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El pelotón del Giro, durante la subida al Cráter Ramon. CORDON PRESS

Giro de Italia

Viviani clama en el desierto

El italiano de Quick Step volvió a ganar al sprint y demostró que no tiene rival en las volatas. La etapa transcurrió por el desierto de Néguev.

El cielo plomizo, la arena del desierto de Néguev y las largas rectas de su carretera fueron los grandes protagonistas de una etapa que quedará en el olvido más pronto que tarde. Durante 230 kilómetros —ofrecidos todos en directo— la carrera apenas ofreció síntoma de interés alguno hasta los últimos 30, cuando el viento hizo acto de presencia y la llegada obligaba a prestar atención. Quick Step remató a la fuga del día, formada en el primer metro, y Elia Viviani, su sprinter estrella, repitió el triunfo del sábado tras superar a sus rivales y a una peligrosa acción de Sam Bennett (Bora).

Al igual que en su primera victoria, pese a dominar la llegada, Quick Step no logró la estabilidad necesaria y Viviani decidió por su cuenta. Se pegó a la estela de Bennett e hizo magia para superarlo. El irlandés atravesó la carretera de derecha a izquierda en una peligrosa maniobra que dejó más a las claras el dominio del italiano. Pese a quedarse encerrado en ese lance, el primer corredor en ganar una etapa del Giro con frenos de disco volvió a ganar con facilidad, por delante de Sacha Modolo (Education First) y del mencionado Bennett.


El viento tardó en aparecer


Se vendió al viento como a un aspirante a mover el árbol, pero Eolo se echó la siesta, como muchos de los espectadores. Nada pasaba en la carretera y con el café a medio tomar debió quedarse dormido. Despertó con la etapa ya lanzada rumbo a Eilat, en pleno descenso hacia el Mar Rojo y, aunque sopló a favor, su fuerza generó nervios y tensión.

El desierto de Néguev, de donde partieron los corredores, se mostró tal y como vino al mundo, desnudo y seco, el adjetivo que le da nombre. Prácticamente deshabitado en la actualidad, la carretera que lo atraviesa no ofreció ningún ápice de atención a la carrera. Algo que tampoco hizo la mini subida al Crater RamOn, más allá que el de coger sus puntos de la montaña. A todo esto se unió la ausencia de público y de vegetación, dejando imágenes de una carrera que parecía cualquier otra menos el Giro de Italia.


Etapa para el olvido


Las largas rectas del desierto fueron un escenario ideal para aprovechar la mañana en quehaceres mundanos, pues de ciclismo apenas se podía hablar viendo la etapa. Nada ni nadie se salió del guion, de lo estipulado, y el pasar de los kilómetros se veía como una bendición para todos, para los corredores y para los espectadores. Si el Giro buscaba vender su marca, la apuesta no ha salido bien. Si pretendía llenar sus arcas, probablemente sí lo haya conseguido.

Tal vez en estas carreras de gran fondo toque poner etapas así —230 kilómetros casi sin dificultades— pero desde el punto de vista del espectador, cada vez cuestan más de entender. En una época en la que se retransmite de forma íntegra, el ciclismo debe intentar seducirnos de otras formas. Por todos es sabido que este es un deporte que sirve como escaparate para el turismo y la promoción de sus tierras, pero no deja de ser un espectáculo deportivo que hay que cuidar. Hoy, por muy aficionado que se seas, costó no cambiar de canal durante las primeras cuatro horas de carrera.

El descenso hasta la ciudad de Eilat fue como un premio a tanto sopor. BMC, con el líder Rohan Dennis, encabezó la marcha hasta que los equipos de los principales sprinters asumieron el protagonismo y dieron caza a los tres fugados, Marco Frapporti (Androni), Enrico Barbin (Bardiani), líder de la montaña, y Guillaume Boivin (Israel Cycling Academy). Este último corredor, de origen canadiense, ha servido al equipo local de promoción por el país asiático. Fugado los dos días ha dado la visibilidad que se le exigía a la escuadra israelí.


La carrera se traslada a Sicilia


El Giro para hasta el martes, pero la organización tiene por delante horas y horas de ajetreo. Los corredores abandonarán Israel por el aire, sin gastar unas fuerzas que van a necesitar, sin embargo, centenares de barcos partirán hacia Sicilia con todo el material y todos los vehículos en un traslado gigantesco, a la espera de que la competición se reanude el próximo martes en territorio insular. Ahí arrancará el Giro de verdad, el de antaño y el que todos estamos esperando.

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