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Dan Martin, seguido de Latour y con Valverde a la izquierda. CORDON PRESS

Tour de Francia

Valverde chuta al palo

Ganó Dan Martin, que atacó antes y mejor que nadie. El español reaccionó tarde y no llegó a tiempo. Dumoulin y Bardet, damnificados por sendos pinchazos.

Era un buen día para convertirse al valverdismo, para predicar su palabra en el Muro de Bretaña y llegar a los infieles en una de las catedrales del Tour de Francia. Pero no se dio. El ciclista murciano volvió a entrar mal colocado, demasiado atrás, tal vez excesivamente confiado. Cuando arrancó ya era tarde, porque uno de sus principales antagonistas, el irlandés Dan Martin, ya llevaba unos cuantos metros de ventaja que fueron imposibles de recuperar para el veloz llegador del Movistar. Seguro que confesará sus pecados y buscará un nuevo peregrinaje en el que ganar adeptos. Al resto de aspirantes al Tour de Francia ya los espía desde lo alto de una colina.

Nunca es fácil ganar en esta carrera porque todo el mundo está esperando en una esquina para evitar que cruces la meta en primer lugar. Y mucho menos para alguien que lleva escrita la palabra victoria en su DNI. Sin embargo, echamos en falta la ambición que Valverde tantas y tantas veces ha demostrado. Nunca sabremos si pensó demasiado en Landa y en Quintana, si lo fueron reteniendo por el dichoso pinganillo o si pensó que lo de Martin eran balas de fogueo, pero cuando se decidió nadie pudo cogerle rueda y de eso nos lamentamos a esta hora de la tarde. Aun así, seguiremos predicando su palabra sin duda alguna.

 


Dumoulin y Bardet, retrasados


Más allá de lo que la religión nos exige como practicantes, la etapa del día sirvió para que el destino se la jugara esta vez a Tom Dumoulin y Romain Bardet. Ambos pincharon en la base del Muro de Bretaña y a pesar de usar a su equipo e incluso a su coche —Dumoulin se aprovechó de forma exagerada—, los dos perdieron un tiempo precioso, 31 segundos el francés y 54 el neerlandés. En la carrera por eliminación que es el Tour en la primera semana, ya han pagado penurias Froome, Porte, Quintana, Dumoulin y Bardet.

Y cerca de quedarse sin aspiraciones estuvieron Landa, Quintana —otra vez—, Nibali y Roglic. Eolo se puso a soplar sin control y Quick Step, hábil como ningún otro, movió el árbol a ver cuántas manzanas caían. El pelotón se fracturó pero la fuerza del viento disminuyó y con más de 100 kilómetros a meta, el miedo obligó a parar al equipo azul. Nadie quiso hacer frente a esa batalla.

Todo se dejó para el final, como tantas veces ocurre en el ciclismo moderno. Lo buscaron con ahínco Sagan, pero fue demasiado exigente para él, Richie Porte, precipitado y Julian Alaphilippe, descolocado. Así que lo encontró Martin, a quien el infortunio tantas veces ha sacudido y cuya victoria dibuja una sonrisa al amante ciclista. Valverde chutó fuera ayer y al palo hoy. Esta noche buscará confesión y en breve redención. Pese a no haber levantado los brazos, háganme caso, conviértanse al valverdismo.

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