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Sociedad

Vocabulario para norteños, mesetarios y guiris que van al Sur (II)

Segunda entrega (nadie sabe si la última) del diccionario para forasteros que visitan Andalucía y que, a partir de ahora, entenderán algo de lo que oyen.

Tras el éxito cosechado por la primera entrega de Vocabulario para norteños, mesetarios y guiris y a petición tanto de nuestros seguidores y público en general como de nuestra querida y estimada subdirectora, Dª Irene García, que nos ha emplazado amablemente a… a hacer algo, lo que sea —tras sorprendernos echando una «cabezaíta»— nos hemos lanzado de lleno con la segunda parte, que ya imaginarán ustedes no será buena, pero es lo que hay. Allá vamos.

—A carajo sacao: loc. verb. Expresión rotunda que determina la velocidad con la que se ejecuta una acción o con la que se realiza un desplazamiento. Ej.: «Lo llamó Elsa Pataky y se fue a carajo sacao».

—Ancalagüela: loc.adv.lug. Del castellano “En la casa de la abuela”. Prueba irrefutable de la superioridad práctica del andaluz sobre cualquier otra modalidad lingüística: seis palabras por el precio de una. Es comúnmente usado por todos los niños andaluces como excusa para perderse toda la tarde y no aparecer hasta que se ha hecho de noche.

—¿Aqueme quito la shanca?: loc.int. Del castellano “¿A que me quito la chancla?”, es la amenaza por excelencia de toda buena madre andaluza. Esta frase por sí misma, ha hecho más por la educación y el saber estar que todos los libros y enciclopedias sobre pedagogía publicados en los últimos treinta años. Esta oración, emitida por una madre o abuela, ha sido por sí misma una invitación al orden y al sosiego, así como a la concordia familiar.

—Ajogaílla: sust. Sí, es un sustantivo, aunque su apariencia externa sea de adjetivo funesto (“señora pequeña que ha pasado bajo el agua más tiempo de la cuenta”). Muy al contrario, una ajogaílla es una acción física en virtud de la cual una persona (victimario) de más fuerza física y/o mala leche y/o extraviado sentido del humor somete a otra (víctima) a inmersiones cortas y repetidas en el mar, cual moderno San Juan Bautista, pero sin sandalias. Es frecuente que los adultos tripudos le den ajogaíllas a sus sobrinos pequeños entre grandes risotadas. Algunos homicidios no resueltos podrían encontrar su explicación en esta secular práctica.

—Arferesía: sust. Estado alterado del ánimo que se caracteriza por un movimiento rítmico y salvaje de brazos y piernas, un rictus contraído y enfadado, un volumen de decibelios exageradamente alto y, en fin, todo el géiser de síntomas que acompañan a un ataque de nervios. Ej.: “Cuando la madre vio que su cuñao estaba dándole ajogaíllas a su hijo se fue a carajo sacao pa la orilla con una arferesía y lo escoñó bien escoñao”.

—Arresío: adj. Dícese de la persona o animal que, debido a la baja temperatura ambiente, experimenta una sensación térmica próxima a la congelación. En ciertos lugares de Andalucía, y debido al contraste, esto puede ocurrir a partir de los doce grados sobre cero.

—Arría la carná: imp. verb. mar. La mezcla de un verbo marinero (arriar) y un sustantivo pesquero (carná, de carnada, cebo) adquiere un insólito significado: paga, enseña la pasta, afloja la guita. En ciertos juegos de cartas también puede utilizarse justo antes de mostrar la mano.

—Avé vamoavé: Esta frase corta, que procede del castellano y que se traduce como “A ver, vamos a ver”, encierra una concreta estructura profunda ya que al ser emitida quiere literalmente decir “Espera, porque no me puedo creer lo que me estás diciendo y te piensas que soy idiota, y yo, por las buenas soy muy buena, pero por las malas, soy un demonio y te vas a arrepentir”. Esta frase dicha por un hombre, tiene un pase, pero dicha por una madre y/o novia, ha hecho temblar a los más valientes.

—Cabezaíta: sust. dim. Siesta de no menos de tres horas con pérdida de sensación espacio-temporal severa y para cuya finalización es necesario el empleo de un desfribrilador. Es conveniente cambiar la almohada tras su finalización debido a que los hilillos de… bueno, en fin, ya usted sabe de lo que estamos hablando, no disimule.

—Cadi: nomb. prop. Cádiz. Por favor, no diga usted “Cai” tratando de imitarnos. Nadie de Cádiz dice Cai. Nadie. No, ese tampoco. Y ese no es de Cádiz. Ej.: “¡Ese Cadi, Oé!”.

—Camballá: sust. Movimiento zigzagueante que sigue un individuo cuando, debido a los efectos de una ingesta alcohólica excesiva, es incapaz de marcar un movimiento rectilíneo en su deambular. Andar haciendo eses.

—Cárdaba: nom.prop. Ciudad del norte de Andalucía famosa por su mezquita y sus patios floridos.

—Chícharo: sust. Guisante. También puede utilizarse como sinónimo de cabeza. Ej.: “Anoche tomé demasiado rebuhito, me duele el chícharo”.

—Chiguato: adj. Estropeado, abollado, en mal estado. Suele emplearse para referirse a ojos que llaman la atención por su pequeño tamaño o deficiente apariencia.

—Chufla: adj. insult. Epíteto que se dirige a aquella persona de actitud impresentable, proceder engañoso y taimado y de condición rastrera y ruin. Ej.: Er…, no, mejor no pongo ejemplos.

—Funguela: verb.ind. Del caló fungue. Se refiere a que algo huele mal. Presten especial atención si este verbo es usado por un camarero hablando con otro mientras le acercan una bandeja de sardinas “frescas” o se la dice un nativo a otro hablando de una extranjera que van a proceder a presentarle amablemente.

—Gibraltar: nom.prop. ¡Español!

—Guarnío: adj. Cansado, derrengado, roto.

—Ji: adv.afirm. Sí.

—La Línea de la Concepción: nom.prop. Ciudad más bonita del Mediterráneo. Visítela, no se arrepentirá, y sus muertos y su puta madre el que vaya a Gibraltar y no gaste dinero en La Línea.

—Lanroble: nom prop. Vehículo todoterreno fabricado por Santana en Jaén, concretamente en Linares, y denominado por la gente fina y con estudios, Land Rover. Pueden resultar muy peligrosos. Un vecino de Algatocín, al bajarse de uno, olvidó quitarse el cinturón de seguridad, y se lo echó “en to lo arto” fracturándose 6 costillas y el fémur.

—Miilla: sust. Medida ambivalente para tamaño y peso. Exactamente equivale a la mitad de un pelín.

—Miititilla: sust. Medida ambivalente para tamaño y peso y que equivale exactamente a la mitad de una miilla.

—Morsegá: verb. Acción consistente en no apartar la mirada —con intenciones libidinosas y/o concupiscentes— de un sujeto de buen ver del sexo opuesto (o del mismo sexo, en determinados casos). Para qué engañarnos: normalmente es un tío mirando a una tía, cosas del heteropatriarcado…

—Morsegón: sust. Sujeto que realiza la acción de morsegá.

—Novea: imp.neg. Del castellano “No veas”, no tiene nada que ver con su significado literal, ya que no le está solicitando al interlocutor que no mire algo sino, más bien, puede interpretarse como una interjección encomiástica de cualquier evento, objeto o sujeto cercano. Ej.: “¡Novea la pechá de trabajá que me pegué ayé, me quedé guarnío!”

—Papa: sust. Patata (es que es más corto…) Son palabritas que llamamos de ida y vuelta, que vinieron de allí y nos las quedamos. Aparte de nombrar al conocido tubérculo, también puede utilizarse para nombrar al padre de manera familiar o para referirse a una cogorza, borrachera o tajá. Con el adverbio “ni” delante adquiere el significado de no haber entendido nada, pero nada de nada. Ni papa, vamos.

—Pelín: sust. Medida ambivalente para tamaño y peso y que equivale exactamente al doble de una miilla y como vemos su cara de descreimiento, decirles que las medidas exactas se encuentran a disposición del público para su comprobación y las originales, en la casa Consistorial de Benamocarra, en el salón anexo.

—Playas: sust. Las de La Línea de la Concepción. Visítelas, que son 12 km de playas vírgenes y verá usted cosa buena. Sí, uno de los autores es de La Línea. No, yo no, el otro.

—¿Queaje?: int. Del castellano “¿Qué haces?”, en realidad no se usa para interesarse por lo que usted haga sino que es meramente un saludo socarrón a la par que cercano.

—Quemedee: loc.imp. Del castellano “¡Que me dejes!”. Frase corta, aunque taxativa, con la que se cierra una conversación que no interesa debido a la insistencia del interlocutor, que ha llegado al nivel denominado “cansino”.

—Rebuhito: sust.dim. A saber de dónde viene (no lo vamos a saber todo, que no somos Pérez Reverte). Es una bebida que se toma en feria, sea donde sea, consistente en echar en una jarra Seven Up-Sprite y fino de Jerez a partes iguales. Es dulce y entra muy bien (Gritó alborozada Josefina en su noche de bodas), pero no se fíe, porque es una bomba.

—Tajá: sust polisém. 1. Borrachera, cogorza. Ej.: ¡Vaya tajá lleva ese shavá en lo arto! ¡Qué pechá de rebuito sabrá pegao! 2. Trozo de algún alimento susceptible de compartimentación, normalmente pescado. Ej.: «Dame una tajá de bienmesabe pa proba´lo, Samari».

—Toñitoezú: nom.prop. Del castellano “Antoñito Jesús”. Para entonar su pronunciación correcta debe decirse en voz muy alta desde la ventana de al menos un cuarto piso para que el susodicho, así como el resto del vecindario, puedan escucharlo en un radio de al menos 500 metros a la redonda.

—Vete al caraho: imprec. Posiblemente el sustantivo “caraho” sea una de las palabras con más expresiones relacionadas a base de desinencias, lexemas, morfemas y parientes varios (véase “Vocabulario para norteños, mesetarios y guiris 1”). En esta ocasión y precedido del imperativo “vete” adquiere el significado de insulto grave, antesala de una pelea. Para los más curiosos, añadir que “carajo”, en lenguaje marinero, era la pequeña canastilla que se encontraba en el palo mayor de algunos barcos. ¿Lo pilla? ¡Piense un poco, hombre, no se lo vamos a dar todo hecho!

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