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Opinión

Pero ¿quién quiere estar a vuestro lado?

Los Ultras del Lazio dicen que las mujeres no pueden ocupar su grada de la fila 1 a la 10. Aún no se han dado cuenta de que nadie quiere estar a su lado.

Leo en El País la noticia, firmada por Eleonora Giovio, de que los ultras de la Lazio, en unas octavillas que han repartido antes del partido ante el Nápoles, proclaman que el fondo que ellos ocupan es un “lugar sagrado” en el que no admiten que haya “Mujeres, Esposas ni Novias” a las que, en todo un despliegue de gentileza y caballerosidad, las invitan a situarse a partir de la fila 10. Sí, tal cual.

Si el exceso de testosterona, violencia, machismo y misoginia no les ha hecho aún vomitar, muchas de ustedes, queridas lectoras, habrán llegado a la misma conclusión que servidora: “Pero ¿quién quiere estar a vuestro lado?”. Quién quiere estar al lado de un grupo ultra racista y xenófobo con un largo historial de violencia. El último y el más sonado fue la temporada pasada cuando estos premios Nobel, en un alarde de ingenio, repartieron pegatinas con la imagen de Ana Frank con una camiseta de la Roma y la leyenda: “Ana Frank anima a la Roma”. Pretendía ser un insulto. La Conjetura de Goldbach aún en el limbo y resulta que sólo hay que ir a la Curva Nord a buscar las respuestas.

Las mujeres no queremos estar a vuestro lado. Porque parece mentira que a estas alturas de película haya que seguir repitiendo que los estadios de fútbol han de ser espacios libres de violencia en los que ir a animar a tu equipo con los tuyos. Las mujeres no queremos estar a vuestro lado porque no necesitamos que nos pongáis etiquetas de “Esposas” o “Novias”, en un inquietante símil con la Gilead de El cuento de la criada, aunque sería de muy ingenua creer que han llegado a tal razonamiento por sí mismos. No queremos estar a vuestro lado porque eso del “lugar sagrado” es un anacronismo propio del que no entiende el significado de “espacio público”. Lo de que el espacio público ha de ser también igualitario lo dejamos para otra lección. Así que, Ultras del Lazio, ahórrense las bravuconadas. Porque están más solos que nunca. Porque aún no han entendido que el fútbol no es de ustedes.

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