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Real Madrid

Vinicius, Zidane, Henry Higgins y el efecto Pigmalión

Hoy Vinicius es un futbolista que no necesita un entrenador, necesita un profesor y un Pigmalión.

Si alguien nos valora, nos anima y considera que somos capaces de alcanzar determinados objetivos, estará contribuyendo a que generemos lo que se conoce como creencias potenciadoras, es decir, creencias positivas acerca de nosotros que nos permiten alcanzar los objetivos y aumentan nuestro rendimiento”. Efecto Pigmalión.

El curso pasado se cerró sin apenas buenas noticias para el Real Madrid. Los únicos brotes verdes llevaban los nombres de Llorente, Reguilón y, sobre todo, el de Vinicius. Tras una serie de cuestionables decisiones de Zidane a la hora de formar la plantilla, con uno traspasado al Atleti —Llorente— y otro cedido al Sevilla —Reguilón—, solo el brasileño sigue a las órdenes del francés.

Vinicius es un crío de 19 años en edad de formación, un futbolista que acaba de llegar a la élite y tanto su técnica individual como sus conocimientos del juego aún no están pulidos. Sin embargo, con Solari apareció como un trueno, generando peligro, intimidando y llevando al Madrid a crear ocasiones allí donde poco antes solo había pases horizontales. Pero algo le faltaba.

Al brasileño le sobraba desborde, regate y verticalidad, y fue capaz en su primera campaña de echarse el juego ofensivo del Madrid a la espalda. Sin embargo al extremo le faltaban algo más que detalles para ser diferencial. Le faltaba definición, pausa, temple y, especialmente, entender el juego, entender cuándo salir y cuándo tocar, cuándo driblar y cuándo apoyarse. Le faltaba también entender que el fútbol es sumar muchas acciones individuales en un colectivo. Vinicius aportaba descaro, era ese tipo de jugador, el que siempre lo intenta y no se arruga, pero al que había que enseñar y enseñar mucho.

Hoy el decorado es muy diferente. El Vinicius de estos tres partidos de Liga nada tienen que ver con el huracán descontrolado del año pasado. Ahora es un jugador que ha añadido a todo lo que tenía por aprender un fútbol lleno de dudas e inseguridades. Hoy Vinicius es un futbolista que no necesita un entrenador, necesita un profesor y un Pigmalión.

La historia nos cuenta que cada año desembarcan en Europa un grupo más o menos nutrido de extremos brasileños, todos más o menos cortados por el mismo patrón y todos con el mismo problema. El futbolista brasileño, y fundamentalmente sus extremos, suelen ser jugadores muy relacionados con el balón pero muy poco con el juego, todos ellos capaces de hacer malabares con la pelota, acciones técnicas de gran habilidad, casi circenses, pero con un entendimiento del juego muy limitado. Denilson, Robinho, Douglas Costa, Lucas Moura, Neymar o Maicom… por hablar solo de algunos casos evidentes.

Vinicius debe mirarse en un espejo, el del inglés Raheem Sterling, un futbolista que a los 24 años es mucho mejor jugador que ese atropellado extremo que salió del Liverpool con dirección Manchester. Sterling cumple su quinta temporada en el City y, si miramos atrás, apreciaremos su evolución como futbolista: iba camino de convertirse en otro fallido extremo inglés al estilo de Lennon o Young y se ha convertido en uno de los tres mejores jugadores de la selección inglesa.

Viento jugar a Sterling se observa que queda muy poco de aquel extremo alocado que llegó al Etihad y cuyas dos primeras temporadas fueron bastante decepcionantes. Desde que Guardiola se cruzó en su camino, cada temporada ha ido creciendo y creciendo, mejorando en su juego hasta lo que es hoy, un futbolista absolutamente diferencial y determinante, capaz de jugar en cualquier posición del frente de ataque.

Pep fue el Henry Higgins de Sterling, como también lo ha sido de De Bruyne. Y Vinicius necesita que Zidane sea el suyo, porque a día de hoy tiene mimbres de muy buen futbolista —puede que hasta de algo más—, pero para que ese jugador aparezca necesita madurar y, sobre todo, necesita conocer el juego, para así poder tomar buenas decisiones.

Vinicius demostró el año pasado tener hechuras de jugador de buen nivel al que le faltan cosas, algunas de ellas muy importantes. De ahí que el papel de Zidane como profesor vaya a ser fundamental, pero no solo de un profesor que enseña. Zizou también deberá ser el Pigmalión de Vinicius; es decir, quien le anime y le otorgue confianza para lograrlo.

¿Es Zidane ese tipo de entrenador? Veremos, aunque sus decisiones con los jóvenes no ayudan a creer que sí. Lo que sabemos es que a Vinicius le hace falta repetir mucho aquella frase: “La lluvia en Sevilla es una maravilla”.

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