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Cristiano se lamenta en el césped de Mestalla tras ser expulsado en el minuto 30. CORDON PRESS

Champions

Cristiano llora, pero la Juve gana

En Mestalla, los sentimientos fueron verdaderos. Los aficionados valencianistas se frotaron las manos con la expulsión de Cristiano, pero la Juventus, con dos goles de penalti, ganó el partido.

Se puede llorar por muchos motivos, de hecho, no todas las lágrimas son amargas. Algunas están inundadas de alegría, como las que tuvieron los aficionados del Valencia, que se emocionaron por volver a escuchar la música de la Champions más de mil días después. Hay otras que tienen más que ver con la rabia o la impotencia. Cristiano, en su regreso a España, no pudo ocultar sus sentimientos cuando fue expulsado en el minuto treinta de partido en una jugada, a primera vista, excesivamente castigada. Lloró como un niño al que le quitan su juguete favorito (llevaba desde 2012 marcando en su primer encuentro de Champions cada año). En Mestalla, los sentimientos fueron verdaderos. Los aficionados valencianistas se frotaron las manos, pero la Juventus, con dos goles de penalti, con un futbolista menos, ganó el partido. Parejo pudo reducir distancias en el descuento, también desde los once metros, pero no tuvo el día.

Han pasado solo tres años, pero para un club como el Valencia parece que ha transcurrido toda una década, sobre todo si tenemos en cuenta que su última aparición en Champions fue tan testimonial que no merece la pena recordarla. Nuno, entonces, se estrelló en la fase de grupos y Gary Neville remató la faena cayendo eliminado en la Europa League. Vaya tiempos aquellos: malos para la lírica, peores para el banquillo Che. La Juventus, su rival en su regreso a la máxima competición europea, era de excepción y al mismo tiempo inédito en sus casi cien años de historia; no obstante, en sus filas sí había un enemigo conocido: Cristiano Ronaldo (15 goles en 16 partidos al Valencia).

Hubo un partido antes de la expulsión, hasta entonces las ocasiones se las apuntó la Juventus, fue superior. La cartulina roja era lo mejor que le podía pasar al Valencia, pero no la aprovechó. Aparentó más de lo que fue. Los valencianistas salieron nerviosos, les sudaban las manos, por lo menos tanto como a su portero, los controles se le iban largos y de cara a puerta estuvieron faltos de finura.

La Juventus no salió con gran ritmo, pero sí bien plantada, buscando su momento. Tuvo tranquilidad, que para eso es vecchia (vieja, en italiano): todos los jugadores del Valencia juntos suman alrededor de 60 partidos en Champions, mientras que los futbolistas de la Juventus acumulan diez veces más de experiencia. Demostró ser un equipo comprometido y solidario, muy presente en todas las facetas del juego. No tuvo timidez, ni miedo alguno, a pesar de jugar con un hombre menos durante la mayor parte del partido —y no uno cualquiera—.

Aun así, el equipo italiano se adelantó en el marcador, no se amilanó, expuso por qué es un club grande que acumula dos finales de Champions en apenas cuatro años, además de dos trofeos (1985 y 1996). Los dos goles de la Juventus llegaron de penalti cuando, eso sí, menos lo mereció. Pjanic ejecutó ambos. Parejo se equivocó en el primero, cometió uno absurdo, de esos que suelen hacer futbolistas que no son defensas, extraños en su área. El segundo, al comienzo de la segunda mitad, lo provocó, tras un agarrón, el central Murillo.

Los de Marcelino necesitaban reaccionar, eso fue lo que buscó con la entrada de Chéryshev, Gameiro y Santi Mina, cambios indudablemente ofensivos. Intentó agitar el partido; sin embargo, Szczesny, el guardameta de la Juve, apareció de manera esporádica, apenas tuvo que intervenir y cuando lo hizo, fue atajando los disparos lejanos de Carlos Soler, con intención, pero sin maldad.

El Valencia ha entrado en la temporada con el pie izquierdo y, por lo visto, no son zurdos —ninguna victoria en cinco partidos—. Cristiano, por su parte, vuelve a casa enrabietado, con las huellas de algunas lágrimas sobre su rostro, como cabe de esperar en él, pero la Juve remontó un partido que se le puso cuesta arriba y suspira, otros no pueden decir lo mismo.

Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista.

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