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Opinión

Atlético: una particular Semana Santa

Preocupan mucho esas fases de economía de recursos que últimamente aplica el Atlético en cada partido. Ahorrar esfuerzos físicos puede ser letal.

El Atlético de Madrid inició ayer, Domingo de Resurrección, el tramo final de su propia Semana Santa. Una que, por circunstancias más propias que ajenas, empieza a tener el aspecto de un extraño Vía crucis en el que cada pocos pasos se hace necesario doblar la rodilla para mantenerse en pie. Una que no sabemos si acabará en el monte Calvario o que, como ya ha pasado otras veces, culminará en Resurrección.

El virus FIFA suele ser poco generoso con el club colchonero pero ha sido particularmente cruel en unas circunstancias especiales para el Club. Gracias a una gestión deportiva más propia de un bazar de objetos de ocasión que de un equipo profesional de fútbol, el concurso de los únicos dieciséis jugadores de campo disponibles estaba estos días bajo los focos. Para no perder las tradición, Diego Costa, Vrsaljko y Giménez, volvieron tocados de sus compromisos internacionales. El caso del hispano-brasileño es especialmente paradójico al lesionarse jugándose generosamente la pierna mientras defendía los colores una selección cuyos aficionados más vociferantes, así como una gran parte de los profesionales que se encargan de su información, lo rechazan por razones que no siempre se entienden desde el aspecto deportivo.

Los tres tocados se sumaron a los Griezmann y Vitolo, que estaban sancionados sin poder jugar. Eso hizo que la plantilla disponible para enfrentarse contra el Deportivo de la Coruña sólo pudiese tener once jugadores de la primera plantilla. Simeone decidió guardar uno de ellos (Torres) en el banquillo (que era un poema) y cubrir el lateral derecho con un juvenil de Navalmoral de la Mata (Carlos Isaac). El muchacho, imagino que cabalgando en una nube, estuvo correcto la mayor parte del tiempo pero a medida que fue avanzando el partido se hizo cada vez más evidente la diferencia entre jugar en Primera División y hacerlo en juveniles.

El partido fue malo. A las circunstancias especiales que aportaba el Atleti se sumaron las que trajo también el Deportivo de la Coruña. Un equipo instalado en el desánimo, errático en lo deportivo y que se debate entre mantener la llama de la ilusión o tirar definitivamente la toalla. El cuadro de Simeone parecía controlar el partido en la primera parte pero era un espejismo. El juego era espeso, el balón se perdía en zonas inofensivas y las ocasiones no llegaban. La falta de tensión era tan abrumadora (y desesperante) que el cuadro rojiblanco parecía vulnerable. Algo impropio de un equipo de Simeone. Eso hizo que el cuadro gallego se creciese y comenzase a salir con criterio desde su campo. Tanto, que las mejores ocasiones fueron suyas y sólo un inconmensurable Oblak evitó que el gol del equipo visitante subiese al marcador.

Por desgracia para los de Seedorf el colegiado del encuentro decidió aplicar el reglamento como rara vez se aplica en el Wanda Metropolitano y eso cambió definitivamente el destino de ambos contendientes. Un pequeño agarrón sobre Saúl en la esquina del área, se convirtió en un penalti que transformó Gameiro. Desde la grada del estadio, la acción no me pareció merecedora de la pena máxima pero la televisión parece dejar claro lo que ocurrió. El agarrón existe. Otra cosa es que eso sea siempre penalti o no.

El gol cambió poco el panorama hasta el final. El Atleti siguió sin hacer nada y el Deportivo continuó enfrentándose contra sí mismo. No se les puede reprochar a los gallegos la entrega ni las ganas de ganar pero, además de no ser suficiente, quizá lleguen tarde. En el caso de los madrileños preocupan mucho esas fases de economía de recursos que últimamente aplican en cada partido. Probablemente sea una consecuencia, no sé si consciente o inconsciente, de la situación precaria de la plantilla, pero me aterra pensar en las consecuencias. No hablo de repliegues, ni de juego especulativo, ni de dormir el ritmo del encuentro. No. Hablo de ahorrar esfuerzos físicos. Eso, en un equipo como el Atleti, puede resultar letal. Ya lo vimos en Villarreal.

La grada del Metropolitano, además de bostezar en varias fases del partido, decidió también reclamar la vuelta del escudo tradicional. Una iniciativa que surgió del fondo sur pero que lleva más de veinte mil firmas en internet y que tiene muchos más simpatizantes pasivos de los que alguno quiere creer. Es evidente que el nuevo distintivo no genera demasiada pasión entre unos aficionados que se debaten entre aceptarlo con resignación o rechazarlo de forma virulenta. Mal asunto si la idea era dar un paso adelante pero no deja de ser una consecuencia lógica de cambiar algo que significa tanto para tanta gente y de hacerlo de espaldas a ellos.

No sé en qué quedará esta historia pero Gabi, un tipo sensato que además de llevar el brazalete en el brazo ejerce de verdadero capitán, dejó muy claro lo que está pasando en el Atleti y hacia donde debería apuntar la brújula. “A la gente, si le cambias muchas cosas, al final no se identifica con nada. Hay que escuchar al aficionado”. No puedo estar más de acuerdo. No parece mala idea eso de agruparse en torno a la identidad, especialmente en este último tramo de Semana Santa.

Se hace llamar "escritor intruso", pero ya se está convirtiendo en escritor de cabecera. Alimentó un blog en torno al Atleti (“Y los sueños, sueños son”) desde 2007 a 2017 así como otros blogs clandestinos sobre música, cine, series y política. Además, es compositor, cantante, guitarrista y teclista de los 'Happy Losers'. También ha publicado discos en solitario bajo el pseudónimo de Lukah Boo. Entre otras rarezas tiene un título de Ingeniero Industrial firmado por el Rey.

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