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La Tribuna de Brian Clough

Una mosca en la pared

Habría que echar la vista atrás para entender cómo el Real Madrid ha llegado hasta aquí a partir del pitido final en Kiev.

La expresión que da título a este artículo es una traducción directa del inglés y es que, con los años, se me van olvidando cosas del castellano y no se me ocurre la expresión equivalente. Se usa para esos documentales donde se sigue con acceso libre a un personaje, un equipo de fútbol o una banda de rock, pero sin que los encargados del rodaje intervengan en nada. Viene de una expresión coloquial, querer ser una mosca en la pared, a la que nadie presta atención, para escuchar conversaciones a las que no te han invitado.

Apenas han bastado unos partidos de la temporada para que los aficionados del Real Madrid nos hagamos varias preguntas que solo esa mosca, presente en las reuniones, nos podría responder. La plantilla ha quedado descompensada y no sabemos por qué. Como quiera que la afición es numerosa y cada cual opina lo que quiere, tenemos a nuestra disposición todas las explicaciones posibles. Reproduzco una conversación imaginaria:

—Zidane: Quiero a Pogba.
—Real Madrid: Es muy caro y no queremos pagarle a Raiola 40 kilos de comisión. ¿Quieres a Van den Beek?
—Zidane: A Pogba.
—Real Madrid: Pogba no va a venir. ¿Eriksen?
—Zidane: Pogba.
—Real Madrid: Que no, que Pogba no viene. Pero te puedo traer a dos entre Bruno Fernandes, Eriksen y Van den Beek…
—Zidane: Pero yo quiero a Pogba.
—Real Madrid: Que nos cierran el mercado…

Y lo cerraron.

También pudiera ser que la conversación en sentido distinto, que Zidane estuviese hablando con el club para hacer incorporaciones y que el Madrid le dijese que Neymar o Neymar, y que antes de nada había que vender a James y Bale, y que después de fichar a Neymar ya hablarían de fichajes. No lo sabemos.

Sí hay algunas pistas de la confección de la plantilla: Zidane no confió en Ceballos, Vallejo, Reguilón o Llorente —a estos dos últimos sin apenas verlos— y todos han salido cedidos salvo Llorente que se ha ido traspasado. También se dijo durante la temporada pasada que el Madrid seguía a Junior, ahora jugador del Barcelona, pero que Zidane quería a Mendy, pese a que costaba 35 millones más. Hasta aquí, no intento valorar lo acertado o no de las decisiones, sino mostrar que el Club sí ha apoyado las decisiones del entrenador en la medida de lo posible.

Habría que echar la vista atrás para entender cómo hemos llegado hasta aquí a partir del pitido final en Kiev. Lo que debiera haber sido la celebración de un hecho histórico se convirtió en un desfile de caras largas. Ronaldo se despidió aun en el campo y Bale puso su futuro en duda en la primera entrevista que dio, todavía de corto. Días después, el primero en irse fue Zidane.

A nivel personal habría aceptado una temporada de transición sin dejar de competir. Una temporada invertida en desarrollar a Asensio, Ceballos, Vallejo, o probar a Reguilón y Vinicius. Comprobar si podían tomar el relevo eventualmente de Modric, Marcelo o Ramos me hubiera parecido emplear bien la temporada. Nada salió bien, en parte porque el equipo se quedo sin gol y en parte porque Lopetegui fue tímido haciendo cambios. Acabado el curso, como bien sabemos, la esperada transición no tuvo lugar y se habló de revolución, invirtiendo así el orden natural de las etapas.

Si la revolución no llega es porque la revolución no consiste en deshacerse de los jugadores de menos peso. El concepto de revolución implica un cambio drástico, empezando por lo alto. Sabiendo que Florentino no se va a ir y Zidane acababa de volver, la revolución debería apuntar a jugadores que lo han sido todo en el Club y a los que hay que estar agradecidos para siempre jamás, pero que hoy en día dan claras muestras de agotamiento. Mantener a Ramos, Modric o Marcelo contra viento y marea solo logra enturbiar la imagen y el recuerdo de unos jugadores que merecen su sitio en el Olimpo de los jugadores históricos del Real Madrid.

La revolución pasaba por agradecer a Modric todo lo hecho y despedirle con honores, y dejar que su puesto de titular lo peleasen Ceballos y Eriksen, por ejemplo. La revolución pasaba por dejar a Marcelo irse a la Juve o a Brasil y que Reguilón y Mendy se disputasen el puesto.

Sin embargo, entre el Club y el entrenador —reparta cada cual las responsabilidades a su gusto— han optado por un tercer modelo de gestión: el aplazamiento. Reguilón, Ceballos, Odegaard, Vallejo, Kubo, Lunin o Archaf tendrán que demostrar si valen para el Real Madrid jugando en otros equipos. Unos tendrán más éxito que otros. Es obvio que no todos podrán ser titulares en el Madrid las próximas diez temporadas o tal vez no desempeñen más que un papel de complemento en la plantilla. El tiempo dirá.

Lo que sí ha dicho el tiempo es que desde la final de Kiev ya han pasado tres ventanas de fichajes y traspasos, y los deberes siguen sin hacerse. El fútbol es caprichoso y quizá en mayo estemos hablando de una gran cosecha de títulos que hoy en día se antoja inconcebible. Aunque así fuera, mi opinión sería la misma: esta plantilla necesitaba otro tipo de reconstrucción y cuando lleguemos a junio ya acumularemos dos años de retraso.

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