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Barcelona

Valverde, el magnánimo

Por suerte para el Real Madrid, entre las características de Ernesto Valverde no estará nunca la de humillar al rival.

Tras el partido de entrenamiento del miércoles, dejando al Real Madrid fuera de la Copa, los hombres de Don Honesto se tomaron algo más en serio el segundo Clásico en cuatro días y salieron con la intención de eliminar definitivamente a los blancos de la Liga. Para ello, activaron el “rondo cruyffista” encabezados por Arthur y secundado por los renacidos Busquets y Rakitic. Un rondo que desarboló a Casemiro, Modric y sobre todo, al “tractor teutón”. Who? Toni Kroos, cuyo lamentable partido ayudó al Barça a estar absolutamente cómodo con la pelota. El control y la confianza que desprendían quienes se saben ganadores de antemano en uno de sus campos favoritos, hacían presagiar el gol en cualquier momento. Y ese momento llego en el minuto 25: combinación Sergi Roberto–Rakitic que culminó el croata con un mesiánico toque sobre la salida de Courtois. El silencio del Bernabéu era en realidad un grito de pánico: si el miércoles un Barça ausente había marcado tres goles, a la vista del dominio visitante la posibilidad de una debacle histórica era factible.

Por suerte para el Real Madrid, entre las características de Ernesto Valverde no estará nunca la de humillar al rival. Levantaron los azulgrana el pie y permitieron volver al partido a unos blancos entregados nuevamente a Robinhicius: si el público merengue deposita su ilusión en un jugador que pierde más balones de los que toca, que chuta a cualquier lugar menos a la portería rival y que termina en el suelo quejándose tras cada balón dividido, la esperada y nunca llegada implosión blanca que ansía la afición culé está más cerca que nunca.

El partido se convirtió en un dejar-pasar-el-tiempo visitante frente al quiero-y-no-puedo local. Y a falta de clarividencia en ambos ataques, los centrales de la Selección reclamaron su cuota de protagonismo. Por parte culé, Piqué dejó claro que sus declaraciones respecto al VAR y el juicio más mediático de la historia de España tenían un claro objetivo: convertirse en el foco de ira del Bernabéu. Gerard sabe que tocando las fibras adecuadas, puede utilizar el odio para conseguir poder: y consiguió tanto que se convirtió en Superpiqué, ese defensa inexpugnable con imán para cortar todos los ataques rivales. Por parte merengue, Sergio Ramos no quiso ser menos y decidió convertirse también en el foco de la ira azulgrana: sabedor de que no dispone del don de la palabra, decidió hablar por los codos, concretamente con el derecho que impactó en la boca de Messi. Y lastimar, aunque sea levemente, a un dios blaugrana le da derecho a un sillón preferente en el auditorio del rencor blaugrana, concretamente a la derecha de Goikocechea.

Antes de que llegara un segundo gol que sentenciara el partido, Don Honesto decidió ser magnánimo con el rival (dícese de quien tiene noble temperamento y grandeza de espíritu y se comporta con generosidad): quitó a Arthur y a Dembelé, no fuera a ser que aprovecharan los amplios espacios en la defensa blanca, dando entrada a Arturo Vidal y Chutinho. Se hace difícil pensar en hacer más concesiones al rival. Pero ni con 13 futbolistas pudo empatar el Madrid. Ya hay quien dice que en el próximo clásico Boateng probablemente sustituirá a Messi y Chumi a Jordi Alba.

Una vida de extremo a extremo: de los secarrales de Castilla a la húmeda yunga tucumana. De Perico Alonso a Messi. De la ingeniería al cine. De la A de Argentina a la Z de Zambia.

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