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Carlos Soler celebra un gol suyo con Santi Mina. Foto: Xisco Navarro/Cordon Press

Champions

Adiós y que no pasen otros tres años

Esta Champions para el Valencia no ha durado más de seis partidos. No importaba lo que hiciera ante el United (2-1). Le toca viajar por Europa en segunda clase.

El fútbol es efímero, lo dicen las estadísticas. Solo los títulos colectivos y los trofeos individuales perduran. Y ni siquiera, porque el éxito tampoco se salva de la quema, nunca deja de cuestionarse si es merecido o no. También hay excepciones: casi todas malas. Un penalti errado en un mal momento o la pérdida de una final que presupone una ocasión única e irrepetible. Esas cosas tampoco se olvidan. El Valencia y la Champions nunca se han llevado del todo bien, nunca se han cogido el gusto, pero tampoco es momento de rebuscar en los recuerdos; es lugar de hacer balance del ahora, del presente. Eso sería lo justo, lo más autocrítico, lo recomendable.

Las carreras de los futbolistas suelen durar entre diez o doce años en el mejor de los casos, porque cuántas trayectorias profesionales son frustradas por culpa de las lesiones. La culpa quizá la tengan la suerte, el azar… Presente también en cada uno de los sorteos en general y en el de la Champions en particular. Para esta ocasión, el destino —o como quiera que se llame ese factor— ha querido que el Valencia se cruzara de frente y a las primeras de cambio con la Juventus y el Manchester United, dos mastodontes del fútbol mundial y, por tanto, dos clubes superiores a nivel económico y de plantilla. También lo demostraron en el campo; la clasificación, más o menos justa, más o menos merecida, no engaña.

El paso de los entrenadores por un banquillo también suele ser fugaz, los contratos casi siempre se rescinden antes de lo acordado. Están esclavizados a los resultados… Los mismos que han condenado al Valencia a esta situación. Hoy, de hecho, no importaba lo que consiguiera ante el United (2-1; goles de Soler, Jones en p.p y Rashford). Ya estaba todo (no) hecho. La grada no lamentó nada porque estaba prevenida. Clasificarse para octavos era ya una cuestión matemáticamente imposible. Que el Valencia tenga que decir adiós a la Champions tan pronto no es por culpa del empate cosechado en Suiza ante Young Boys, seguramente el rival más inferior del grupo, aunque sí tiene que lamentar profundamente ese marcador (1-1). De haber conseguido una victoria entonces, igual no habría llegado el final a estas alturas. O, cuando menos, hubiera llegado de otra forma: en casa, en Mestalla, en la última jornada, luchando hasta el último momento.

Contra el Manchester, Marcelino sacó un once titular condicionado, pensando en lo que vendrá el fin de semana, en la Liga. Y en Guedes, que pasará por quirófano y estará entre dos y tres meses de baja. El Valencia volvió a demostrar esta noche que ha ido de menos a más, en líneas generales, en esta Champions. Progresión. Mejoría tardía e insuficiente, en definitiva. Esta vez los jugadores disfrutaron, se atrevieron más y eso tiene que ver, irremediablemente, con que el encuentro era intrascendente.

Un partido, regularmente, no sobrepasa los noventa minutos. Y esta Champions para el Valencia no ha durado más de seis —aunque, realmente, competitivos han sido cinco—. Los valencianistas han tenido que esperar tres años, es decir, aproximadamente 1.100 días, para ver jugar a los suyos durante 540 minutos. Mucha espera para tan poco gozo.

No hay recetas para estos momentos… o sí: trabajar en lo que viene, la Europa League. El Valencia cambia los martes y los miércoles por los jueves. Peor sería quedarse sin nada. Le tocará viajar por Europa, aunque sea en segunda clase; pero lo importante es viajar, y cuanto más tiempo, mejor. Desde hoy mismo los valencianistas suplican por que no pasen otros tres años para volver a escuchar la música de la Champions en Mestalla.

Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista. Le tiene mucho respeto al crío que fue y no le piensa defraudar.

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