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Van der Poel se ha exhibido hoy en la Amstel Gold Race. / Foto: BELGA/Cordon Press

Clásicas

Van der Poel ya es historia

El nuevo fenómeno mundial recuperó un minuto en solitario en apenas dos kilómetros y destrozó a sus rivales en uno de los momentos más inolvidables del ciclismo en los últimos años

Cuando alguien os quiera explicar que el ciclismo es aburrido, pónganle la última hora de esta Amstel Gold Race 2019. Eso sí, asumiendo que se puede enamorar, del deporte un poquito, y del animal Mathieu Van der Poel un muchito, porque lo que este chico ha hecho en esta tarde de abril es historia del ciclismo. No recuerdo una remontada tan brutal, tan en primera persona, con corredores por delante, por detrás, por todos los sitios, viéndose superados y triturados uno a uno, hasta el mismísimo Alaphilippe, que parecía invencible este año hasta que ha llegado la definitiva irrupción de Van der Poel, que le ganó en la Flecha Brabanzona el miércoles y lo ha destrozado en esta Amstel Gold Race.

La carrera, desde la eliminación del Cauberg en el kilómetro final, ha cogido un cariz totalmente diferente. De igual forma que Strade Bianche ha llegado al corazón de este deporte, lo mismo ocurre con la clásica de la cerveza, que reúne a lo más granado del pelotón mundial y que ofrece un millón de alternativas. Van der Poel ganó remontando, pero ya fue el primero en mover el árbol. Arrancó a más de cuarenta kilómetros y convirtió el grupo principal en un avispero en el que nadie estuvo cómodo. Poco después, cazado el neerlandés, arrancó Quick Step en un movimiento estratégico fantástico y que solo aguantó Fulgsang.

Ambos se entendieron bien, colaboraron y fueron hacia delante kilómetro a kilómetro, con la sensación de que la victoria estaba entre ellos. Kwiatkowski y Trentin formaron una segunda pareja, pero el italiano ofreció lagunas y el polaco no contactó con el dúo de cabeza hasta el surrealista final. En el pelotón quedaron el resto de favoritos, con el mencionado Van der Poel y sin el arco iris. Valverde desapareció de la carrera de repente y sin avisar. En un instante estaba delante y al siguiente ya no, lo mismo que Peter Sagan, de quien solo reconocemos el apellido.


Alaphilippe, derrotado


Con la carrera partida en mil pedazos, con cada uno moviéndose de una forma, sin estrategia, sin parones y compitiendo más con el corazón que con la cabeza, todo el guion estalló por los aires en los últimos diez minutos. Van der Poel dijo basta y arrancó sin mirar atrás, le dio igual llevar seis compañeros en su persecución. Fulgsang colaboró negándose a ir al matadero con Alaphilippe. Negó los relevos y el francés, con menos fuerzas que en Strade o San Remo, se negó a tirar. Los dos pararon hasta la llegada de Kwiatkowski, que tiró a fuego para salvar el podio. Pero ya era tarde. El neerlandés, que nunca torció el cuello, tiró, tiró y tiró con su grupo a rueda, pero dio caza y en el sprint los superó a todos, de manera casi inexplicable. Segundo, soldado a su rueda, acabó Simon Clarke, que encontró un buen premio, mientras que el danés Fulgsang cerró el podio por delante de un incrédulo Alaphilippe.

Es complicado encontrar las palabras que resuman esta exhibición de Van der Poel, pero su eclosión en el ciclismo de ruta es un regalo. Campeón del mundo de ciclocross, no hay corredor como él, valiente, único e incomparable. Corre en el equipo Corendon y, según sus últimas declaraciones, no tiene prisa por salir de ahí. Quiere seguir siendo el jefe, seguir en el ciclocross, aventurarse en la bici de montaña y dejar la ruta para cuando quiera y como quiera. Tiene todo el futuro por delante y ya es leyenda.


Niewiadoma, campeona femenina


En la categoría femenina, en otra gran carrera competida con el cuchillo entre los dientes, ganó la polaca Katarzyna Niewiadoma, formidable en el último Cauberg. Se fue en solitario y aguantó la persecución final de Annemiek Van Vleuten. Cerró el podio la legendaria Marianne Vos, mientras por detrás Anna Van der Breggen demostraba que todavía no ha aterrizado en 2019 y en una carrera que supuso la vuelta a la competición de la británica Elizabeth Deignan, una de las ilustres y que llevaba año y medio fuera de las carreras.

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