¡Síguenos!

Cine

Vitoria, 3 de marzo

El film de Víctor Cabaco se centra en la descripción de una atmósfera: la Transición española en una ciudad de provincias con un fuerte movimiento obrero.

Reconozco cierta aprensión ante las películas que llevan la coletilla del “basado en hechos reales”. Se trata de un cebo atractivo que suele constituir la coartada con la que la ficción intenta parasitar el prestigio de lo veraz. Y, al mismo tiempo, un comodín que permite jugar tramposamente a dos barajas. Frente al público, el director subrayará el componente fáctico de lo que se narra, mas si algún crítico alza una ceja con algún detalle manipulado —quizá en pos del embellecimiento de la historia—, el mismo director se encogerá de hombros alegando el carácter ficcional de su obra. Win-win.

El film de Víctor Cabaco, afortunadamente, no incurre de manera evidente en este vicio. Utiliza los hechos como hilo conductor, sí, pero para centrarse principalmente en la descripción de una atmósfera: la Transición española en una ciudad de provincias con un fuerte movimiento obrero. Para ello cuenta con una galería de personajes, tal vez un punto maniqueos, que permiten dejar pinceladas de todo el espectro social. Tenemos, por parte del gobierno, al ala dura embrutecida y al ala reformista, encarnada en el tahúr Eduardo; a los medios de comunicación representados en la figura de José Luis, el padre de familia acuciado por las deudas; a trabajadores y estudiantes reunidos en asambleas en las que se suceden discursos que hoy se antojarían ridículamente teatrales, pero que en aquel contexto se efectuaban sin rastro de cinismo. Por otro lado, Cabaco usa a los protagonistas, Begoña y Mikel, para introducir universales atemporales como el descubrimiento del compromiso con unos ideales y del amor, que es como decir el descubrimiento de la vida: imposible no esbozar una sonrisa con la escena de la canción de Georges Moustaki 17 ans.

Probablemente, el mayor déficit de la película sea el excesivo servilismo del carácter de los personajes en aras de completar todo el cuadro de la crónica social, lo que les resta grises y complejidad. Asimismo, desde el punto de vista de la trama, falta algo de ambición narrativa fuera de los confortables lugares comunes. Sin embargo, resulta justo señalar dos aciertos enriquecedores a la hora de ambientar un pedazo de la Transición: acudir a acontecimientos no radicados en Madrid —hay vida fuera— y, sobre todo, no excluir la violencia como factor verdaderamente influyente en el desarrollo de la misma, en contra de lo que cierto revisionismo almibarado ha presentado a posteriori. Violencia mostrada sin recreos innecesarios, pero a la vez sin escatimar crudeza, ya dice Nacho Vegas que en algunos horrores no cabe la literatura. Aunque la banda sonora suene más bien, cómo no, a Paco Ibáñez. Hasta el punto de que uno sale del cine con ganas de galopar.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Cine

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies