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Los aficionados de La Romareda disfrutaron de un partidazo. / Foto: Daniel Marzo/Cordon Press

Fútbol

Primera, a la vista

Zaragoza y Albacete honraron al fútbol en un colosal partido que nadie debería perderse en las redifusiones que queden y que muy poca gente será capaz de explicar cómo pudo concluir empate a cero… El conjunto aragonés ya compite con y cómo los mejores, y el líder mostró, en La Romareda, unas credenciales que deberían llevarle a celebrar el ascenso en unos meses

Hace ya casi 25 años, en octubre de 1994, la FIFA falló un acierto: obligar a todas las ligas profesionales a que el triunfo de un partido pasase de dos a tres puntos como botín para el ganador. La idea era estimular la búsqueda de la victoria y que el premio para quien se contentase de partida con un empate fuese, al cabo, un premio menor. El olor a cerrado que dejó el Mundial de Estados Unidos de ese mismo verano, para muchos el más mezquino en lo futbolístico de los celebrados hasta entonces, impulsó al máximo organismo mundial a la toma de esta decisión.

Más de una generación después, la inmensa mayoría de los que acumulamos cierta experiencia a ambos lados del año 94, convendremos en que se trató de una política más que conveniente. No perfecta, claro. No existen las decisiones perfectas. O si lo hacen, son toda una rareza genética. Para perfeccionarla, quizá habría que recurrir al Bar, con b, porque el punto de partida de la reflexión que se propone bien podría tener su origen en una barra cualquiera. Como muchas de verdadero calado e interés general, por otra parte: el problema no es que nazcan allí, el problema es cuando no somos capaces de hacerlas trascender. Recurrimos a él entonces. No marcamos un rectángulo de plasma para ello. El mecanismo gestual es el siguiente: levantamos un brazo para agarrarnos a la parte superior de un tirador imaginario y, con el otro, semi estirado, hacemos el gesto de cuarto de círculo hacia nuestro propio cuerpo, simulando que estamos tirando una caña. Así se activa el debate en la sala del Bar: tiremos la caña… a ver qué pescamos.

Aunque nunca se hubiese imaginado y ahora sea todo un desafío reconducirlo, estos dos párrafos iniciales pretenden servir para enmarcar el tremendo partido de fútbol que libraron este sábado por la tarde, en La Romareda, el Zaragoza y el Albacete. Y aún se entenderá menos si ahora buscan el resultado: 0-0… No se fíen de las apariencias y sigan este consejo: véanlo. Más que un consejo, es casi una recomendación obligada para esta tarde o para cualquier rato libre de esta próxima semana. Comenzarán creyendo que es una broma sin gracia y terminarán agradeciéndolo. No habrá habido tres partidos en toda la oferta televisiva, nacional e internacional, del fin de semana mejor que éste y eso, entre casi un centenar de partidos ofrecidos en las plataformas más panorámicas, el dato no es poca cosa.

Fue un partido de Primera, coincidieron todos en sala de prensa y en zona mixta. Fue un partido muy notable de Primera, en honor a la verdad: disputado por dos equipos valientes y orgullosos, orgullosos de lo que son, aunque uno esté más orgulloso que el otro de donde está. Porque el Albacete es el líder de Segunda y el Zaragoza parece condenado a asegurar la permanencia como mayor aspiración de aquí a junio. Parece. Lo cierto es que nadie, ajeno a la actualidad, hubiera sabido distinguir qué conjunto de los dos era el líder. Y en absoluto la sensación se debió a una versión pálida del Albacete. Al contrario. El equipo de Ramis se mostró como el más rotundo en visitar la capital aragonesa. Con un portero imperial, Dani Torres abusando de su jerarquía en el mediocentro defensivo, Susaeta jugando a los dardos en cada balón parado, Febas y Bela soltando veneno y Zozulya intimidando en cada acción donde asomaba el islote que tiene por mechón. Ramis, producto de la cantera madridista, Fábrica de laterales y técnicos últimamente, demuestra tener madera de entrenador de primer nivel, quizá más de lo que pueda tener hoy Solari, aunque su perfil se ajusta menos a la belleza clásica y por las alturas todos los factores cuentan.

El Zaragoza no fue ni un átomo menos que un Albacete que es un acorazado y vuela con estruendo hacia la máxima categoría del fútbol español. Tras una primera vuelta donde puso en riesgo hasta su esperanza de vida como club, sostiene un muy saludable ritmo de ascenso desde la llegada de Víctor Fernández al banquillo: 15 puntos de 24 posibles. Ritmo de ascenso imponente si lo sostienes desde el principio hasta el final y que todavía deberá mejorarse si el conjunto aragonés aspira a repetir la hazaña de la temporada pasada. Para que las cosas sucedan, frecuentemente hay que soñarlas, así que no será aquí donde se enfríe ninguna aspiración legítima, pero pongamos en valor los nuevos cimientos. Sobre ellos se construirán las realidades ya soñadas. Hay mucho de la mano de Víctor en ellos, de su capacidad para proponer y contagiar, y no hay poco de dos refuerzos concretos: Guitián y Dorado, para ser exactos. Ahora el equipo, además de por un ángel siempre de guardia en la portería, se sabe protegido por unos centrales que, como todos en nuestras respectivas profesiones, no son impermeables a algún error futuro y puntual, pero que manejan un mayor porcentaje de aciertos que sus compañeros de posición en la plantilla, imponen su potencial en este nivel, niegan casi todas a los delanteros rivales y son piezas fiables para que el circuito de juego se inicie con ellos. Eguaras se acerca mucho ya a su mejor versión de la segunda mitad de la temporada pasada y James incluso supera la mejor que mostraba antes de su inoportuna lesión muscular en Almería. La banda derecha que componen Benito y Soro mezcla a la perfección, al menos en casa, y el inminente regreso como titular de Javi Ros (el mejor jugador de la plantilla si se computa toda la presente campaña) sólo añade cemento y certezas a las prestaciones de un equipo que ya compite como el mejor, aunque esté todavía muy lejos de los mejores. Álvaro Vázquez, afilado contra el Oviedo, falló las que fallan los delanteros que llevan una década de carrera y nunca se han consolidado en Primera (Nino, aparte): las ocasiones que invitan a pensar demasiado. Aguirre demostró que ha jugado demasiado poco hasta ahora y Pombo, si no recupera su mejor nivel, quizá empiece a jugar menos cuando Linares carbure y Papu y Guti estén disponibles.

Volvamos al Bar para compartir la reflexión que allí se propone y darle así sentido al inicio del texto. ¿Podría encontrarse una evolución de la norma del 94 que, en virtud del espíritu de la misma, premie con dos puntos a los equipos que, buscando ambos la victoria, encuentren un empate? Quizá el futuro nos lleve ahí en algún momento, si canalizamos bien la propuesta y la elevamos de la barra en la que nació, aunque se reconoce que legislarlo no resultaría sencillo. ¿Cómo lo medimos? ¿Si el empate es a partir de dos goles? Podría ser, pero la idea surge en un 0-0 colosal; que bien pudo ser empate a dos o hasta empate a tres, pero resultó un vibrante e inexplicable empate a cero… ¿Cuándo ambos equipos acumulen más de X disparos a puerta u ocasiones de gol? Dependerá de cómo despejemos esa X, seguramente. Y aquí ya se va complicando que la propuesta de ley pase a trámite… Volviendo al caso concreto que nos ocupa, el Zaragoza registró 15 lanzamientos a puerta, que es una marca muy notable, en cualquier caso; y el Albacete, ocho, que no es una marca menos notable para quien juega fuera de casa, por muy líder que sea.

Quizá sea un argumento peregrino, pero se trata de una reflexión que trata de llenar un vacío que se produce en los partidos en los que ambos equipos merecen ganar, porque lo buscan con denuedo, terminan empatando y ninguno merece un punto solo. El punto, de cualquier manera, consolida el liderato de un Albacete admirable y parece descabalgar al Zaragoza de todo sueño. Parece. Veremos. Veremos y vean este partido y todos los que puedan de ambos conjuntos de aquí al final de temporada, porque uno no pierde el rumbo y otro ya lo ha encontrado. Y en esta vida, si logras encontrar tu rumbo, ya sólo es cuestión de tiempo alcanzar tus metas. Por muy lejos que parezca, y más largo que se haga, cada vez queda menos para que Albacete y Zaragoza, quizá el mismo mes, probablemente en años consecutivos, griten: ¡Primera, a la vista!”.

Cefalópodo. Activista de imposibles renovables. Dueño, como nadador, de un diploma paralímpico único en Londres 2012. Único... porque no ganó más (50 espalda) y porque nunca nadie ha alcanzado uno igual: con 33 años y sin haber entrenado nunca antes de los treinta. Doctor Honoris Causa en México y conferenciante motivacional sin fronteras en www.delospiesalacabeza.org, regresa a la redacción deportiva tras fatigar teclados en Heraldo de Aragón y en As a principios del siglo

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