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Real Madrid

Zizou, se deshincha el globo

Las grandes expectativas son las que crean grandes decepciones.

Estamos aún en agosto y los equipos, todos, están aún colocándose, reconociéndose. La temporada acaba de empezar, pero el Madrid viene de donde viene, y la pretemporada, con su fútbol y sus pobres resultados, no ayuda. El empate ante el Valladolid, repitiendo vicios conocidos y con ese once inicial sin una sola cara nueva, ha generado algunas dudas que se pueden analizar.

Es evidente que es pronto para sacar conclusiones, pero la llegada de Zidane en marzo pasado creó unas altas expectativas. Su famoso “habrá cambios” disparó la ilusión por ver algo nuevo, pero una pretemporada confusa, con más noticias y rumores fuera del campo que dentro –Pogba, Neymar, Van de Beek, la salida de Bale “mejor mañana que más tarde”– y estos dos primeros partidos de Liga, sobre todo el del sábado ante los de Pucela, han empezado a crear muchísimas dudas entre los aficionados. Los cambios prometidos se han quedado en meros retoques estéticos; nada real, siguen los mismos y juegan igual.

El Madrid necesitaba cambios estructurales, pero cambios importantes, con jugadores importantes tanto en las entradas como en las salidas y para ello se puso el equipo en manos de Zidane, para que él los hiciera. Se le dieron plenos poderes, él decidía quién sí  y quién no. Nadie pensaba en Vallejo o Reguilón como piezas básicas en la restructuración, y todos sabíamos que tanto Llorente como Ceballos estaban fuera, daban igual los buenos partidos del canterano supliendo a Casemiro en la etapa de Solari o el gran Europeo Sub 21 del utrerano con la Rojita. La idea iba más allá, era más profunda, señalaba a jugadores como Modric o Ramos por su edad, o a Marcelo, Varane, Kroos, Bale, Nacho o Isco por su pobre rendimiento. Pero no, todo lo contrario, lo primero que hizo Zidane al coger las riendas en esos indescriptibles once partidos de la temporada pasada fue desandar lo andado, fundamentalmente, deshacer el trabajo de Solari.

Para sorpresa de muchos,  Zizou recuperó a los suyos, a su guardia pretoriana, de nuevo los de siempre. Marcelo al lateral, Isco, que estaba apartado por indisciplina, al medio campo junto a Casemiro, Kroos y Modric, daba igual la desastrosa temporada de cualquiera de ellos o cuál hubiera sido su comportamiento. Solo los chavales, Bale y los señalados Ceballos y Llorente se veían claramente fuera. El resultado del experimento en esos once encuentros fue un desastre, aunque al menos sirvió para ver distinguir con más claridad quiénes sí y quiénes no debían seguir, salvo, por lo visto, para Zidane. Fueron once partidos en los que el francés con sus decisiones hipotecó mucha de su intacta credibilidad.  Sorprendentemente, los aficionados vieron un salto al pasado y no al futuro hasta el punto que los pocos brotes verdes que habían surgido con Solari , sobre todo dos chicos jóvenes como Reguilón y Vinicius, fueron directos al banquillo o la grada.

La temporada terminó mal, con Zidane pidiendo que se acabase  lo antes posible, incapaz de reordenar aquello, de darle forma. Todo el mundo pensó que esos once partidos y su intento de recuperar a Marcelo, a Modric, a Kroos, a Isco,  a los suyos,  era el canto del cisne de un equipo al que en verano se le iba a dar la vuelta. En su rueda de prensa de presentación, Zizou había hablado con firmeza de cambios, de ideas nuevas, de tener claro el problema y cómo atajarlo, tenía clara la enfermedad y la cura, no había duda, el Madrid iniciaba su proyecto para la temporada 2019/20 con las ideas claras y Zizou con el bastón de mando.

Pero el verano ha sido desolador, esa época donde Florentino reinaba, terminó. Las salidas y entradas no ilusionan a nadie, Zidane le ha enseñado la puerta a todos los chicos, Llorente, Ceballos, Reguilón, Vallejo, Odegaard, Borja, todos fuera. Hermoso, internacional con la Roja, vendido al Atleti. Nadie ha subido del Castilla y las caras nuevas, esos que se esperaban iban a ser los artífices del cambio, los cimientos del nuevo Madrid de Zidane, son tres perfectos desconocidos como Militao, Jovic y Mendy, que en el segundo partido de Liga aun están por aparecer. Solo Hazard genera ilusión. Bale y James, dos repudiados por el entrenador, dos jugadores a los que ha dejado claro que no quiere, apartándolos hasta en los entrenamientos, fueron titulares el sábado ante el Valladolid. De nuevo son protagonistas los Kroos, Modric, Marcelo o Isco, los más señalados por su poco rendimiento o por su falta de compromiso junto a Bale y James. Ver para creer.

¿Dónde están los cambios? ¿Y la revolución? ¿Qué quedó de aquel «vamos a cambiar cosas»?

Del equipo que jugó ante el Valladolid el sábado, ocho jugadores eran titulares con Ancelotti hace cinco años y faltaba Modric. ¿Dónde está el equipo nuevo? ¿Los grandes fichajes? Cinco meses después de la llegada de Zidane, la base del once titular por no decir el once titular sigue siendo el mismo que se quedó a 17 puntos del Barça en las dos últimas Ligas y solo el fichaje de Hazard no parece suficiente como para dar un cambio tan rotundo a este equipo.

A falta de cinco días para que se termine el plazo de fichajes el panorama es desolador. En los dos primeros partidos de Liga la defensa ha sido la de siempre Carvajal-Varane-Ramos-Marcelo. Solo en Vigo y por sanción de Carvajal jugó Odriozola, y la cosa además no pudo ser más desalentadora por el rendimiento del donostiarra. El centro del campo sigue siendo para Casemiro, Kroos y Modric, con Isco y James como opciones principales. Valverde, el otro comodín, ya sabe cómo se las gasta Zizou con los chavales, por eso ha visitado más la grada que el césped y ha visto como James –que ni participaba de los entrenamientos tácticos– le ha adelantado hasta el punto de ser titular. El ataque es para Hazard, Benzema y el renacido Bale. Zidane, como en  los once infames partidos de la temporada anterior, vuelve otra vez a ponerse en manos de “los suyos”, del  equipo con el que ganó tres Champions seguidas y, de momento, y sobre todo ante el Valladolid, lo que vimos nos fue muy reconocible. Los mismos vicios, los mismos problemas defensivos, la misma desgana a la hora de correr hacia atrás. De nuevo, la misma falta de intensidad, de velocidad, de desborde, de acierto ante el gol y también la misma estrambótica dirección de campo del francés.

El fantasma de los 17 puntos de desventaja ante Barça o Atleti y de las eliminaciones de Copa ante el Leganés están ahí, aunque puede que los optimistas vean la decimocuarta Champions más cerca.

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