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Xabi Prieto
Xabi Prieto I CORDON PRESS

Fútbol

Xabi Prieto: brindemos con Fanta de Naranja

Los finales son finales, aunque sean felices. Y en esta Liga que se acaba, no sólo se despide Iniesta. También Xabi Prieto, a los 34 años, después de toda la vida tratando el balón con una elegancia inolvidable en un solo club: la Real Sociedad.

Siempre que un gran futbolista se va pasa como cuando un amigo se va: algo se muere en el alma. Y, en ese caso, la coreografía es irremediable. Se trata de Xabi Prieto que, a los 34 años, ha decidido poner fecha de caducidad a su vida de futbolista, imprescindible la melancolía que nos lleva a recordar todo lo que un día empezó. Han sido 15 temporadas en la que tuvo más prestigio en la profesión que popularidad en el mundo. Una pierna derecha de clase que, por esas cosas que pasan, nunca levantó un título: ni una Copa del Rey ni una Europa League ni tampoco unas semifinales de la Champions que hubiesen revolucionado San Sebastián, como en los viejos tiempos. Pero no todo lo que pasa en la vida depende de uno. Si hubiese nacido 20 años atrás, posiblemente aquel medio campo que hizo campeón de Liga a la Real Sociedad (Diego, Alonso y Zamora) no hubiese sido el mismo, o Ormaetxea, en vez de jugar con el 4-3-3 de la época, lo hubiese hecho con un 4-4-2 en el viejo estadio de Atocha: ya no vale la pena insistir en ello, se nos pasó el tiempo de hacerlo. 

Ha sido un futbolista fantástico Xabi Prieto. Aquel verano en el que descendió la Real Sociedad y se habló de su traspaso al Racing de Santander, siendo como soy acérrimo seguidor racinguista, pocas noticias me hicieron tanta ilusión como ésa. Pero entonces no hubiera sido igual. Xabi Prieto no hubiese sido jugador de un solo equipo, como los de antes. Tampoco hubiese reventado el tópico de que el dinero es lo más importante ni hubiese mantenido viva la herencia del escritor uruguayo Eduardo Galeano: “En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”. Así que en estos tiempos, de amores partidos, resulta un placer escribir de él. Sin ser mejor o peor, Prieto ejemplifica el respeto a un sentimiento  de la niñez: ya nunca será el compañero que venía de fuera en el vestuario. Tampoco consintió que la playa de La Concha lo echase de menos y hasta marcó ese gol a lo Panenka. Nadie más indicado que él, tal vez.  No era lo que hacía, sino como lo hacía. 

Hoy, en este escrito de despedida o de admiración, podía haber solicitado una entrevista con él. Pero ya habrá tiempo de hacerlo cuando pasen estos días. Hay futbolistas que nunca desaparecen de la memoria como Xabi Prieto al que uno nunca vio engominado ni peinado del revés en una fotografía en la cancha. Hijo de funcionarios, representa un tiempo amenazado en el fútbol de hoy. Habla de la suerte por encima de la vanidad o del sentimiento por encima de la victoria, propietario de una buena cabeza, capaz de resumir el futbol con una simpleza que también echamos de menos en las ruedas de prensa: “Al final, esto consiste en pasarle el balón al compañero mejor colocado”. Quizás por eso ya no se trata de ponerle de ejemplo, sino de resaltar la diferencia.  Todavía recuerdo aquella entrevista que leí con él en la que el periodista, Diego Torres, empezaba así: “Juran en su cuadrilla que Xabi Prieto nunca probó el alcohol. Que en fiestas cuando salían por el casco antiguo de Donosti, mientras los demás bebían calamocho, él insistía en el Aquarius. Un amigo dice que lo vio con sus propios ojos: ‘celebró su boda con un brindis de Fanta Naranja’”. 

Así que, si hay que brindar en la despedida, que sea con Fanta naranja, como hizo Xabi Prieto en el día de su boda. Porque la Fanta Naranja tampoco será una rareza, sino una diferencia como lo ha sido él en el campo de fútbol. Una más en estos 15 años en los que, sin ser un tipo veloz, nos dejó momentos imborrables en la banda derecha. Trató a la pelota con una elegancia inolvidable y no importaba que el partido fuese contra corriente. Tampoco importaba que, desde el primer día, su vida de futbolista se situase en las antípodas del marketing lo que nos recuerda que no sólo es lo que eres. También donde naces. Hoy, quizá nos da rabia que 500 partidos hayan pasado tan rápido, que una pulbalgía amenace estos días su despedida y que él haya decidido que este es el final. Quizás por eso hoy empezamos por el final en vez de por el principio, son las cosas de brindar con Fanta naranja que no hacen más que recordarnos lo que dice el escritor norteamericano Gregory Maguire: “Los finales son finales, aunque sean felices”.

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