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Rubén Pardo, entre Rakitic y Rafinha. CORDON PRESS

Barcelona

Valverde no sabe latín

Sería un buen partido para culpar al virus FIFA si no fuera por el pequeño detalle de que ni Piqué, ni Jordi Alba, ni Semedo, ni Messi, ni Dembelé jugaron durante el parón.

La Biblia culé oficial nos indica que el mundo se divide temporalmente en años a.C. y años d.C.. Es decir, antes de Cruyff y después de Cruyff. Así que por enésima vez conviene recordar las palabras de El Profeta: “In medio eundem ictum ludo“. Como buena Biblia, la citamos en el original latino, cuya traducción sería: “El ritmo de un partido lo marcan los centrocampistas“.

Don Honesto, sigue opositando a un sillón en la Real Academia Blaugrana, donde apenas unos pocos han conseguido asiento: se les suele atragantar la cátedra de Latín para culés. Ya se sabe que el latín es la esencia de todo este lenguaje y Valverde no aporta más que mediocres expectativas. En el examen de hoy decidió empezar las primeras rotaciones de la temporada con los centrocampistas y ni aún así hubo oportunidades para los nuevos fichajes: ni Arthur, que se quedó en Barcelona viendo partidos de Xavi, ni Malcom, ni Lenglet, ni Vidal. Sería un buen partido para culpar al virus FIFA si no fuera por el pequeño detalle de que ni Piqué, ni Jordi Alba, ni Semedo, ni Messi, ni Dembelé jugaron durante el parón de selecciones.

El mediocre oposito, tiró de Google Translator latín-fútbol y sus elegidos para un “revolucionario” medio del campo junto a Rakitic, fueron Sergi Roberto y Rafinha. Si nunca habían jugado los tres juntos, si Sergi Roberto ya es más lateral que centrocampista, si Rafinha estaba con pie y medio fuera del equipo hace apenas dos semanas… ¿qué podía salir mal? La triple R perpetró una primera parte de las que hacen época. En apenas 20 minutos, Messi tocó un balón mientras sus compañeros se hartaban de perderlos. Tal vez pensaron que Messi había echado de menos ir con su selección y le brindaron una actuación digna de la albiceleste en el Mundial. De una pérdida absurda de Sergi Roberto llegó una falta y el primer gol de la Real y el despropósito fue de tales dimensiones que en la primera parte el equipo no hizo ni un solo disparo a puerta entre los tres palos. La Real, plagada de bajas, apenas podía creer la comodidad con la que estaba controlando el partido.

 

Cuando la situación parecía irreversible y Don Honesto volvía a tambalearse en este nuevo examen, recurrió nuevamente a Google Translator: buscó “ayuda” y llegó a “asistencia”. Y de “asistencia” a “asistente”. Que en latín se dice sergius y de ella deriva Sergio. Busquets, completó el autocorrector de Google. Que el hijo (muchos creemos que adoptivo) de Carles no tiene sustituto ni lo tendrá ni en el Barça ni en la Selección española quedó en evidencia una vez más. En apenas diez minutos con él en el campo, el Barça creó más juego que en toda la primera parte y, en dos jugadas a balón parado, dio la vuelta al partido con ayuda divina: la traducción oficial de la Biblia al latín fue hecha por un gran conocedor del griego. No, no fue Valverde, pese a sus años en el Olympiakos. Fue San Jerónimo (Rulli).

Pero ya lo decían los clásicos: “Philosophum non facit barba”. Y es que los filósofos solían ser retratados con barba, pero no todos los hombres con barba podían considerarse filósofos. Lo que mi abuela decía como “el hábito no hace al monje”: acertar con un cambio no te convierte en Johann Cruyff pero meter a Arturo Vidal cada vez que te pones por delante y queda poco tiempo, sí te convierte en Javier Clemente. Nuevamente (y van cuatro veces en lo poco que llevamos de temporada) apareció el músculo chileno para aportar una supuesta seguridad defensiva. El resultado fue exactamente el contrario: las llegadas de la Real fueron cada vez más claras y sólo la fortuna (y el muro alemán) evitaron el empate.

El sempiterno estudiante sacaba un aprobado raspado. Pero haría bien en no olvidar aquel dantesco examen de Roma, la cuna del latín: “Nihil eripit fortuna nisi quod dedit”. La fortuna te arrebata lo que te da…

Una vida de extremo a extremo: de los secarrales de Castilla a la húmeda yunga tucumana. De Perico Alonso a Messi. De la ingeniería al cine. De la A de Argentina a la Z de Zambia.

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