¡Síguenos!

Política

Trump o el paradigma de lo antieconómico

A pesar de que ya han transcurrido casi tres años algunos no hemos conseguido asimilar que los Estados Unidos, principal pilar de la economía mundial, están dirigidos por un personaje que ha pasado de despertar nuestra comicidad a generar una enorme preocupación.

A Trump se le presupone, y eso es mucho presuponer, una exitosa gestión empresarial contrastada, pero nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que su fortuna, ya heredada parcialmente, ha tenido vaivenes múltiples con orígenes en gran medida especulativos y, en definitiva, una gestión manifiestamente mejorable.

Pero el gran error, el despropósito mayúsculo, es querer extrapolar este supuesto éxito desde la gestión microeconómica a la macroeconómica, es decir, dar por hecho que un gestor de empresas podrá del mismo modo obtener éxito implementando políticas de estado cuando los parámetros son radicalmente distintos, y los inputs van mucho más allá de la simple cuenta de resultados.

La pseudoautarquía que quiere imponer Trump es tan antieconómica que parece mentira que el país que alberga cunas del conocimiento económico como Harvard o Yale no le haya «soplado» que es completamente absurdo que se empecine, por ejemplo, en forzar el mantenimiento de fábricas con mayor coste, es decir, menor competitividad de cara a otros mercados muy competitivos, y que en cualquier caso la bonanza económica se limita a una aspecto puramente coyuntural, con lo que al final van a pagar los platos rotos.

Favorecer el desarrollo de economías emergentes crea mercados de consumo y permite que los recursos de la matriz se focalicen hacia la investigación, el control de calidad, etc. Se trata de que cada economía maximice sus posibilidades compartiendo sinergias con otras economías complementarias. Es tan simple que alguien debería explicárselo, de lo contrario tenemos un problema.

Otra extrapolación curiosa y pueril es pensar que la capacidad de negociación de Trump como ejecutivo agresivo en sus empresas pueda equipararse a su habilidad para negociar con otros países como China, Corea del Norte, Canadá o la misma Unión Europea, que sufre una época difícil en las relaciones intercontinentales.

El identificar la mano de obra extranjera como un sinónimo de pobreza y amenaza es otra falacia que llevará, si alguien no lo remedia, a una paralización de la economía americana sin precedentes en el medio plazo.

El dinero es muy cobarde, las manifestaciones salidas de tono generan mucha incertidumbre y aunque ganen elecciones son pan para hoy y mucha hambre para mañana, y además generan enemigos difíciles de reconciliar.

Me resisto a pensar que un país como EEUU, al que adoro, se merezca este impresentable dirigente. Me entristecen todos aquellos americanos sensatos, inteligentes, creativos e interesantísimas personas que están sufriendo esta pesadilla.

Quiero atribuir a la cultura de la comida rápida y del internet superficial que hayamos llegado a este punto. Solo espero que el propio sistema americano, cuya democracia se considera ejemplar, consiga que los despropósitos de este personaje vayan tomando, en la medida de lo posible, un mínimo de sentido común y le paren los pies en la próximas elecciones.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Política

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies