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Malcom I Foto www.fcbarcelona.es

Barcelona

Un malandro para Valverde

Ahora le toca a Malcom demostrar si el suyo es un arte fugaz o tiene talento para marcar una época.

Fue Simon Kuper quién nos habló hace años de ellos. Aunque luego hubiera que recurrir al diccionario para desbrozar las varias acepciones que florecieron por todo el continente sudamericano. En Brasil lo representan como una figura típica de su folclore, cuyos antepasados fueron esclavos, poco dado a la disciplina y de carácter embaucador. Gustan de trabajar por su cuenta más que obedecer un listado de reglas. El malandro es de nacimiento pobre por lo que comerá cuando pueda e intentará esquivar las miserias para regar su futuro de cierta abundancia. Suelen tener también un gusto exquisito por las garotas. Quizá por ello muchos brasileños intentan reflejarse en ese espejo como símbolo de progreso social y personal. El Barça ha fichado a uno de ellos. Malcom es un malandro.

Cuenta la leyenda que estos nacían y crecían en las favelas. En una de ellas, concretamente en la de Buraco Quente, en el Barrio de Vila Formosa, dio sus primeros pasos Malcom Filipe Silva de Oliveira (Sao Paulo, 1997). Fueron años de privaciones, en los que alimentar la idiosincrasia propia de los malandros, con acciones que agudizarán el ingenio y desarrollarán las piernas. Un día para escapar de la policía; al siguiente, para burlar al rival con la pelota. Pura Ciudad de Dios. Sus habilidades llamarían pronto la atención del Corinthians, alertado por las destrezas de un niño de 10 años, que bailaba con la pelota como si practicara Capoeira, una especie de danza que toma notas de las artes marciales y que da rienda suelta a la creatividad. Durante mucho tiempo fue el único deporte practicado por los negros brasileños y es la danza favorito de los malandros.

A Malcom no le asustó el salto. Aquellos campos de tierra del Parque Sao Jorge, en la tradicional sede del Corinthians, se parecían bastante a Buraco Quente. En el ‘Terrao’ como se conoce popularmente a la sede corintiana había que domar la pelota entre los baches y salir vivo de un bosque de zancadillas. Esa lección ya la traía aprendida Malcom y con la velocidad propia de sus eslalons iría subiendo escalones en las categorías inferiores del Timao. La prueba con los mayores le llegaría en 2014, con apenas 17 años. Mano Menezes le daría la alternativa para corroborar la existencia de una especie en peligro de extinción. El extremo habilidoso y descarado tenía un nuevo eslabón en Brasil.

Y bien que supo aprovecharlo Tite. El actual Seleccionador de Brasil volvió a Corinthians en 2015, justo antes de tomar las riendas de la Seleçao. Pronto se convertiría en un segundo padre para él y exprimiría todas las cualidades del extremo zurdo. Su aportación resultaría clave para ganar el Brasileirao ese mismo año. La complicidad alcanzada con el técnico más allá del rectángulo de juego se pudo comprobar cuando los cantos de sirena desde el otro lado del charco comenzaron a llegar. En diciembre de 2015 Malcom tenía 18 años y el Girondins rastreaba en el mercado brasileño la última perla de la colección. El técnico gaucho intentó disuadirle, le prometió más protagonismo para seguir creciendo y la perspectiva de la inminente Copa Libertadores que disputaría el Timao como aliciente. Ambos terminaron llorando su marcha, pero un malandro nunca desaprovecha la oportunidad de prosperar.

Francia y el Girondis de Burdeos le esperaban para darse a conocer en Europa y despuntar en la Ligue 1. Lejos quedaban ahora los tiempos en que su abuela Sonia vendía las cacerolas para que su nieto pudiera ir a los entrenamientos en bus. En el país galo también se preguntarían rápidamente por los orígenes de su nombre, que como llevarás sospechando durante todo el artículo tiene connotaciones reivindicativas. La cuestión provocó más de una discusión en casa. El padre de Malcom era un gran seguidor de Malcolm X, uno de los líderes del movimiento por los derechos civiles de la población negra en los EE.UU. No fue fácil convencer a Flavia de Oliveira, la madre del nuevo fichaje del Barça, para poner ese nombre a su pequeño. Al final se alcanzó una solución salomónica y el extremo sería registrado como Malcom Filipe. Así se le conoció en categorías inferiores y de hecho en casa siempre fue Filipe, hasta que en el salto al profesionalismo, estamparon Malcom en su camiseta.

En Francia, pronto descubrirían que el mayor activismo de Malcom residía en su pierna izquierda y en su facilidad para armar el disparo. Luego estaba su capacidad para escabullirse, para practicar esa suerte de escapismo que cada vez vemos menos en el fútbol y que no es otra cosa que el regate que elimina contrarios. Es cierto que en su última temporada, ya asentado en el equipo, comenzó como un tiro la temporada. Ese esprint le valió para marcar el mejor gol de la Ligue 1 de la temporada y para que los cantos de sirena empezaran a llegar desde el otro lado del charco. Con un Mundial a las puertas y con Tite ya como seleccionador el internacional sub-20 comenzó a aparecer en las quinielas para Rusia 2018. Aquello terminó por nublarle la vista y unido a un cambio de entrenador en su club su rendimiento bajó, hasta prácticamente perder la titularidad.

Y es que la falta de constancia, la irregularidad y la frontera que delimita un éxito de un fracaso para un extremo pende de un caño o una cintura quebrada. Bien lo sabe Malcom a sus 21 años que ha tenido que combatir contra eso toda su vida. Las comparaciones con Douglas Costa o con William (al que también consiguió driblar en su fichaje por el Barça) no han parado de sucederse en las últimas horas. Lo cierto es que la simiente está. Esa raíz común, que se ha cultivado como pocas desde el Amazonas hasta Rio Grande do Sul, para atravesar el Mato Grosso y florecer en las playas de Bahía, Pernambuco o Copacabana ha traído hasta Barcelona a su último eslabón. Es esta tierra abonada también para los malandros, desde Romario a Neymar, pasando por Ronaldo, Rivaldo o Ronaldinho, todos hicieron mucho más que malabarismos con el balón. Ahora le toca a Malcom demostrar si el suyo es un arte fugaz o tiene talento para marcar una época.

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