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Copa América

Perú se conforma con casi nada

En un partido soso, los de Gareca nunca pisaron el acelerador en busca del triunfo, ni siquiera cuando Venezuela se quedó con diez hombres.

Perú no ha vuelto a ser el de antes. Rusia marcó un antes y un después para una selección que parece haberse olvidado de los automatismos que la llevaron a un Mundial después de 36 años. El declive de algunos de sus mejores jugadores –Farfán, Guerrero- es inminente y Ricardo Gareca no cuenta con los futbolistas necesarios para empezar un necesario cambio generacional, ni tiene las herramientas para, por lo menos, innovar desde el aspecto táctico para matizar las carencias.

En Porto Alegre, Venezuela y Perú disputaban el partido que, en principio, definiría quién se ubicaría por detrás de Brasil al final de la fase de grupos. Después de todo, se da casi por descontado que Bolivia no será un escollo para ninguna de las dos selecciones, mientras que la derrota es el resultado más probable frente al anfitrión. Por lo tanto, el choque entre la vinotinto y la blanquirroja era clave, lo que se vio reflejado en el desarrollo del partido.

Con el empate ya consumado, un jugador peruano comparó el partido con el disputado en Rusia frente a Dinamarca, que también abrió el grupo, y en el que los daneses nos ganaron 1-0. Según él, una de las consignas del cuerpo técnico fue cuidar el cero porque, igual que Dinamarca, Venezuela era nuestro rival directo por el segundo puesto y no debíamos repetir el error de salir a buscar el triunfo descuidando la defensa. Quizás eso explique, en cierta medida, lo que sucedió esta tarde.

Gareca entendió que Venezuela se sentiría incómoda con la obligación de manejar el balón, por lo que Perú se lo entregó sin presionarlo demasiado. La estrategia funcionó a medias durante casi todo el partido: los de Dudamel no llegaban con claridad, pero los peruanos tampoco. El resultado: un partido aburrido, de transiciones lentas, con pocas acciones de gol, sobre todo en el primer tiempo.

Si bien la idea de esperar al rival se explicaba desde el punto de vista táctico, la parsimonia del equipo peruano para presionar y atacar terminó adormeciéndolo. El técnico argentino no sólo planteó un partido así, en el que la única esperanza del equipo sería una buena jugada individual, sino que cambió, por primera vez en mucho tiempo, la formación de los jugadores: del funcional 4-2-3-1, Gareca pasó a un 4-3-3 que desordenó completamente a un equipo acostumbrado a jugar de una manera.

Renato Tapia, el mediocentro peruano, se pasó el partido inexplicablemente escondido entre los centrales, lo que dejaba un vacío inmenso en el mediocampo, correctamente ocupado por los volantes venezolanos. La ausencia de André Carrillo no tiene demasiado sentido teniendo en cuenta que siempre fue titular en los partidos importantes, de la misma manera que la presencia de Zambrano, un central con calidad pero sin ritmo ni armonía de ningún tipo con sus compañeros, tampoco se explica. Es lógico que se utilice la Copa para hacer algún experimento, pero no parece sensato preparar una cosa en los amistosos y ejecutar otra en los partidos oficiales.

En ataque, Perú fue poco incisivo y nada lúcido. Sus jugadores creativos no conseguían asociarse entre ellos, los laterales no aparecieron por sorpresa –salvo alguna corrida de Advíncula-, Guerrero fue absorbido por los centrales venezolanos, Farfán siempre estuvo de espaldas, Cueva no dio bien un pase y Yotún tiró todos los tiros de esquina a la cabeza del rival o a las manos del portero. Así era muy difícil, sobre todo teniendo en cuenta que Gareca nunca ha sido bueno replanteando partidos sobre la marcha.

A falta de quince minutos, el lateral izquierdo venezolano se fue expulsado, tras lo que Perú debió tomar la iniciativa. Es posible que lo intentara, pero para quienes no podemos leer la mente de los jugadores ni del entrenador, no pareció así. La selección siguió trotando, dando pases laterales o pelotazos frontales sin sentido, y Gareca no se atrevió a hacer un cambio ofensivo hasta los 88 minutos, cuando ingresó Carrillo. El seleccionador explicó luego que la ausencia del ex jugador del Benfica respondió a una decisión suya y nada más que suya, y que no había lesiones que la justificaran. Está claro que la selección peruana no puede darse el lujo de prescindir de jugadores tan desequilibrantes, sobre todo si tiene que buscar el resultado.

Al final, Venezuela recibió el empate con los brazos abiertos y, aparentemente, Perú también: su falta de ambición en el campo fue elocuente y desesperanzadora. También la de su técnico. Esperemos que este frustrante despliegue de fútbol parco y desapasionado sirva de llamado de atención para los jugadores y el cuerpo técnico. De lo contrario, nos esperan unos días oscuros en Brasil.

Periodista y defensa central que no le teme al choque, salvo el que le planteó la realidad. Entrenador top en Football Manager. Lejano y solitario aficionado de la Fiorentina gracias a un melenudo llamado Gabriel Omar. Vive el fútbol como su país le enseñó: con taquicardia y el ceño fruncido. Trabajó en AS durante un año y ahora está de vuelta en Lima, su ciudad, donde escribe para una revista local, y desde donde intentará contarnos qué pasa en esas latitudes (o cómo se ve desde allí el otro lado del mundo).

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