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Cine

Un Oscar para Gaga

Gaga consigue erizarnos la piel con delicadeza, porque todos llevamos una Ally dentro de nosotros, un sueño que no verbalizamos, una jaula invisible.

Esta defensa a ultranza de la estatuilla para la reina de los monstruitos terrenales responde a que hace unas horas he vuelto a ver Ha nacido una estrella y los detalles de su papel como Ally me han emocionado como lo hicieron la primera vez. Es la interpretación femenina del año, porque pasa por encima de sus predecesoras, Janet Gaynor (años 30), Judy Garland (1954), e incluso, Barbra Streisand (1974). Lady Gaga actualiza la tragedia con precisión. Arroja luz a la vida de Jackson. Seguro que sabéis de lo que hablo, porque también lo habéis sentido alguna vez. Desde el primer momento en el que aparece en pantalla, tenemos una revelación, la verdadera estrella despliega sus alas ante nosotros, y Bradley la dirige en un cohete hacia el firmamento. Borda su personaje arrancándose de las venas cualquier atisbo de timidez o contención y lo hace con la naturalidad de quien, en determinados instantes, interpreta su propia vida, su propio sufrimiento. No pasemos por alto el trabajo colosal de los actores que se interpretan a sí mismos, bajo mi punto de vista, es una tarea mucho más complicada que la de ponerse en la piel de otro.

«¿Cómo soportas que la gente te hable como si no fueras de carne y hueso?» Ally

Ally nace de las entrañas de Gaga, y no al revés. A pesar del carácter de la cantante, en su personaje y en sus ojos podemos ver inocencia, vulnerabilidad. Nos pide que la acompañemos de la mano en su viaje personal por ganar confianza, seguridad y convertirse en todo aquello que desea ser. Pero es que además, lo ejecuta de una manera terriblemente humana a la vez que angelical, cambiando las luces de neón por la sensibilidad. Gaga consigue erizarnos la piel con delicadeza, porque todos llevamos una Ally dentro de nosotros, un sueño que no verbalizamos, una jaula invisible. Lady Gaga se desnuda sin tapujos. Es una explosión de espiritualidad, clava todas y cada una de las notas emotivas tanto cuando está sola, como en las escenas con Jackson. Gaga nos confiesa su secreto más íntimo: sin maquillaje y sin artificios es una actriz cautivadora.

 

«Todo el mundo siempre me dice que le gusta lo que oye, pero que no le gusta lo que ve». Ally 

Lady Gaga es lo más fascinante que tiene Ha nacido una estrella. Su primera incursión en el mundo del cine se recordará sin excesos, aunque con su prominente nariz tomando un protagonismo estudiado donde la línea entre la ficción y la realidad vuelve a desvanecerse con sutileza. Cuando se repasa el perfil de la cara con el dedo, expone todas las inseguridades de su vida real delante de una cámara para poder traspasar la pantalla poco después. Probad a hacerlo enfrente de la persona que más queréis, sonreíd y liberaros de vuestros fantasmas. La Gaga artificial se reduce a la nada y le exprime el jugo a sus defectos como ya hiciese en una actuación (el especial para la HBO de la gira The Monster Ball Tour) donde improvisó una carta de admiración a su querida Liza Minnelli, sentada entre el público: «En la escuela de arte los profesores me decían, bueno, tu voz es demasiado pop pero cuando cantas pop tu voz es demasiado teatral, y nunca vas a hacer de heroína y nunca vas a hacer de rubia o de ingenua. Nunca vas a tener el papel principal. Nunca vas a ser la estrella. Porque tienes pelo oscuro. Y eres demasiado étnica. Y yo solía decir, bueno, y qué me dices de Liza». Esa ha sido la transformación de Gaga a lo largo de los años y esa es la transformación de Ally en la película.

El corazón que le pone la actriz a Ally eleva lo que podría ser una simple reedición de un manido romance, a una película que nos deja cicatriz, que nos conmueve porque se pone delante de nosotros y nos habla de lo jodidamente doloroso (por decirlo de manera suave) que es querer. Gaga ha dado un paso hacia la eternidad y nos ha dejado ser testigos de ello. Una fuerza interpretativa a la altura de su virtuosismo musical. Había una verdad inmensa debajo de tanta máscara y esa sinceridad merece, cuanto menos, un aplauso, un beso de película y un Oscar.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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