos, de los de barrio de toda la vida. Que sea capaz de hacer eso en un campo de fútbol a nivel profesional es lo que marca la diferencia. Y ya se le veía todo eso cuando subía al primer equipo, no era el típico jugador del filial que llega muy tímido a jugar con los mayores. Él jugaba como jugaba en la calle, si te tenía que tirar un caño o hacerte un sombrero te lo hacía, porque jugaba como se juega en la calle, con ese desparpajo del niño en la calle pero llevado a un campo de fútbol profesional.

—Con otro de los futbolistas con los que coincidió fue con Míchel, actual entrenador del Rayo. ¿Cambia mucho la relación cuando uno pasa de jugador a entrenador?
—Al principio no, sobre todo el primer año, que lo pasamos mal en Segunda y al final lo acabamos remontando. La relación fue muy buena, lógicamente con el respeto que se tiene entre entrenador y jugador, había mucha comunicación entre nosotros. El segundo año en Segunda empezó bien, pero con el paso del tiempo empezó a haber menos comunicación entre nosotros, él empezó a apostar por otros compañeros y la relación se enfrió. Yo no contaba mucho para él y se hizo más difícil.

—¿Qué es lo primero que se le pasa por la cabeza cuando se queda sin ficha en el Rayo el último día de mercado?
—Esa decisión al final me dolió porque pensaba y sigo pensando que las cosas se podían hacer de otra forma. Después de tanto tiempo, de siete años, de haber sido capitán, de haber jugado tantos partidos, el haber rescindido en febrero, a última hora, eso al final al que más perjudicaba era a mí. Quedarte en febrero sin equipo provoca que sea muy difícil entrar en cualquier otro, las ligas están ya muy avanzadas y el mercado cerrado. Eso lo hacía aún más complicado todo. A mí me hubiera gustado aguantar hasta junio y ayudar al equipo en lo que fuera, intentar dar la vuelta a la situación. En junio también hubiera tenido más margen de maniobra para buscar algún equipo. En el verano valoramos las propuestas que había, algunas de España y otras de fuera, pero no me convencían. Durante el verano la sensación de la retirada va cobrando cada vez más fuerza. Por eso llega un día en el que considero que lo mejor es comunicarlo y no alargar más la situación.

—¿Se queda con la espina de no haberse despedido con el Rayo en Primera?
—Por supuesto que me hubiera gustado despedirme con el Rayo en Primera. Cuando bajamos fue lo primero que me vino a la cabeza. Entonces pude irme a otros equipos de Primera, el Rayo lo sabe, y decidí renovar y quedarme porque mi idea era esa, volver con el Rayo a Primera y poner ahí la guinda para haberlo dejado. Las circunstancias no fueron así, el entrenador y la dirección deportiva no lo vieron así y fue una pena sobre todo para mí.

—¿Le decepcionaron muchas personas en este tiempo?
—Tengo la sensación de que las cosas se podían haber hecho de otra forma, de otra manera. Al final con el paso del tiempo intentas olvidarlo y quedarte con las cosas buenas. Me hubiera gustado tener una despedida más bonita, más emotiva, pero bueno, también hay que entender las circunstancias. Hay que aceptarlo y saber convivir con ello. He intentado pasar página.

—¿Cuál es el siguiente pase de Trashorras? ¿Hacia dónde quiere enfocar su nueva vida?
—Me gustaría seguir ligado al fútbol, es lo que he hecho desde muy pequeño. Tengo los títulos de entrenador, de director deportivo, de scouting, me he ido formando durante todo este tiempo para conocer más aspectos del juego. Me gusta también comentar partidos, que es lo que estoy haciendo ahora en la radio, pero voy poco a poco porque es un cambio brusco en mi vida. De repente pasas a no competir, no tienes las rutinas que tenía antes, pero quiero seguir enrolado en el fútbol, eso lo tengo claro. Veremos qué cosas van saliendo y qué es lo que más me ilusiona, no cierro ninguna puerta.

—¿En su nuevo rol como comentarista deportivo le cuesta criticar o analizar los fallos de los que hasta hace dos días han sido sus compañeros?
—Si lo haces desde el respeto, es entendible. Yo siempre he intentado llevarme bien con la prensa porque es importante y forma parte de este deporte. Mientras se sea crítico desde el respeto y no para hacer daño bienvenida sea la crítica.

—¿Se ha agobiado algún fin de semana por no tener ya que ir al estadio y saltar a jugar el partido?
—No es fácil dejar atrás las rutinas del futbolista. En mi caso soy muy competitivo, me gusta competir y jugar al fútbol, si no fuese así lo hubiera dejado mucho antes. A mí me gustaba entrenar, me gustaba ir a los entrenamientos, ver a los compañeros, porque me gusta el fútbol. Hay otros compañeros que a lo mejor no le gusta tanto el fútbol y se alejan de él cuando lo dejan. A mí me gusta y por eso no se lleva muy bien, intentas adaptarte a la nueva vida.

—¿Ha acudido ya a algún estadio como espectador?
—Sí sí, he estado en Vallecas como espectador. Sobre todo el año pasado, el día del ascenso estaba ahí. He visto fútbol en el Wanda Metropolitano también y al final te da un poquito de envidia sana, de no poder estar en el césped, no poder estar compitiendo. A cambio puedes ver el partido de otra forma y también me gusta. Puedes analizar cómo juegan los equipos, cómo se comportan los entrenadores, el estilo de juego de un jugador. La cabeza no para de pensar en fútbol, como ves.

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