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Caprotti. Retrato de Unamuno, Hendaya, 1929.

Literatura

Unamuno 2019: reflexiones sobre nuestro tiempo (fútbol incluido)

En el libro de Miguel Ángel Malavia, el legendario rector de la Universidad de Salamanca es interpelado por 72 personas a las que responde con la perspectiva de los hombres eternos.

No todo está perdido. Ni todo se va a perder. El periodista e historiador Miguel Ángel Malavia (Cuenca, 1982) acaba de publicar un libro que recupera la eterna figura de Miguel de Unamuno. El título descubre la intención: Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno. Se trata de un utópico intento de encarnar en el presente el pensamiento de un Unamuno vivo hoy, en 2019. Literariamente, el punto de partida se da en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, donde tuvo lugar su último acto público, con su polémico enfrentamiento con Millán Astray, el 12 de octubre de 1936, solo dos meses y medio antes de morir en la Nochevieja del año más triste de nuestra historia nacional.

Allí, el eterno rector es interpelado por 72 personas (por cada uno de los años que vivió) representativas de nuestra sociedad. Hay jueces, abogados, maestros, académicos, políticos, fotógrafos, escritores, poetas, científicos, toreros, deportistas, obispos, misioneros… y periodistas. Entre todos ellos se encuentra nuestro compañero Juanma Trueba, lector y admirador de Unamuno. Cada uno le hace, con total libertad, una pregunta. Las respuestas de don Miguel nos llevan a episodios que marcaron su tiempo histórico y a muchos otros fenómenos propios de nuestra hora y ante los que él tiene una idea, como siempre, preñada de pasión desbordada.

Aquí reproducimos la respuesta que dio Don Miguel a la pregunta de Juanma Trueba.

Usted dijo en cierta ocasión que la gente haría mejor en discutir sobre ideas y no sobre fútbol o toros. Aunque tío-abuelo de Pichichi, no parecía muy partidario del balompié. Sin embargo, en un artículo en la revista barcelonesa ‘Sports’ (‘Boys-scouts y foot-ballistas’) se refiere al fútbol como un juego “libre, menos intervenido y más divertido”. Conocido es que le irritaba “la grotesca vanidad del profesional del deporte”. Quisiera saber qué opinión tiene hoy de la dimensión que ha tomado el fútbol y qué le parece que su sobrino Pichichi comparta inmortalidad con usted.

Querido amigo Juanma, te agradezco que me ofrezcas la oportunidad de seguir profundizando en mi visión del deporte, pues es algo que prácticamente no abordé en mi obra, siendo hoy muy consciente de que estamos ante el gran fenómeno de masas en todo el mundo y, por supuesto, en nuestra España.

Observo que los valores del deporte, que en sí son maravillosos y enriquecedores para toda persona, se pudren por su mercantilización e instrumentalización en la élite. Hoy, millones de niños sueñan con ser futbolistas para ser “famosos”. Y hoy, millones de padres dedican sus afanes a que sus hijos sean futbolistas para que sean famosos y les hagan a ellos ricos. En ese afán alocado, los más pueriles no tienen inconveniente en insultar en los partidos infantiles y juveniles a árbitros, a otros padres e, incluso, a otros pequeños jugadores…

Para no repetir lo que todos sabemos, quiero poner aquí algunos ejemplos de deportistas con mayúsculas que me admiran. No necesariamente serán los mejores, los más ricos y famosos, pero sí aquellos que poseen lo que yo más valoro en todos los órdenes de esta vida, ya sean poetas, reyes o barrenderos; es decir, la bondad. Así, quiero empezar por alguien cuya muerte me ha impresionado mucho recientemente: Enrique Castro, Quini.

Del que fuera gran ariete del Sporting de Gijón, del Barcelona y de la Selección Española, nadie ha dicho nunca una mala palabra. Todo lo contrario. Fue respetado y aplaudido en todos los campos que pisó y se mostró caballeroso con compañeros y rivales. Lo que le definió mejor fue su humildad. En estos últimos años, cualquiera que se lo encontrara por las calles de su Gijón, podía ser saludado con el mayor de los cariños por él. No es solo que te firmara una camiseta, es que te acompañaba con el coche a encontrar la dirección que buscaras… Y qué decir de cómo respondió a la que fue su peor pesadilla, cuando fue secuestrado durante 25 días por tres personas que atravesaban una situación económica precaria. En el juicio, atestiguó a su favor, dijo que eran “buena gente” y renunció a toda indemnización. Muchos años después, se vio con al menos uno de ellos, le dio su teléfono y le dijo que le llamara siempre que lo necesitara…

¿Cuántos grandes futbolistas son hoy capaces de algo así? Pues, como mínimo, otro gigante humilde (también asturiano), Juan Mata. El actual jugador del Manchester United promueve una campaña para que todos los miembros del fútbol de élite donen el 1% de su salario a campañas solidarias. No ha conseguido excesivos apoyos, pero solo con este gesto se ha convertido en el jugador que todos los niños del mundo se tendrían que fijar en su sueño de ser futbolistas. Y, por supuesto, de todos esos padres hondamente egoístas.

En cuanto a mi sobrino-nieto, me emociona que, casi un siglo después de morir sin haber cumplido los 30 años, se le siga recordando con su nombre artístico, Pichichi, aupando a los máximos goleadores de la Liga. De él quiero recordar una anécdota de un fútbol que se perdió y que debería volver para ser otra vez deporte y no solo comercio. Tras retirarse del Athletic, probó suerte como árbitro. ¿Y sabes dónde debutó? Así es, en San Mamés… ¿Te imaginas las interminables y acaloradas horas de tertulias televisivas que generaría esta “polémica”? Bien sé que hoy no sería posible algo así… Pero, por eso mismo, me entristece el que ahora se vean aberrantes cosas que antes eran naturales.

Porque a eso voy, se ha perdido la naturalidad en el deporte de élite. Antes, la gente discutía en los bares acerca del estilo de tal o cual jugador. Y se hacía desde la fantasía, pues no eran tantos los partidos que se veían. Como mucho, se veían desde la radio, soñando las jugadas que el locutor narraba. Ahora, con innumerables televisiones y una inmensidad de tomas de cada lance del juego, lo extravagante es que ya no se mece la ilusión en cada remate imposible… Se prefiere el griterío histriónico de unos periodistas que son los protagonistas de un espectáculo que da mucho más dinero si se basa en la polémica.

Permíteme que concluya con una confidencia: cuánto he disfrutado, durante años, de tus crónicas de los partidos del Real Madrid en el diario As. No me hacía falta ver los encuentros. Vibraba muchísimo más con un relato, el tuyo, que era pura literatura. Por lo que sí, concluyo que hay esperanza. Los mejores valores, por mucho que los vilipendien los interesados en talar el árbol del arte y llegar al tronco del exclusivo negocio, nunca mueren del todo. Ni en el deporte ni en el periodismo.

Unamuno.

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