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Cazorla, tras marcar el segundo de la Selección en Cádiz. EFE

Selección

Viva Malta

La Selección ganó a Malta (7-0), como no podía ser de otra forma, aunque con menos goles de los esperados, que son concretamente doce. Hasta que no queden testigos de aquella noche en Sevilla de hace 36 años no aplacaremos nuestras expectativas, y advierto que la esperanza de vida de los españoles empieza a superar a la de España. Dicho esto, el partido nos entretuvo como se divierten los gatos con los ovillos. Cada ataque era una aproximación razonable al gol y los ataques se sucedían hasta el infinito y más allá.

Es inevitable no empatizar con los complejos de Malta, presentes en carne y espíritu. Bonello es hijo del portero que se tragó los doce goles y el entrenador, Raymond Farrugia, también fue titular en aquella Malta desgraciada, aunque entonces lucía una melena digna de El Puma. Prueba de que el maleficio español persiste es que Míster Farrugia, ahora calvo reflectante, se golpeó la cabeza con el banquillo después del cuarto gol, quizá con el secreto ánimo de suicidarse.

Tal y como se preveía, el partido fue para los españoles una terapia de grupo. Todos lucieron, aunque por encima del resto destacó Cazorla, que se quitó diez años encima y todas las lesiones que caben en ese tiempo. Su capacidad para conectarse con todo el frente de ataque dinamizó el juego. También ayudaron Sarabia y Navas, pegados a los extremos y cómplices de las mejores ocasiones de España. Más arriba, tanto Morata como Gerard Moreno hicieron lo que se espera de ellos: desmarcarse mucho y rematarlo todo.

Así marcó Morata el primero (23′), por pura insistencia. Cazorla fue el siguiente goleador (41′), esta vez en una jugada excelente. España se marchó al descanso con un 2-0 que no estaba tan lejano del 3-1 de hace 36 años. La experiencia nos dice que los malteses se derrumban gloriosamente en las segundas partes. Y volvió a ocurrir. El debutante Pau Torres marcó el tercero y le siguieron Sarabia (63′), Olmo (69′) y Gerard Moreno (71′). Esta última secuencia de tres goles en ocho minutos nos provocó un repentino ataque de nostalgia. Y felicidad. Al mismo ritmo, estábamos en condiciones de marcar nueve goles, quizá diez. Imaginen. Ser jóvenes de nuevo.

No llegaron tantos goles, pero el de Navas, el séptimo, bien hubiera podido valer por dos. Por no hablar del octavo y el noveno, que estuvieron en las botas de Alcácer. Poco más se puede añadir salvo un grito de agradecimiento eterno: ¡Viva Malta! Y perdón.

 

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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