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Cristian siempre está y a Idiakez se le espera

El portero argentino, parando un penalti a Brandon, protagoniza el enésimo rescate 
al Real Zaragoza desde su llegada la pasada temporada y el equipo aragonés, impotente con y sin balón, salva un milagroso empate ante Osasuna.

El Zaragoza de Idiákez se ha convertido en un holograma de sí mismo. Dirías que está, pero te mueves un milímetro, apenas un segundo, y desaparece. Ni rastro del conjunto que asaltó el Nuevo Tartiere (0-4) o que escribió poemas a su afición en las primeras mitades contra Las Palmas y, en Copa, ante el Deportivo. Todo hace menos de un mes. ¿Qué ha podido ocurrir para que casi lo mismo, con casi los mismos, se convierta en su absoluta némesis?

El dominó cedió tras el descanso de Almería, coincidiendo cronológicamente con la lesión muscular de James, y ya cuesta encontrar una ficha en pie. Cuesta encontrar dos, en honor a la verdad. Porque hay una que está siempre, firmando milagro tras milagro desde que llegó a la portería aragonesa la pasada temporada. Algún día, cuando prescriba y el protagonista en la sombra se anime, desvelaremos quién activó los resortes para que Cristian Álvarez y Lalo Arantegui se encontraran. Quizá ni uno ni otro lo sepan. El argentino de Rosario detuvo anoche un penalti al osasunista Brandon, que marcó el signo del encuentro, y, quién sabe, si servirá también para que el conjunto aragonés encuentre el impulso que le haga virar su errático rumbo, como ocurrió mediado el mes de enero tras negarle a Alfaro el empate del Córdoba en una desabrigada noche de cierzo y reproches. De momento, permite sumar un punto del todo inmerecido, por impotencia manifiesta.

Cristian es la mejor noticia deportiva del Real Zaragoza en años. Quién sabe cuántos y quién sabe a qué dedicó su cuerpo y alma durante el año sabático previo a desembarcar a orillas del Ebro. Ese curso reservado a sí mismo sí que fue un máster y no lo que se va regalando por ahí. Quizá se cumpla ya una década desde que un jugador de su categoría no honra una camiseta con este escudo. Ha habido varios notables en este tiempo, pese a todo, pero resulta difícil encontrar un caso que se aproxime al anacronismo que supone disfrutar de un guardameta de nivel internacional en un club ya muy instalado en la Segunda División del fútbol español. Salvo Franco Armani, portero de River y un portento descomunal bajo los palos, Álvarez le aguanta el pulso a la comparación con cualquier otro compatriota. Un amigo que sabe dice desde hace tiempo, y dice bien, que, si Bielsa fuese el seleccionador argentino, Cristian habría ido al Mundial de Rusia. Que nos disculpe el rapto de egoísmo, pero menos mal… Porque, sin Cristian, el Zaragoza habría perdido ayer sin remedio y lo que ahora se juzga como un camino poco asfaltado sería ya una carretera casi cortada.

El Zaragoza de Idiakez aún está a tiempo de todo porque tiene al mejor portero de la competición, porque ha demostrado ser mucho mejor de lo que viene ofreciendo en los últimos cuatro partidos -dos derrotas y dos empates- y porque aún no necesita prismáticos para ver los tres puestos que son siempre las progresivas referencias para el ascenso: está a cuatro del sexto, a cinco del cuarto y a siete del segundo. No es un problema de tiempo, ni siquiera de espacio, es un asunto de velocidad en encontrar las soluciones y ahí Idiakez no parece ser un técnico de fibras rápidas. Ojalá lo sea y estemos errando la impresión.

Se le empieza a poner en duda por su persistencia granítica en sostener un 4-3-3 (4-3-1-2, con Buff de enganche en los dos primeros partidos, hasta la llegada de Álvaro Vázquez), que dio sus réditos en un inicio de competición marcado, además, por la epidemia de bajas en la zona media: Zapater, Eguaras y Guti. Era un sistema casi obligado por tanta baja en una misma zona del campo y tuvo una meritoria arquitectura, con Verdasca de pivote y los incansables Ros y James a los costados. Los músculos de James dijeron basta en el citado intermedio de Almería y quizá la coincidencia de ese hecho con el inmediato desploma colectivo tenga más de futbolística que de cronológica. El nigeriano, su manejo de la zurda y su ida y vuelta con habitual criterio, llenaban de sentido el empleo de ese sistema. Ni Buff, ni en los últimos partidos Zapater, son trascendentes acostados en la banda izquierda. Por ahí el equipo se comenzó a descoser.

Ha existido un empeño poco audaz en mantener un sistema para el que no se dispone de los jugadores idóneos, lesionados James y aún por recuperar a Raúl Guti. No se quería prescindir de los tres de arriba, una amenaza evidente que ha ido encogiendo conforme el equipo no ha encontrado respuestas en el campo a sus goteras localizadas. Volvió Eguarás, pero un Eguaras en marcada puesta a punto, que aún sufre la soledad en la construcción y en la contención: Albacete fue una muestra de lo primero y el gol de Osasuna, de lo segundo. 

Puede que la fuerza de la gravedad de lo ocurrido anime a Idiakez a organizar a sus hombres en una disposición donde, por estar más lejos de la derrota, puedan acercarse a una victoria, cinco jornadas después, este sábado en Soria. Debería. La inoportuna lesión en el aductor de Marc Gual podría conspirar también a favor de estrenar un 4-4-2, propio de un futbolín y de quien no quiere desangrarse, con Ros y Eguaras en el medio, James por izquierda y Zapater (hasta que regresen Guti y Papu) por derecha. Y, se pide por favor, con Álex Muñoz de titular en un centro de la defensa. Sin él, es el centro de un salón del oeste con las balas silbando. Que lo acompañe Grippo ya es un anhelo menor; pero, Imanol, pon fin al despropósito de ni siquiera convocar a tu central más solvente. Y ya que vamos con impulso en los ruegos de este texto, que ha arrancado como un intento de análisis y acaba como una carta abierta, cita a Aguirre y a Buff para alicatar algo el banquillo y tener con qué agotar los tres cambios.

Anoche, Osasuna fue a por el partido en la segunda parte con Fran Mérida y Roberto Torres. Casi nada al aparado. Mientras, Cristian paraba, Lasure sacaba un balón sobre la raya, Rubén García perdonaba una tras otra y el tercer movimiento del técnico vasco nunca llegó. A ese último cambio ya no se le espera, como casi no se esperaba salvar un punto ante el conjunto navarro, el peor visitante hasta este partido. Sí se aguarda una reacción inmediata; de puntos y, casi más urgente, de sensaciones. Deberá ser capaz de reinventarse con la misma audacia que mostró a principios de temporada. O, de lo contrario, el Zaragoza de Idiakez no tardará en dejar de serlo.

Cefalópodo. Activista de imposibles renovables. Dueño, como nadador, de un diploma paralímpico único en Londres 2012. Único... porque no ganó más (50 espalda) y porque nunca nadie ha alcanzado uno igual: con 33 años y sin haber entrenado nunca antes de los treinta. Doctor Honoris Causa en México y conferenciante motivacional sin fronteras en www.delospiesalacabeza.org, regresa a la redacción deportiva tras fatigar teclados en Heraldo de Aragón y en As a principios del siglo

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