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Boxeo

Willard vs Dempsey: un siglo del combate más brutal de la historia del boxeo

Sucedió el 4 de julio de 1919 en Toledo, Ohio. El gigante fue destrozado por un boxeador al que nadie concedía una oportunidad.

Hoy se cumple un siglo de una de las peleas de boxeo más brutales que se recuerdan. Los protagonistas de aquella contienda fueron los estadounidenses Jess Willard y Jack Dempsey. El combate se conoce como la versión moderna de David contra Goliat. Willard era un gigante de 1,99 con un alcance de 222 centímetros, mientras que Dempsey medía 1,85 y tenía un alcance de 196. Semanas antes del combate, como parece razonable, nadie daba posibilidad alguna a Dempsey. Willard era el campeón y además parecía un golem al lado de su rival. Sin embargo, Dempsey no estaba por la labor de hacer cumplir los pronósticos y masacró a Willard en tan solo tres asaltos.

Jess Willard comenzó a boxear a la tardía edad de 27 años. A día de hoy parece impensable que un peleador que empiece a boxear a esa edad pueda convertirse en campeón del mundo, pero hablamos del siglo pasado y Willard fue el campeón de los pesados durante varios años. A pesar de que aquel gigante hecho boxeador nació en Estados Unidos, su procedencia era europea, española, concretamente. Se dice que su verdadero nombre era José Villar y que su padre era un emigrante de Tafalla (Navarra).

Como boxeador, Willard empezó a ganar notoriedad después de su disputa con Jack Bull Young. Fue en 1913 y era de sus primeras peleas como profesional. Durante el transcurso del combate, Willard lanzó un fortísimo golpe a Bull Young que le rompió la mandíbula e hizo que un trozo de hueso se le clavase en el cráneo, lo que le costó la muerte en el noveno asalto. Willard fue acusado de asesinato en segundo grado, pero finalmente fue absuelto por el tribunal al considerar que había sido algo completamente involuntario y fortuito.

Dos años después de aquel trágico incidente le llegó su oportunidad de pelear por un título del mundo. Willard era la gran esperanza blanca en un deporte en el que los afroamericanos se estaban empezando a imponer. Todo esto bajo un imperante clima de racismo como el que se vivía por aquel entonces en Estados Unidos. El rival por el cinturón fue el afroamericano Jack Johnson, el actual campeón. En aquel marco de racismo exacerbado y ante la posibilidad de que hubiese un nuevo campeón blanco, el público estadounidense se volcó de lleno con Willard. La pelea tuvo lugar en La Habana el 5 de abril de 1915 y el gigante necesitó 26 asaltos (el combate estaba pactado a 45) para someter a Johnson y proclamarse nuevo campeón mundial. Hay dos versiones contradictorias sobre aquella pelea. Algunos afirmaron que Johnson se dejó ganar para evitar represalias racistas y poder volver a Estados Unidos sin mayores consecuencias. Otros dijeron que Willard ganó por ser más fuerte y capaz de soportar el clima tropical y la duración del combate.

Al contrario que Willard, Dempsey era casi un total desconocido en el boxeo cuando peleó por el campeonato del mundo. Fue la pelea contra el gigante la que lo puso en el centro del mapa del panorama boxístico. Tenía doce hermanos y comenzó a pelear en bares y pubs locales para ganar algo de dinero para su familia. A día de hoy se encuentra entre los diez mejores pesos pesados de la historia según International Boxing Research Organization (IBRO).

La pelea con la que comenzó su leyenda tuvo lugar el 4 de julio de 1919 en Toledo, Ohio. Willard afirmó días antes: “Está será la pela más fácil de mi carrera”. Se equivocó, y de qué manera. Dempsey subió al ring a pelear como si su vida dependiese del resultado de ese combate, y así era en parte. A pesar de la diferencia de tamaño, Dempsey salió al frente y buscó conectar golpes de poder desde el primer segundo de combate. Cuando había transcurrido tan solo medio minuto, Willard encajó una potente izquierda que le rompió la mandíbula y le hizo besar la lona por primera vez en su carrera. Era solo el preludio del calvario que aquel gigante de casi dos metros tendría que pasar aquella tarde de verano. Aun teniendo la mandíbula completamente desencajada, Willard consiguió levantarse y seguir peleando, aunque en el primer asalto Dempsey lo volvió a tirar en otras seis ocasiones más.

A pesar del severo correctivo que estaba recibiendo Willard, incomprensiblemente, el árbitro decidió no parar la pelea y dejar que Dempsey siguiese castigando tan cruelmente a su oponente. Después de los tres primeros asaltos Willard estaba ya completamente irreconocible, tenía la cara tan hinchada que apenas podía distinguirse nada que no fuesen moretones y sangre. Cuando iba a empezar el cuarto asalto, no fue capaz de levantarse y de seguir peleando. El campeón había perdido el título de la peor manera, pero probablemente no poder levantarse para afrontar el cuarto asalto fue lo mejor que le pudo pasar dado su deterioro físico. De haber seguido peleando las consecuencias podrían haber sido fatales.

El reportero de Ringside, Damon Runyon, escribió: “Acurrucado en el taburete de su rincón, un gigante sangrante, tembloroso e indefenso, Jess Willard, el gigante de Kansas, renunció esta tarde a su título de campeón mundial de peso pesado, justo cuando la campana estaba a punto de sonar”.

Runyon describió así la bizarra escena: “El lado derecho de su cara era una pulpa donde los puños del niño indio habían estado aterrizando durante nueve minutos con una fuerza temerosa. El ojo derecho del campeón estaba completamente oculto detrás de esa mancha sangrienta. Su ojo izquierdo se asomó sobre un trozo de carne de manera grotesca. El gran cuerpo con forma de masa del gigante estaba completamente salpicado de manchas rojas”. “Fueron las secuelas de los guantes de Dempsey, que devolvían un sonido hueco cuando golpeaban. A los pies del púgil de Gargantúa había una mancha oscura que se estaba ensanchando lentamente sobre el lienzo marrón, ya que se había llenado con el goteo de la sangre de sus heridas. Estaba salpicado de rojo de pies a cabeza. La carne de sus enormes extremidades temblaba como la crema”.

Se dice que ante aquella brutal imagen el propio Dempsey sintió ganas de vomitar. “Ver a Willard así fue una visión lamentable”, afirmó. “Su rostro estaba hinchado y magullado. Me miró con ojos vidriosos y apenas podía hablar a través de sus labios agrietados. Le lancé más golpes, incluyendo un fuerte golpe en el ojo, que hizo que se le cerrase parcialmente. La pelea se volvió cada vez más sangrienta e incluso escupió un diente”.

Sentado en su esquina al final del tercer asalto, Dempsey se quedó hipnotizado ante lo que ocurría en la esquina opuesta. “Miré hacia Willard. Su rostro estaba distorsionado por un pómulo roto y estaba teniendo problemas para mantener su cabeza en alto. Me sentí enfermo. No me había dado cuenta de que mi furia interior podía hacer tanto daño”, manifestó Dempsey.

Willard terminó con fracturas en la mandíbula, nariz, pómulo y costillas. También perdió varios dientes. Siempre ha existido el rumor de que Dempsey colocó algo en sus guantes para poder causar más daño, pero esa teoría nunca se demostró. Días después de la pelea, Willard afirmó: “Dempsey es un pegador memorable. Es la primera vez que he sido derribado. Tras haber enviado a muchos pájaros a casa en la misma amoratada condición en la que yo me encuentro, ya sé lo que ellos sentían”.

Después de perder el título, Willard decidió retirarse del boxeo y se dedicó al mundo del espectáculo. Formó parte de algunas obras de teatro, películas y espectáculos de feria. Por el contrario, Dempsey, prosiguió con una próspera pero corta carrera boxística. En 1926 fue a él al que le tocó perder el título de campeón y, al igual que Willard, decidió retirarse tras verse vencido; también se dedicó al mundo del espectáculo.

Vigués afincado en Madrid. Aficionado a los golpes en la cabeza y, por ende, también al motociclismo y al boxeo. Su primera bicicleta tenía motor y desde ahí ha ido in crescendo. El día que descubrió que no iba a ser ni el próximo Kevin Schwantz ni el próximo Muhammad Ali decidió dedicarse al periodismo. En sus ratos libres le gusta complicarse la vida y leer sobre filosofía y la Guerra Civil, probablemente a causa de algún traumatismo craneoencefálico.

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