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Marco Asensio por csjaugustus en DeviantArt.

Opinión

Viaje a la cabeza de Marco Asensio

Que se acuerde de la ligereza con la que jugaba en el Playas de Calviá si es necesario. Quizá esa sea la clave para resolver el misterio.

Sigmund Freud dedicó su vida al estudio del psicoanálisis. No entraré en materia porque sería inquietante y, sobre todo, catastrófico para mi reputación, pero sí pretendo tumbar a Marco Asensio en el diván y echar a volar la imaginación. Para empezar, tengo que reconocer mi desasosiego por la desaparición del mallorquín. Telefoneé al FBI para que se hicieran cargo del caso, pero aborté el operativo cuando el pasado lunes contra Inglaterra vi su camiseta moverse mecida por la brisilla sureña del Villamarín con cierta soltura, pero sin criterio. Su corazón carbura, sus piernas laten, por lo que no puedo entender es que un ser dotado de tantos privilegios se deje dominar por la indolencia que últimamente gobierna el entorno del club que le da de comer. Que se acuerde de la ligereza con la que jugaba en el Playas de Calviá si es necesario. Quizá esa sea la clave para resolver el misterio.

Marco empezó la temporada de manera fulgurante. Fue uno de los mayores culpables de que lanzásemos las campanas al vuelo en las primeras jornadas, y su actuación ante la Roma propició que se me erizase la piel pensando en lo lejos que le quedaba el techo. Desde entonces, me pregunto si no soy fácilmente impresionable o si la falta de adrenalina en mi vida diaria me lleva a conformarme con ciertos placeres fugaces.

Zidane, un hombre que ganaba mucho más cuando usaba los silencios que cuando abría la boca, ya se lo advirtió, preocupado porque a la perla del Madrid y de España le distrajesen los ruidos de las afueras: “No hagas caso a lo que dicen y céntrate en mejorar”. El francés, comentaban, sabía meter a Marco en cintura y enderezarle cuando se dejaba llevar por los cantos de sirena. Pero ahora, con Zidane fuera del Real Madrid y Julen Lopetegui como guía espiritual, Asensio atraviesa una mala racha de la que no consigue recuperarse. De ahí que lo que el español necesite sea un poco de terapia.

Manejar el hecho de pasar de la segunda fila de la clase a la primera línea de la batalla no es nada fácil. Tampoco lo es tener que ser el heredero del trono desde que se produjo un vacío de poder de dimensiones descomunales en verano. Ni ser el protagonista de una lenta pero incipiente transición dulce en la Selección que comanda Luis Enrique. Pero Marco ya no se puede permitir malgastar muchas más oportunidades y me disgustaría mucho verle convertido en un nuevo Benzema. No pasará porque se marchará antes si llega un equipo que le convenza de que en sus filas conseguirá sacar aquello que no pudo demostrar en el Real Madrid. Considero a Asensio y a sus consejeros lo bastante inteligentes como para saber que esa burda mentira se vende fácil, pero poquísimas veces deja beneficios reales para el interesado. Lo malo de Asensio es que nos ilusiona. Le queremos cuando cumple con nuestras expectativas y le odiamos cuando nos pincha nuestros sueños de grandeza. Tanto él como nosotros tendremos que encontrar un punto medio que nos aporte regularidad.

Es posible que Asensio eche de menos a Isco. Como todos. Ambos jugadores se han convertido en piezas imprescindibles en el once de Lopetegui dependiendo del sistema que quiera poner en juego el vasco. Isco para el 4-4-2 y Asensio para el 4-3-3. La presencia del malagueño dentro y fuera del campo hace crecer al Real Madrid y al resto de sus compañeros, por eso, para rellenar su ausencia, Marco ha tenido que buscar consuelo en Dani Ceballos. No sabemos cómo reaccionará Isco al hecho de haber perdido su silla. Espero que, por el bien de todos, donde comen dos puedan comer tres.

En el Real Madrid empiezan a temerse que Lopetegui no tenga la misma psicología (o mano izquierda) que tenía Zizou con Asensio. Una vida social muy ajetreada o las tentaciones acordes a su edad (cumplirá 23 años en enero) hacen que por los aledaños del Santiago Bernabéu estén preocupados. Es necesario que sea el propio Marco el que le lleve la contraria a los dimes y diretes. Lo tiene fácil, no se le pide más que tener la cabeza y las piernas sincronizadas, pero la carne es débil y el tiempo se va agotando, en su mente asoman los fantasmas espoleados por el halago fácil.

¿Cuándo volverá Marco Asensio a provocar más aplausos que reproches? Posiblemente, cuando dejemos de esperarle, cuando cualquier otro desvíe nuestra atención. Mientras tanto, el mallorquín tiene en sus manos seguir siendo el capitán de la revolución de la alegría en el Real Madrid y en España o caer en la mediocridad de conformarse con ser simplemente un gran futbolista. Pronto se dará cuenta (si no lo ha hecho ya) de algo de lo que ya avisó Freud: “Uno puede defenderse de los ataques; contra el elogio se está indefenso”.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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