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Opinión

Dos días de mayo

Xavi anuncia su retirada del fútbol un día después del infarto de Casillas. Ambos fueron los mejores representantes de la mejor España de siempre.

A Casillas le da un infarto y Xavi se retira del fútbol. En el plazo de dos días. Expresado así, de sopetón, parece un titular inventado o una broma algo macabra. Según me explicaron no hace mucho, los superhéroes no envejecen y se incorporan a cada época con el cutis terso y suave. Creo que de los futbolistas esperamos algo así por ser ellos una categoría especial de tipos con poderes. Por eso nos impacta tanto la enfermedad de un jugador, no digo ya la muerte, porque desbarata una suposición infantil, pero profundamente arraigada. Nada malo le puede ocurrir a los protagonistas de nuestros cromos, ya que nada malo le sucede a los protagonistas de nuestros cuentos.

El día después de que a Iker le cayera un rayo, y sin tiempo para asimilar cuánto nos afecta, Xavi ha anunciado su retirada. Si hubiera que dar entidad corpórea al símbolo habría que recurrir a la Pirámide de Keops o al Gran Cañón del Colorado. Algo emerge ante nosotros o algo inmenso se abre sobre nuestro suelo. En cierto modo, hemos dado dos vueltas a la manzana. Primero asistimos a la retirada de los ídolos de la niñez y a su posterior conversión en entrenadores; ahora presenciamos la retirada de los jugadores que compartieron nuestra edad adulta y su inminente reciclaje en los banquillos. No quiero ni pensar cómo nos pillará la siguiente ronda.

Sin embargo, deseo que ocurra. Espero que la siguiente coincidencia que implique a Casillas y Xavi los reencuentre como entrenadores. En su nota de despedida, Xavi confirma que por ahí pasará su futuro, e incluso ha descrito ya su ideario futbolístico: «Me encanta ver a los equipos tomar la iniciativa en el campo, el fútbol de ataque y volver a la esencia de lo que todos amamos desde nuestros días de infancia: el fútbol de posesión”. Es obvio que Xavi no se imagina entrenando al Huesca, dicho sea con todos los respetos para los que nunca reblan.

Me gustaría que el tiempo y el fútbol añadieran mejores recuerdos sobre el último tramo de la carrera profesional de ambos. Y no me estoy refiriendo al infarto, ya lo habrán podido imaginar. Hago alusión a la triste salida de Iker del Real Madrid y al odio todavía perdurable de los hijos de Mourinho; también a la inmersión arábica de Xavi que le llevó a decir que “es cierto que en Qatar no hay democracia, pero la gente es feliz”. Esa mancha, de petróleo en el caso de Xavi, no hace justicia a lo que han representado personal y profesionalmente los dos futbolistas más importantes de la mejor Selección que ha tenido España en su historia.

Iker y Xavi Hernández simbolizaron como nadie el carácter de ese equipo que nos hizo campeones de todo jugando y siendo como nos gustaba ser. Desde que ganaron el Mundial Sub 20 en 1999, hace justo 20 años (otro símbolo del tamaño de la Torre Eiffel), uno y otro transformaron la personalidad de nuestro fútbol, Casillas desde la confianza y Xavi desde el juego. A sus títulos incorporo aquellas conferencias de paz que impidieron que Mourinho siguiera sembrando cizaña entre madridistas y barcelonistas.

Apenas quedan rastros de esa Selección. Es fácil que en los dos últimos días a Iniesta se le haya llenado el poco pelo de canas. Y es probable que Sergio Ramos y Piqué hayan notado crujir una rodilla, o las dos. Supongo que así se pasa del presente al pasado, doblando una esquina.

Decía el poeta que las campanas no doblan por los muertos, sino por todos nosotros, porque todos formamos parte de la misma humanidad, y sin ponerme tan solemne doy por hecho que lo mismo sucede con los infartos y las retiradas. También nos afectan. La historia más gloriosa del fútbol español ha cerrado capítulo en dos días de mayo y a partir de mañana se estrena un nuevo episodio. Como diría el clásico, seguiremos informando.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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