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Zidane

Café Society

La esperanza

Con el regreso de Zizou, vuelven los miedos al otro lado del río y la paz en esta orilla.

Nueve meses han pasado y el padre vuelve con un ramo de flores debajo del brazo dispuesto a hacerse cargo de la criatura. Hace no tanto su presencia lo llenaba todo aunque él estuviese lejos. Zidane se convirtió en un fantasma que, en contra de su voluntad, se llevó la paz y la armonía de nuestro hogar dejándonos las manos vacías y la cabeza llena de recuerdos. Desde que se marchó, Zizou ha sido feliz dedicándose a vivir más y mejor, pero el Real Madrid no puede decir lo mismo. Se le ha ido agotando el oxígeno, su existencia ha sido una tortura y el recuerdo del francés ha sobrevolado constantemente —antes de ser seccionadas— las cabezas de Lopetegui primero, y de Solari después. El otro día recibía un mensaje de un amigo argentino muy culé preguntándome sobre el posible sustituto de Solari en el banquillo que rezaba: “Madre mía. Ojalá que Zidane no”.  Con el regreso de Zizou, vuelven los miedos al otro lado del río y la paz en esta orilla. Vuelvo a creer en los milagros.

He de decir que me sorprende que Zidane haya accedido a ponerse a los pies de los caballos, siendo una persona tan prudente e inteligente. Será que cada vez creo menos en la fidelidad. Zizou se encontrará con una plantilla de morros, con jugadores desterrados como Marcelo o Isco que tendrá que recuperar para una misión poco gratificante. Tanto ha cambiado la historia en tan poco tiempo que el entrenador al que se le caían Copas de Europa de los bolsillos tiene como prioridad absoluta para lo que queda de temporada asegurar la participación en Champions el año que viene. A Solari tenemos que darle las gracias por aceptar el reto sin rechistar, y el pésame por fracasar estrepitosamente. También es cierto que debemos eximirle de una cadena perpetua y que tenemos que mirar hacia arriba cuando repartimos responsabilidades en este caos permanente en el que se había convertido el Real Madrid este año.

El futuro ha cambiado de color, simplemente, porque un nombre nos ha ilusionado, y de ilusión también se vive un rato largo. Ya no habrá extirpación forzosa de los supuestos tumores, y aquí quiero recalcar unas declaraciones del propio Zidane sobre Sergio Ramos: “Lo mejor de Ramos es que antes de que te rías en su cara, él ya se ha reído en la tuya con un gol que no esperas y que deja al equipo contrario en paños menores. No existe tío con más pasión por el balón una vez que pisa el campo. Solo le pido que jamás abandone ese hábito de mirar al cielo y pedirle a su abuelo que le ayude, porque lo cierto es que le trae suerte a él y al equipo”.

Zidane es la mejor noticia que podíamos recibir, la vuelta del hombre tranquilo, de la serenidad. Confieso que tengo miedo del pasado, porque cumplir con unas expectativas que vienen cebadas por los días de gloria es algo sumamente complicado y peligroso. Pero para despejar de nuestro camino los malos pensamientos, Zizou nos regaló otra grata reflexión que nos viene como anillo al dedo teniendo en cuentas las circunstancias que rodean su regreso: “El fútbol solo es bonito cuando no tienes ni idea de lo que va a pasar”.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

2 Comments

2 Comments

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  2. Juan De Dios Luna Cijanes

    12/03/2019 at 17:15

    Pues la verdad a mi como hincha culé Zidane no me asusta para nada, pues el juego del Madrid con él no era muy diferente a otros Madrid antes y después de él. Sobrevivió en el banquillo por circunstancias que estaban fuera de su control, y siempre agarrandose al clavo ardiente de la Champions, al cual creo que deberá seguir agarrado tanto él como cualquier otro que hubiese venido, simplemente porque ni él ni ningún otro fueron el problema, como tampoco serán la solución mientras el que manda siga siendo el mismo.

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