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Cine

Una sociedad de payasos

Sin duda, lo más brillante de la película es su protagonista oculto, que no es otro que una pistola. Como símbolo americano de poder y control, es el catalizador del sufrimiento que Arthur Fleck lanza a la antagónica sociedad.

Al milenario oficio de bufón siempre le ha acompañado un desprecio social. Son requeridos y reconocidos, pero los payasos se asocian con esa faceta de graciosillo sirviente, de si me haces reír no te corto la cabeza, de que puedes hacer con ellos lo que quieras. Chaplin llegó a lo cúspide del éxito y revolucionó al mundo con su tierno humor de golpes y caídas. Pero los cambios llegaron cada vez con más rapidez, relegando a los payasos a un lugar oscuro y marginal que el cine, como reflejo de la sociedad, trata de exhibir de forma terrorífica. Y funciona. Todos compramos la idea del “monstruo” en el sórdido mundo de los payasos.

Sin embargo, cuando vemos que hay una persona tras todo ese maquillaje, descubrimos unos conflictos internos cada vez más comunes entre la gente. Paradójicamente, cada vez somos más una sociedad de payasos. Todd Phillips
ahonda en esta idea, viajando a través de los misteriosos orígenes del eterno archienemigo de Batman. Alejado del hegemónico cine de superhéroes y con cierta fidelidad a DC, profundiza de forma angustiosa en esa violencia a la que nos aboca la marginación en una sociedad cada vez más individualista, agresiva e intolerante.

Es por eso que la idea de Arthur Fleck (Joker) como un símbolo político cobra tanta fuerza en la actualidad. Un agente del caos que personifica la clásica rebelión contra los poderosos en Gotham y muestra al estado como una herramienta inútil para aquellos incomprendidos consumidos por la soledad. Con una propuesta inusualmente realista, Joaquin Phoenix logra enredarte en sus frustraciones sacando el lado más conmovedoramente humano del Joker y, al mismo tiempo, poniéndote entre la espada y la pared, constatando que la única salida a su sufrimiento es la locura.

Sin duda, lo más brillante de la película es su protagonista oculto, que no es otro que una pistola. Como símbolo americano de poder y control, es el catalizador del sufrimiento que Arthur Fleck lanza a la antagónica sociedad. Ésta idea tan scorsesiana recoge las legendarias palabras del Joker de Christopher Nolan: “Mira lo que le he
hecho a esta ciudad con un poco de un gasolina y un par de balas.”

El personaje proviene de El hombre que ríe (1928) adaptación cinematográfica de una novela de Víctor Hugo, la película también es heredera directa de El rey de la comedia (1983) película de Scorsese, que seguramente Joker le caiga más en gracia que las películas de Marvel, ya que es casi un homenaje a su cine. De forma muy inteligente, plantea el eterno debate de los límites del humor, de lo que podemos y no podemos reírnos. Incluso dentro de la propia película bordea los límites de lo macabro en los momentos más inesperados.

Joker no dejará indiferente a nadie. El imaginario de los superhéroes es la épica de nuestro tiempo y sólo cayendo en directores sin prejuicios podremos ver historias tan trasgresoras como ésta.

Un desastre curioso que trata de expresar lo que el arte le hace a su cabeza, a veces sobre los escenarios, a veces sobre el papel.

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