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Barcelona

La losa de Valverde

Cada partido se parece a los previos sin aparente remedio. El tedio es tan contagioso que los primeros aburridos parecen los jugadores.

La pesada losa que aplasta a Valverde fue culpable de que el Barça realizara la enésima actuación mediocre de las últimas temporadas. Sin Messi para realizar el habitual milagro salvador y sin el hilo del juego, con el relato perdido, el equipo blaugrana se arriesga a revivir un día de la marmota permanente durante esta temporada. Cada partido se parece a los previos sin aparente remedio. El tedio es tan contagioso que los primeros aburridos parecen los jugadores.

No conviene lanzarse a la piscina del pesimismo, puesto que es la primera jornada, faltó su mejor jugador, se lesionó su goleador y los culés cuentan con la mejor plantilla en mucho tiempo, con refuerzos estratégicos de mucha calidad en el centro del campo y la delantera, pero lo plano del juego y la ausencia de respuestas en el campo y en el banquillo remitieron a la tristeza con la que acabó la pasada temporada y que es reflejo de la cara de su entrenador.

Tipo sensato y mesurado, cualidades nunca bien ponderadas en este loco mundo del fútbol (en este loco mundo en general), Valverde eligió mal día para dejar de fumar. Acusado de conservador con cierta razón, alineó un centro del campo muy novedoso, estimulado por la buena actuación contra el Nápoles en el último partido de pretemporada: De Jong de pivote, Sergi Roberto y Aleñá de interiores. Ahí comenzó a no dominar el partido. La manera de contrarrestar el vigoroso juego del Athletic Club en su rugiente campo no es una alineación con interiores más físicos, de ida y vuelta, sin pausa, como son los dos canteranos, sino precisamente apostando por jugadores que mantengan el balón en circunstancias de máxima presión. Busquets aparenta estar muy gastado, pero alinearlo hubiera permitido contar con más oficio, además de haber podido situar a De Jong de interior, cosa que garantizaría mayores cuotas de posesión. Arthur puede que no estuviera en forma, por contar con pocos entrenamientos en sus piernas, pero… ¿y Riqui Puig? Los interiores elegidos se situaron muy lejos del rubio holandés, desconectándose, eliminando líneas de pase. De Jong recibía y no sabía a quién dársela. Echaba de menos a compañeros por delante del balón, escalonados. Sólo contaba con dos compañeros centrocampistas que hacían desmarque de ruptura, no de apoyo. Balón al lateral y vuelta a empezar por el otro lado.

Los extremos se dedicaron a ver el partido desde las bandas. Griezmann tendrá que aprender a abandonar su punto de partida para dejar el carril libre a Alba y participar en la generación del juego, faceta en la que se desempeña adecuadamente, pero más aún, realizar desmarques de ruptura al espacio entre central y lateral, diagonales que obliguen al equipo contrario a recular y amplíen el espacio entre líneas para los medios de su equipo. De Dembelé no se sabe qué decir, más allá de insistir en lo desconcertante de su presencia en el mundo. ¿De dónde ha salido? ¿En que está pensando?

No todos los problemas fueron tácticos, la actitud de los jugadores dejó mucho que desear, daba la impresión de que esperaban que Messi apareciera por sorpresa, un Cid redivivo, pero su esperanza frustrada enfermó al equipo. Cabe más exigencia sobre algunos jugadores que tienen vitola y sueldo de estrellas mundiales y solo caminan con viento de cola, cuando el pequeño argentino sopla.

Uno de los hándicaps que va a tener que superar el Barça esta temporada, que será virtud en otras ocasiones, es que va a contar con una delantera tan potente (y más aún si viene Neymar, aunque ese será otro artículo) que estará obligado a jugar con tres centrocampistas. Valverde erigió su dominio en la liga apostando por cuatro medios, ayudado por las intermitencias de Dembelé y la inoperancia de Coutinho, dos apuestas fallidas de la planificación deportiva, pero va a tener que adaptar su libreto a la nueva situación, elegir bien los nombres y apostar por una metodología de entrenamientos que luego se vea reflejada en el campo: balón, balón, balón, juego de posición y posesión. Volver al estilo Barça, en definitiva, y no ser un gestor aplanado de una plantilla florida y acomodada.

Escritor madrileño autor de los libros 'Cosas que he roto' y 'Cómo pudo nadie dejarte escapar' se incorpora a la familia de 'A la Contra' en calidad de barcelonista académico, como su hermano Marwan.

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