¡Síguenos!
Bonello padre e hijo.

Selección

La venganza de Bonello

Los que vivieron el 12-1 en directo y no conocen esta historia corren el riesgo de pensar que en Malta no pasa el tiempo

El pasado 21 de diciembre se cumplieron 35 años del partido que cambió a una generación entera de aficionados españoles. No valió ningún título, pero el 12-1 que le endosó España a Malta se celebró como tal. La Roja estaba con el agua al cuello: necesitaba ganar por un mínimo de once o más goles para clasificarse para la Eurocopa de 1984. Al término de los noventa minutos, un póquer de Santillana, otro de Poli Rincón, un doblete de Antonio Maceda y dos tantos más de Manu Sarabia y Juan Señor obraron el milagro en un Benito Villamarín absolutamente enloquecido. El partido de este martes supondrá el reencuentro entre España y Malta en una fase de clasificación para la Eurocopa desde aquel 21 de diciembre de 1983.

Luis Enrique definió el encuentro del 12-1 como “memorable, único y épico”. Todo ha cambiado desde aquella noche para el recuerdo. El niño de trece años que vibró con la narración de José Ángel de la Casa desde el salón de su piso de Gijón ahora se sienta en el banquillo de la Roja. Los futbolistas también han cambiado. La generación de los Buyo, Camacho, Señor, Santillana o Rincón ya forma parte de los libros de historia. Las figuras de la nueva Selección de Luis Enrique son De Gea, Sergio Ramos, Busquets, Morata o Rodrigo. Aunque por encima de nombres o dorsales, la principal diferencia entre la época de ayer y la de hoy es que España ha viajado a La Valeta con una estrella bordada en el pecho y dos Eurocopas más en las vitrinas. Por contra, Malta no ha dejado de ser humilde en este tiempo. Tanto que han pasado más de 35 años y siguen teniendo a un Bonello como portero.

“España no mete once goles ni a un equipo de niños. En caso de encajar los once goles, no volveré a mi país”. John Bonello no mintió en lo de los once goles porque al final fueron doce los que encajó. El cancerbero maltés probablemente se aferró a ese mismo argumento para luego poder regresar a su país. Lo que es seguro es que en la calle no se hubiese quedado. Cualquier aficionado español lo hubiera invitado con gusto a pasar aquellas navidades del 83 en casa. Los años posteriores a la humillante goleada ante España fueron difíciles para Bonello. El guardameta se convirtió en el blanco de las críticas de su propia afición e incluso tuvo que recurrir a ayuda externa para salir adelante. Su hijo Henry nació un lustro después de aquella noche de pesadilla en Sevilla. Las cosas del fútbol, el pequeño Henry no solo heredó el apellido de su padre, sino también la portería de la Selección maltesa.

Los que vivieron el 12-1 en directo y no conocen esta historia corren el riesgo de pensar que en Malta no pasa el tiempo. No, el Bonello que se pondrá bajo los palos hoys no lleva en activo desde hace más de tres décadas y media. Ese portero que recogió del área del Villamarín hasta doce pelotas colgó los guantes en 1993. Desde el 2012, su hijo Henry es el guardameta titular del combinado maltés. El apellido Bonello dejó de estar un poco menos maldito en este pequeño país del Mediterráneo hace escasos días. Malta está de fiesta porque han vuelto a celebrar un triunfo oficial después de trece años de sequía. La ansiada victoria llegó en el debut ante las Islas Feroe de esta fase de clasificación para la Eurocopa 2020. Este éxito fue en gran parte gracias a la extraordinaria actuación de Henry. El portero de treinta años detuvo el penalti que hubiera supuesto el empate en el marcador y cuajó una actuación “heroica”, tal y como destacó la prensa local.

Hoy Malta se divide entre un Bonello bueno y otro malo. Henry, a diferencia de su denostado padre, se acaba de convertir en un héroe nacional. El mayor de los Bonello debió de pensar que la mejor forma de afrontar un trauma era con sentido del humor. En 2006, protagonizó una campaña publicitaria de la marca de cerveza Amstel. La pieza se tituló Amigo mío y no tiene desperdicio. El portero de aquella inolvidable noche del 21 de diciembre de 1983 aparece inmortalizado como un símbolo de unión y amistad para todos los españoles. Al final del anuncio, hasta se atreve a arrancarse con el castellano y pronuncia mirando a cámara la frase “Amstel, la amistad no tiene precio”. “Es un gran honor para mí que Amstel me haya elegido como el símbolo de la amistad en esta campaña. Ha sido una gran experiencia”, reconoció posteriormente.

Cerveza no, pero limones sí. Esa fue la surrealista razón por la que John Bonello, en particular, y todo el conjunto maltés, en general, habrían encajado una docena de tantos en su visita a la capital andaluza. Victor Scerri, seleccionador de Malta en 1983, describió la escena en Fiebre Maldini: “Entró un señor bajito vestido de blanco y nos ofreció una bandeja de limones, cortados. Era lo único que nos ofrecieron. Los jugadores los chuparon y después se sentían mal”. Cítricos aparte, España visita La Valeta para medirse a una selección con ganas de revancha y la moral por las nubes. Más de tres décadas y media después de la noche del 12-1, a Henry Bonello le ha llegado una oportunidad única para vengar a su padre.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Selección

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies