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Golf

Valderrama y Sergio García como respuesta

Ver a Sergio García caminar por Valderrama es saber que algo bueno va a pasar, es saber que, como espectador, vas a disfrutar de verdad

Después de cinco años, Valderrama vuelve a hospedar el Andalucía Masters, único torneo del Circuito Europeo activo en España a día de hoy. Este lapso, frenado por el ímpetu promotor de Sergio García, demuestra el poco valor que el golf profesional tiene en nuestro país. ¿Dónde está el problema? ¿Cuál es la solución? Los medios, juez y parte en este escenario, tenemos una responsabilidad para con este noble deporte.

Ver a Sergio García caminar por Valderrama es saber que algo bueno va a pasar, es saber que, como espectador, vas a disfrutar de verdad. García es un golfista inusual y su talentoso abanico de golpes se adapta con espectacular precisión a lo que pide un campo extremadamente difícil como Valderrama: una combinación exigente donde mente, palo y bola tienen que dibujar cada desafío del recorrido y no responder a una competición exclusiva de fuerza.

Cinco años después de competir y ganar por última vez en el prestigioso campo del sur de España, ayer García volvió a ser el mejor en Valderrama. Una exhibición de destreza, habilidad y confianza que permiten al golfista español cerrar un año brillante, con tres victorias, y construir la ilusión de un porvenir a la altura de su carrera y de su reforzada responsabilidad como estandarte del golf español.

En el otro lado de la ecuación, encontramos a Valderrama, un campo que siempre ha estado a la altura de lo que el golf le ha demandado. Además de la Ryder Cup de 1997, Valderrama ha sido sede casi fija del Circuito Europeo desde 1988 y hoy queda como el último eslabón de nuestro golf en el calendario del primer circuito profesional del Viejo Continente. Y lo hace, entre otros, gracias al apoyo de la Fundación de Sergio García. Es decir, juntos conforman a la vez una propuesta y respuesta a los males de nuestro golf.

Para muestra, un botón: en 2017, por primera vez desde 1972, no se ha celebrado el Open de España como prueba del Circuito Europeo. ¿Patrocinio, interés o medios? Todo ha fallado y España, justo cuando mejor juegan nuestros profesionales, corre el riesgo de desaparecer del panorama del circuito, que ya busca refugio en otros rincones del mundo, desde Australia hasta Dubái, pasando por Filipinas, Malasia e India.

¿Por qué ha pasado esto?

La primera respuesta está en la falta de confianza que hay en este deporte. No es una cuestión institucional, que también ofrece su hombro. El drama implica al entorno privado. Con ciertas excepciones, no apoyamos al golf y le hemos perdido el respeto. Y el deporte, fuente real de riqueza y éxitos en nuestro país, ha seguido adelante sin nosotros.

La segunda está en considerar al golf una mera competición, como pueden ser la Champions o la Euroliga. Aquí entra en juego el papel de los informadores. El golf tiene un componente psicológico inmenso, que no reclama un seguimiento ni tratamiento diario de la actualidad, pero sí pide una mayor cercanía a la realidad que lo rodea. En otras palabras, como todo buen aprendizaje, exige información, tiempo, esfuerzo y paciencia. Y el golf es una enseñanza continua.

La última es el estigma social que este deporte arrastra sin remisión. La respuesta de quien no lo conoce: caro, duro, lento y desagradecido. Sin embargo, es mucho más de lo que imaginamos. Es nobleza, respeto, generosidad, prestigio. Valores que, cuando juegas contra ti mismo, permiten construir el reto único de superarse. El problema está en que no todos nos atrevemos a hacerlo.

Bienvenidos a Mulligan, cuya responsabilidad y objetivo es daros la oportunidad de adentraros y conocer también es capaz de ofrecer una propuesta alternativa, reflexiva y pasional. Como el romance entre Valderrama y Sergio García.

No nací un bunker, pero sé bien, o eso creo, qué hacer para no pasarme la vida dentro de uno de ellos. Me gusta el golf hasta el punto de dormir en la misma habitación que mis palos, de hablarles durante la vuelta para que se sientan cómodos y de no meter una caja de bolas en la bolsa el mismo día que voy a jugar porque creo que no les ha dado tiempo a confraternizar con los hierros. Lo dicho, un friqui del golf.

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